Claves para crear una empresa en el sector industrial

Tiene una mayor complejidad que otros sectores, pero también la industria es un buen campo para emprender.

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La industria tiene un efecto multiplicador sobre el resto de la economía, tanto por su contribución al PIB como por ser generadora de empleo.

En el momento en que los efectos de la crisis económico-financiera y del pinchazo de la burbuja inmobiliaria empezaron a notarse, se puso de manifiesto la necesidad de dar un giro de timón. Nuestro modelo de crecimiento siempre se ha basado en lo mismo. En primer lugar, la divisa fácil del turismo, que ha servido para financiar las importaciones. Y luego, la construcción, que lleva consigo un aumento de los ingresos estatales, generación de rentas e incremento del consumo para diferentes sectores.

Caída libre

El peso de la industria ha ido cayendo en España. Es un sector que tiene un efecto multiplicador sobre el resto de la economía, que afecta al PIB y a la creación de empleo. Destaca el efecto tractor de sectores como el de la automoción, metal y alimentación y bebidas. Sin olvidarnos del químico y farmacéutico, el de la electrónica y las TIC o el de la maquinaria, muy relevantes tanto por su contribución presente como por las perspectivas de crecimiento que ofrecen.

Lastres del sector

Pese a la importancia de la industria, hay ciertos lastres de los que a veces es complicado desprenderse.

Un país de pymes. La dimensión media de la empresa industrial española es menor que en la Unión Europea. Esto se traduce en menos economías de escala, mayor dificultad para el acceso al crédito, limitaciones en el inversión en I+D y, sobre todo, problemas para entrar en mercados internacionales.

Históricamente, una de las soluciones que han encontrado las industrias españolas para solventar este problema ha sido agruparse geográficamente para aprovechar sinergias. La concentración de fabricantes de máquina-herramienta en el País Vasco o del sector aeronáutico en Andalucía son dos ejemplos.

Tópicos. Aunque se ha avanzado mucho en este aspecto, las empresas españolas todavía tienen que sacudirse de los tópicos que presentan a España como un destino turístico y para el ocio, que condicionan nuestra exportación. Entre todos tenemos que crear una imagen de que España, que además de ser un país estupendo para vivir, también tiene un alto nivel tecnológico y empresas punteras.

Cualificación profesional. Hay un salto entre personal con una muy buena cualificación y los que no tienen ninguna, así como una falta alarmante de trabajadores para niveles intermedios, como técnicos, jefes de equipo, jefes de taller... En España, o eres ingeniero o no eres nada. Es un problema porque se emplea a gente de altísima cualificación en esos puestos intermedios. Y tarde o temprano estarán desmotivados.

Desequilibrios geográficos. Tradicionalmente, Cataluña y el País Vasco han sido las comunidades más industrializadas de España, mientras que hay zonas en las que la actividad industrial es casi inexistente. Esta concentración repercute en las empresas alejadas de los principales polos industriales. Muchas veces, los fabricantes de maquinaria sólo tienen oficinas de servicio técnico en Barcelona, Bilbao o Madrid.

Competitividad laboral. La reforma laboral ha incrementado la flexibilidad y ha reducido los costes laborales en España, pero nos hemos quedado en tierra de nadie: somos más baratos que la Europa de los Quince, pero más caros que Asia o la Europa del Este.

Por eso, debemos optar por competir en calidad. La competitividad va en dos direcciones: en precio y en calidad. España tiene un componente enfocado hacia la calidad y no al precio. Nuestra competitividad a nivel laboral no es la de países como China o Vietnam, porque la economía de escala es menor.

Vendemos mal. Pese a que la calidad debe ser el argumento principal, aún nos cuesta aprovecharlo.Hay factores de diferenciación en la calidad, los servicios adicionales y el valor añadido, pero no sabemos venderlo. No sabemos transmitir que un precio un poco superior se compensa con la calidad que se ofrece a cambio. No lo trasladamos al mercado para que se pague lo que le pedimos.

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