Brecha digital en las pymes

Cambio cultural en las organizaciones hacia la necesidad de implantar tecnologías, falta de conocimientos especializados y dificultades para acceder a la financiación son las tres barreras que explican el retraso en la digitalización de las empresas españolas.

Apesar de estar en el siglo XXI, la tecnología y las pymes no hacen muy buena pareja. Los diferentes informes, estudios y análisis subrayan una enorme brecha digital entre las grandes compañías y las pymes –más aún cuanto más pequeñas son– en la implantación y uso de tecnologías para la gestión de sus procesos.

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Es cierto que hay una evolución lógica por parte de las empresas a incorporarse al mundo online, pero es un proceso lento y poco eficiente.

En opinión de Alberto Díaz, de Digital Migration Partners (DMP), el retraso se debe “en gran parte, a que la crisis ha obligado a los gestores a mirar a muy corto plazo y, a la velocidad que va la evolución tecnológica, ha generado una especie de jet lag digital que está costando recuperar. Aunque ya se nota cierto empuje”.

Como subraya Rodolfo Puente, de emprendEcommerce, en ese sentido, “en un porcentaje muy elevado la gente sabe lo que quiere, pero no cómo lo quiere: Tengo en la cabeza esta idea, pero ¿cómo la desarrollo? Principalmente, lo que quieren es vender por Internet, quieren e-commerce, generar negocio, abrir nuevas líneas de mercado…”.

Es un error pensar que digitalizar es trasladar lo offline a lo online

Hacia modelos de negocio
Marc Cortés, de RocaSalvatella, puntualiza que en ese proceso de transformación digital hay que diferenciar, por un lado, entre pequeñas y grandes empresas. “Y también entre lo que es tecnificar o poner tecnología dentro de una empresa y lo que es incorporar lo digital para desarrollar su modelo de negocio. En España, muchas empresas han incorporado la tecnología –tener una web o abrir cuenta en Facebook y/o Twitter–, pero no han implantado herramientras y estrategias digitales para desarrollar sus modelos de negocio”.

En muchos casos, ese proceso se ha hecho de forma errónea: se ha trasladado lo offline a lo online. “Esa es la forma natural, porque como yo he hecho las cosas de una forma y me ha funcionado, pues sigo haciéndolo de la misma forma. No obstante, cada vez más las empresas se van dando cuenta de este error, ya que el comportamiento del usuario o cliente, del entorno online es distinto al offline: más rapidez, más competencia, mayor capacidad para comparar precios, tomar decisiones en base a opiniones de terceros, etc.”, argumenta Cortés.

Otro de los errores habituales es que se consideran canales independientes y no lo son, “porque cada vez están más ligados de lo que se piensa. En un alto porcentaje de las compras que se hacen offline se ha buscado información a través del móvil y en otro alto porcentaje de las compras online se han buscado referencias de forma offline. Son canales con una enorme capacidad de prescripción y de retroalimentación”, afirma el director general de RocaSalvatella.

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Avances, pero a paso lento

“La brecha digital entre microempresas y pymes continúa existiendo, aunque tiende a disminuir en tecnologías básicas como el ordenador, el móvil y el acceso a Internet. No obstante, esta brecha es aún relevante en soluciones tecnológicas más avanzadas como la web o el cloud computing”. Esta es una de las conclusiones del informe de Fundetec (www.fundetec.es) sobre la evolución de la penetración de las TIC. Es decir, que mejora para lo básico, pero que aún falta mucho para que las empresas implanten herramientas productivas para sus negocios. Otra de las conclusiones es que el uso de las redes sociales, como canal de comunicación con los clientes, comienza a tener relevancia, aunque “para conseguir un uso eficiente requiere de una alta disponibilidad en tiempo y conocimientos que no todas las empresas poseen”. El informe también subraya que, a pesar de las ventajas de la tecnología cloud computing –su bajo coste y rapidez de despliegue–, “los empresarios aún se muestran reacios a su uso tanto por desconocimiento como por su reticencia a alojar sus datos corporativos en servidores de los que no tienen el control”.

Abrirse o cerrarse puertas depende de ti

Menos del 1% de las pymes está en un nivel digital óptimo, es decir, con una web bien referenciada en Google, con niveles de usabilidad mínimos, con comercio electrónico, accesible desde el móvil y con presencia en redes sociales.

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Esto es lo que sostiene Nacho de Pinedo, del ISDI. En su opinión, si las pymes no se digitalizan, se quedarán encerradas en un mercado interno cada vez más pequeño. “Y si lo hacen, accederán a un amplio mercado, ya que las fronteras en Internet son los idiomas. Y hay un mercado de 400 millones de hispanohablantes que pueden ser clientes”.

Cambiar el chip implica superar una barrera cultural y formativa. “Eso pasa en pequeñas empresas que desconocen qué herramientas hay y qué les puede ayudar a optimizar procesos y a ser más rentables. En las grandes, la falta de conocimiento se suple con inversión. Pero aparece la barrera cultural. Tienen dinero, pero parte de la compañía es reticente a su uso ya que está acostumbrada a trabajar de una forma tradicional. En muchos casos, ese cambio cultural obliga a hacer cambios en sus recursos humanos para incorporar a profesionales digitales”, subraya Javier Echaleku, de Kuombo.

Marc Cortés, de RocaSalvatella, recalca que el cambio cultural es clave: “Cuando trabajamos en un proceso de digitalización, primero nos centramos en que todos los trabajadores de esa organización evolucionen hacia lo digital, porque una empresa sólo asumirá ese proceso en su modelo de negocio si sus empleados son digitales; sino, imposible”.

Brotes verdes
Según Alberto Díaz, de Digital Migration Partners, existe una idea casi generalizada en las empresas “de que lo digital les está afectando, pero no saben cómo, de qué manera y no saben a quién recurrir. No saben lo que quieren, pero sí que algo les está sucediendo, que algo les está afectando y que no pueden quedarse fuera”.

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Rodolfo Puente, de emprendEcommerce, apunta otra barrera: la desconfianza en la tecnología por parte de algunas empresas que fueron engatusadas por compañías tecnológicas para que implantaran costosos desarrollos que no rentabilizaban: “Como en otros mercados, han habido empresas tóxicas de desarrollo tecnológico que han buscado beneficio antes que generar clientes. Ahora hay una preocupación por que el cliente sepa qué se está haciendo, cómo y con qué resultados”.

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