Pistas para emprender en biotecnología

Se trata de un sector todavía embrionario en nuestro país aunque cada vez cobra mayor relevancia como pone de manifiesto su contribución del 7,15% al PIB.

Si en el año 2007 el impacto sobre el conjunto de la economía nacional representaba el 2,9% sobre el Producto Interior Bruto, en cinco años el porcentaje asciende al nada despreciable 7,5%. Los últimos datos, correspondientes a 2014, no se facilitarán hasta la próxima semana en el transcurso de la presentación del informe de la Asociación Española de Bioempresas (ASEBIO) donde se recoge la situación y las tendencias del sector nacional de la Biotecnología.

Los expertos distinguen entre la biotecnología blanca (industrial), roja (de la salud), verde (sectores agrícola, ganadero y forestal) y azul (marina y de acuicultura). Así, tiene gran impacto en todos los sectores industriales y económicos. Estas aplicaciones van desde la biotecnología clásica para el desarrollo de fármacos hasta, por ejemplo, la producción de un nuevo material para envasar alimentos. Por tanto, ha de ser entendida como un sector horizontal, que incide en gran variedad de industrias, generando productos de alto valor añadido y repercutiendo en la calidad de vida de las personas y en el medio ambiente.

Isabel García, secretaria general de Asebio, manifestaba a la revista Emprendedores que “la biotecnología está teniendo una rápida evolución en nuestro país. Somos punteros en varias áreas del ámbito de la salud, sobre todo en oncología y neurociencias, además de tener un avanzado pipeline en el área de biotecnología industrial.

Principales barreras

No obstante, y a pesar del crecimiento de los últimos años, todavía estamos ante un segmento económico que tiene que sortear importantes barreras entre las que los expertos destacan:

- Financiación. Esta viene siendo una constante en todos los informes anuales. Las compañías han de recurrir a préstamos personales avalados por los fundadores, préstamos participativos, etc., puesto que el capital riesgo puro y duro aún se muestra esquivo.

-Periodos de rentabilidad largos. Este, además de ser un problema para el sector, supone un revulsivo a la hora de captar la inversión, más en el caso de los productos farmacéuticos que los alimentarios o de diagnóstico. Como reconocían en Asebio, desde que se da con un principio activo y se elabora el producto lo normal es que transcurran diez años a lo que habrá que sumar otra década para empezar a amortizar la inversión. La ventaja, según las mismas fuentes, es que si tienes paciencia “la rentabilidad es altísima”.

- Hacerse un nombre. Que los posibles inversores y clientes del sector conozcan la empresa y confíen en los productos y servicios ofrecidos es una ardua tarea. Hasta que la compañía se hace un nombre, resulta difícil atraer capital o firmar contratos.

- Baja sensibilidad de la Administración. Esta es otra de las cosas que echan de menos en el sector, cierta complicidad por parte de las Administraciones y no sólo en cuento al respaldo económico sino también en lo referente a trabas legales que, como decía el experto Rafael Camacho se mueve en un “complejo marco regulatorio que se aplica a los productos de origen biotecnológico, sobre todo que en muchas ocasiones retrasa todavía más su puesta en el mercado”.

-Perfiles más emprendedores. Este punto, del que adolecían muchos profesionales del sector más interesados en el aspecto científico e innovador, empieza a quedar atrás gracias al esfuerzo que están haciendo bien por formarse en la gestión empresarial, bien con la contratación directa de expertos. En este sentido, Asebio pondrá en marcha en octubre, en colaboración con el CEU San Pablo, un máster especializado en la gestión de empresas de biotecnología.

Sin embargo, pese a todas las barreras reconocidas, lo cierto es que el de la Biotecnología continúa siendo un sector en movimiento que abre interesantes puertas a los emprendedores como ha sido en caso de firmas tan exitosas como Innofood, Biotools o Neuron Biopharma.

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