Freehouse: La casa de las startups

Se definen como emprendedores que ayudan a emprendedores. Lo hacen en un chalet a las afueras de Oviedo que hace las veces de un espacio de incubación donde los emprendedores practican coworking y coliving.

Puede que si llamas a las 9 de la mañana para hablar con Marina Vidiago, CEO de Freehouse, no te atienda al teléfono. En ese momento estará recogiendo la cocina o limpiando el gallinero, según la tarea doméstica que le haya tocado ese día. Minutos después, alrededor de las 9,15 h, una veintena de emprendedores mantendrán una reunión rápida, lo que ellos llaman stand-up porque la hacen de pie y en inglés, donde cada uno contará, ahora ya en clave emprendedora, lo que lleva entre manos, lo que está en stand-by y cómo están funcionando los procesos concluidos conforme a la metodología Scrum que aplican a sus desarrollos.

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El ikea de las empresas

La idea surgió a raíz de una necesidad que se le presentó a Marina Vidiago en el negocio familiar que regentaba dentro del segmento de turismo rural. Consultó las dudas a Daniel Suárez Sánchez, un emprendedor en serie, también de Oviedo, que le ayudó a resolverlas, pero de donde extrajo la ocurrencia de montar un negocio de ayuda a otros emprendedores. Si necesitas una empresa que no existe, te la montamos nosotros, sería la idea, porque esa misma debilidad que has detectado tú, seguro que la comparten otros. Así es como empezó a fraguarse esta comunidad, bueno o comuna, de emprendedores que se relacionan y se interesan por averiguar qué pueden aportar al del proyecto de al lado

Marina y Daniel se aliaron en el año 2013 para abrir una primera casa de emprendedores en Oviedo. Con el tiempo prefirieron mudarse de un entorno urbano a otro rural y se hicieron con el chalet de Las Mazas, en las cercanías de Oviedo, que es la dirección que figura ahora como sede social de esta empresa constituida como cooperativa y desde donde se ejercen funciones de incubadora. Aquí viven 4 socios de manera permanente, dos perros y tres gallinas. El resto de los inquilinos son nómadas emprendedores que llegan a la casa en busca de ayuda para arrancar un proyecto o desatascarlo. “Aquí hemos estado viviendo nosotros, un andaluz, un valenciano, un madrileño y un chipriota”, bromea Marina Vidiago. La comunidad, sin embargo, la integran un grupo aproximado de 20 personas, que “trabaja cada uno en su cuarto, con lo que esté haciendo”.

Participación

Tras una exhaustiva evaluación, los 6 socios fundadores de Freehouse, deciden el grado de participación en cada proyecto que se les ofrece. Algunos sólo los cocinan y otros los asumen y lo incuban o aceleran, según estadío, y, una vez consolidado y lanzado al mercado producto o servicio, participan con un porcentaje accionarial o equity que suele ser del 10%. Decir también que estas nuevas startups no facturan a través de la cooperativa, sino que suelen constituirse como S.L.

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Hasta ahora, se han centrado en apoyar modelos de negocio B2B, como el Blunder, para gestionar el desconocimiento de nuestros empleados y del que ya se informó en esta web, pero desean también adentrarse en modelos B2C. La media es asumir 3 proyectos al año teniendo en cuenta que Freehouse articula otras 4 vías de ingresos: consultoría para empresas, servicio de manejo e interpretación de datos, desarrollos y diseños.

Buen rollo, ¿hasta dónde?

“No estamos interesados en ser inversores, ni queremos vivir del equity, lo que nos gusta es lanzar proyectos que funcionen y pasar a otra cosa”, dice Vidiago, quien asegura que descartan proyectos de negocio y equipos que no les parecen interesantes. Una vez acordada la alianza, se deja todo bien atado y escriturado. “No se trata de que vengan aquí para que nosotros les saquemos las cosas adelante, se establecen los términos de un acuerdo y se firman. Por ejemplo, una de nuestras exigencias es que al menos uno de los integrantes de cada equipo trabaje full-time en el proyecto. No se puede pautar todo, pero sí que hablamos las cosas de manera transparente desde que se inicia una relación. Aquí es, si tú tiras yo tiro, porque este proyecto va a ser para ti”.

La rutina

De las gallinas aprovechan los huevos para el propio consumo, pero disponen también de un huerto del que obtienen lechugas, calabazas, acelgas y “tomates que están riquísimos”. El cuidado de la huerta es colaborativo, pero establecen también turnos para hacer la comida, valiéndose de la aplicación Trello, basada en el sistema Kaban para la gestión de tareas. Aún así, asignan un día al mes a realizar una limpieza profunda y revisión del estado de la casa. Es lo que llaman el Día de la Unión, que suele caer en viernes y lo dedican a reparar daños, ordenar los armarios o cortar el césped. “Es como una sestaferia”, dice Marina, quien lo explica como una práctica tradicional que hacían las comunidades para reparar los caminos, fuentes, abrevaderos y otras zonas comunales para estar todos en igualdad de condiciones y que forma parte del derecho consuetudinario asturiano.

Para dinamizar la economía y el emprendimiento local, organizan también hackathon de programadores, jornadas de startup weekend o actividades similares. El límite de la jornada laboral se lo marca cada uno conforme a sus avances. “Estamos intentando trabajar menos para ser más productivos”, concluye Marina.

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