Los inversores también se equivocan. ¿Sabes en qué?

El experto Javier Megías reconoce que son muchos los errores que se siguen cometiendo en esta parte del ecosistema emprendedor.

Cuenta Javier Megías que cuando fundó, junto a su socio Nacho Ormeño, startupxplore lo que se proponían era ayudar a los inversores a mitigar el riesgo de sus operaciones y combatir la opacidad del sector. “Yo siempre digo que esto se parecía a una discoteca con las luces apagadas en la que pasaban cosas muy raras”. Ahora ya parece que son más luces que sombras las que envuelven a la figura del inversor. No solo es un colectivo que de 2016 a 2017 creció en España más de un 41% , sino también que, por primera vez en la historia y aunque sea con una diferencia simbólica, han adelantado a los inversores extranjeros en nuestro país. “El año 2016 lo cerramos con algo más de 600 millones invertidos en España mientras que 2017 se cerró con 845 millones. Esto es una buena noticia porque eso, aquí, es una barbaridad”, afirma.

Startupxplore es una buena plataforma para tomar la medida al sector teniendo en cuenta que reúne a más de 8.000 inversores de todo el mundo y que estudian de forma sistemática cientos de startups al año. Ahora son 19 las que tienen participadas, pero afirma Javier Megías que reciben una media de 4-5 diarias. En cuanto al tipo de inversor los tienen de todo tipo. “Nosotros nos propusimos democratizar esto de la inversión y ayudar a este colectivo porque pensamos que es una forma de ayudar al ecosistema. Si logras que los inversores lo hagan bien, lo que vas a conseguir a medio y largo plazo es activar a un montón de inversores que operan con cabeza, de forma competitiva y recurrente”. De aquí que el principal requisito que exigen a los inversores que desean integrarse en la comunidad es una inversión mínima de 1.000 euros, aunque el ticket medio lo tengan en 8.000-9.000€.

En cuanto a las startups, es el equipo de startupxplore, con el respaldo de inversores de la talla de François Derbaix (Indexa Capital), Yago Arbeloa (AIEI), Cabiedes & Partners o Vincent Rosso (BlaBlaCar), los que se encargan del filtrado. En una primera fase se realiza una especie de chequeo apoyándose en métricas y criterios objetivos y, ya en una segunda fase, se plantean una cuestión de carácter mucho más subjetivo, pero igual de eficiente que consiste en responder a la pregunta: ¿dejarías que tu padre metiese 5.000€ en esta compañía?

Los principales errores

Pese a todas las precauciones, reconoce Javier Megías que los errores que se cometen, tanto por los novatos como por los expertos, son numerosos. La razón es sencilla. “El secreto es que no hay secreto ni recetas mágicas. Esto va de hacer las cosas con sentido común y ser muy disciplinado. Al final yo soy una autoridad diciendo dos cosas: emprender a veces es un asco y emprende solo si de verdad necesitas hacerlo porque tu barriga te obliga a ello, no lo hagas por moda”. Esta sería la lección correspondiente a las startups, pero ¿qué pasa con los inversores?

-No son ni tan listos ni tan poderosos. “Todo el mundo asume que los inversores son personas poderosas, inteligentes y tal cuando la realidad es que cuanto empiezan, como en todo, no tienen ni idea. Ahora en España hay una capacidad inversora brutal. Valga el ejemplo de que a nosotros nos entran cerca de 700 inversores nuevos al mes, pero muchos de ellos son nuevos en este mundo. Ven una startup que les parece la bomba e invierten una barbaridad. Luego resulta que no funciona y todo les parece una porquería y una tomadura de pelo cuanto lo que sucede es que no saben distinguir una compañía buena de una mala y que olvidan el índice de fracaso. Aunque hagas 10 inversiones en otras tantas compañías geniales, pueden luego intervenir multitud de factores de competencia, mercado, regulación…ajenos a la empresa que den al traste con ese proyecto. Hay una parte de suerte y otra de habilidad”.

-Invertir mucho en lugar de invertir bien. Tacha Javier Megías de perverso el sistema de inversión en España dado que prima el porcentaje que se recibe por la cantidad aportada más que por la calidad de la empresa. Esto empuja a los inversores a arrancar cuantas más empresas mejor y a exigir un retorno rápido sin importarles mucho lo bien o mal que van a funcionar. “Nosotros decidimos dar la vuelta al modelo, empezar a pensar más como un fondo de capital riesgo en cuanto a nuestros incentivos y poner nuestro propio dinero en todas las operaciones que lanzásemos. Fue curioso porque nuestra métrica interna dejó de ser si transaccionábamos mucho dinero, sino ver si las inversiones eran rentables. Todo esto te lleva a una conclusión muy interesante y es que esto no va de invertir mucho, va de invertir bien”.

-Poca diversidad en el portfolio. Los buenos inversores entienden que debes tener dentro de tu portfolio inversiones diversas y graduales en cuanto al riesgo y con más o menos correlación con el mercado. “Parece que no todos hacen esta reflexión”.

-Sesgos cognitivos. Como todo el mundo, también los inversores, incluso los más bragados, padecen de pálpitos o impresiones que pueden conducirles a tomar una decisión errónea, por eso hay que evitarlos al máximo. Javier Megías lo explica así: “Sabes qué pasa, que a los seres humanos nos resulta más cómodo y nos encanta reconocer patrones en cosas que no los tienen. Esto siempre es peligroso, pero en el caso de un inversor tiene un coste. ¿Por qué se invierte tan poco en mujeres habiendo cantidad de estudios diciendo que la media de las startups que encabezan las mujeres tienen mejor retorno? Porque reconocemos menos el patrón de la mujer emprendedora de éxito que el del hombre. Lo mismo pasa cuando dices, mira, esto se parece a Wallapop y cómo ha triunfado, vas e inviertes en algo similar”. Reconoce, no obstante, que ese sesgo también les afectó a ellos en referencia a la cantidad de marketplaces y apps en las que llegaron a invertir. “También esto lo hemos aprendido a base de tortas, como todos los inversores. Ahora pienso que hay que invertir más en tecnología que es lo que de verdad cambia un país y, ya como inversor, donde se gana dinero”.

-Miedo a perdérselo. Es lo que en la jerga inglesa y en el universo de las criptomonedas se conoce como FOMO (Fear of missing out) que no es otra cosa que el miedo a dejar pasar una buena oportunidad. Es una forma de pensar que acaba presionando la toma de una decisión, un miedo a quedarse fuera y un juego que muchos desempeñan con habilidad. “Hay verdaderos expertos en hacer correr rumores del tipo ¿sabes que fulanito va a invertir en…? o Yo la ronda la cierro en 15 días. Por desgracia es algo que funciona bien. Hay que tener la cabeza muy fría para no dejarse arrastrar y pensar, bueno si no me engancho a esta, ya llegará otra oportunidad”.

-Pasivos o microcontroladores: Diferencia aquí Javier Megías entre esos inversores que se desentienden de todo porque lo único que les preocupa de esa startup o el equipo es el retorno y los, todavía peor en su opinión, microcontroladores. “Un inversor debe tener claro que si invierte en una empresa es porque cree en esa idea y en ese equipo para sacarla adelante. Lo que no puedes es decirles lo que tienen que hacer. La opinión hay que darla cuando te la piden”.

¿Temen los inversores a las ICO?

Preguntamos a Javier Megías si temen los inversores a esa nueva moda de financiación que eligen cada vez más startups para ´levantar’ dinero rápido, las ICOs (Initial Coin Offering), que algunos comparan con el crowdfunding, pero utilizando el blockchain y las criptomonedas.

“Todavía hay una cierta cultura del pelotazo en España y muchos se están apuntando a esto como si fuese la fiebre del oro y olvidan que los que se hicieron ricos fueron los que vendieron las palas. Cierto que está habiendo una tracción tremenda bajo los cantos de que con esto se pueden levantar millones muy deprisa, pero no se cuenta que de cada 80, solo uno lo consigue. La gente no tienen visibilidad real del ratio de éxito. Es dificilísimo y tienes que trabajar mucho.

Como startupxplore jamás invertiría en una ICO porque faltan datos y evidencia, a nivel personal igual sí porque mientras que el retorno de inversión en una operación normal en una startup oscila entre los 5-7-10 años, aquí parece que es mucho más rápido y eso es algo que resulta bello a cualquier inversor. Esa es la parte que admiro. Claro que invertir en un proyecto basándose solo en un documento que dice lo bien que lo vas a hacer los próximos 5 años sabiendo que más del 90% no lo consiguen, me parece un poco arriesgado y que aporta poco valor al ecosistema. El problema es que se ha convertido en una parte especulatoria. Hay muchos inversores que no lo hacen porque crean en la compañía, sino porque esperan que en este mercado secundario se produzca esa revalorización muy activa. Seguramente eso se parece más, desde mi punto de vista, a invertir en divisa que a invertir en empresas”.

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