7 emprendedores explican cómo consiguieron dinero para su empresa

¿Quién te da, ahora, dinero para emprender y qué vas a encontrar en el mercado? Te lo cuentan 7 emprendedores que han buscado apoyo, para que tomes buena nota de las principales herramientas de financiación.

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Pop The Wine. Un crédito personal sin avales para una vinoteca y club de vinos

El fundador de esta vinoteca y club de vinos de Pamplona vio su oportunidad al darse cuenta de que en la zona había muchas bodegas pequeñas, 
con vinos con muy buena relación calidad-precio, que no tenían visibilidad. Cada vez hay más gente que busca vinos que no sea el típico que consumen sus padres; había un nicho que podíamos cubrir”, explica su fundador Alberto Dito. 
Un proyecto tradicional que ha recibido el apoyo de la banca a pesar de que no disponía de avales. “Pedimos 36.000 euros en un crédito ICO y no nos dieron la cantidad que pedíamos. Al final solicitamos un crédito personal. Era una línea que tenía la propia caja, la Kutxa, para proyectos nuevos de emprendedores, hasta cierta cantidad. Antes habíamos ido a pedir dinero a todos los bancos de Pamplona y sólo había dos cajas, Laboral Kutxa y Caja Rural de Navarra, que tenían unas líneas en las que no pedían avales aunque sí tenían marcados los límites
de cuánto prestaban”, comenta Dito. “El tema del aval ha sido lo más complicado, porque todos los bancos los pedían, menos las dos cajas. Y yo no podía poner aval porque no tengo un piso en propiedad”. Además de la inversión para género, han solicitado una línea de crédito para cubrir los desfases de cobro y pagos de los clientes.

 “La línea de crédito la solicitamos para paliar problemas puntuales de tesorería. Por ejemplo, ahora que nos hemos metido en distribución, trabajamos con empresas y negocios de hostelería, y con esos clientes cobras a 30 o 60 días. Te viene bien para hacer frente a los pagos cuando todavía no has recibido todo el dinero”, comenta el fundador de la vinoteca.

La clave

“Yo no pedí un crédito ni para reformar el local ni para nada similar. Lo quería para género. Porque todo lo demás lo hemos asumido de forma personal. Necesitaba la web para el producto. Que, al final, si te va mal, por lo menos lo has invertido en género que luego puedes devolver o vender. Si te lo gastas en mobiliario o reforma, no lo puedes recuperar. Los bancos lo que buscan es que si las cosas van mal, ellos puedan recuperar el balance y no quedarse descolgados con créditos que son impagables. O que no se pueden recuperar”, explica Alberto Dito.

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Persei Vivarium. SGR y banca para una plataforma de información de patologías clínicas

Un proyecto del entorno de la salud digital parece más apropiado que vaya a una aceleradora, business angels y todo el ecosistema de startups. Pero el músculo para empezar en este caso se lo ha dado Avalmadrid y la banca. Claro que después ha llegado todo lo demás: inversores privados y líneas de la UE.

“Cuando empezamos con el proyecto, en primera instancia lo que hicimos fue pedir ayuda a las entidades bancarias con las que ya habíamos trabajado en otro proyecto anterior. Y 
la verdad es que los bancos, en general, siempre nos han tratado bien, pero cuando tienen que financiar proyectos que no tienen un histórico, les cuesta. Necesitan apoyarse en avales. Hace un año necesitábamos 200.000 euros y el banco, como era un proyecto nuevo, nos propuso financiar la mitad, 100.000 euros y la otra parte nos la concedían a través de una Sociedad de Garantía Recíproca, en este caso Avalmadrid”, explica Roberto Bravo, CEO y fundador de Persei Vivarium.

La clave

Hablamos de una “tecnología muy innovadora, con un
70% de clientes a nivel internacional, un equipo con experiencia en el
campo del Digital Health
y un área de ciencia que
nos permite ir más allá de 
los procesos de innovación continua y pensar en escenarios frontera lejanos en el tiempo”, explican sus fundadores. Un proyecto
 muy financiable, pero antes de ir a subvenciones y
 capital riesgo necesitaban un mínimo desarrollo de producto. Y dinero rápido que sólo ofrecía la banca.

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Goi Travel. ‘Business angels’ y una línea de Enisa para una firma de economía

Este negocio nació hace un año y es fruto de la morriña de su fundadora hacia los productos de su tierra natal: Galicia. “Entonces vivía en Barcelona y echaba de menos los alimentos de mi tierra. Me daba cuenta de que las empresas de paquetería son carísimas y que la forma de tratar el producto no era la adecuada. Llegaban tarde y en malas condiciones o casi caducados. Al final, la mejor forma de recibir estas cosas es que te las lleve un familiar o un amigo. Y creé Goi Travel desarrollando esa idea: que una red, tanto de particulares y como de profesionales, puedan transportar artículos urgentes o de cualquier tipo en los espacios que tienen libres cuando viajan de un sitio a otro. Había un problema y yo veía la solución”, explica Yaiza Canosa, CEO y fundadora de la empresa.
 Una idea que empezó a funcionar con el único apoyo del dinero propio y que a los 
ocho meses ya había conseguido inversión de business angels. Justo al terminar un producto mínimo viable. “Ha sido todo muy rápido. El proyecto sólo tiene un año. Cuando entraron los business angels, empezamos a crecer, pero necesitábamos más para seguir haciéndolo. Y teníamos dos alternativas: más business angels o un préstamo de Enisa. Al final decidimos que el mejor socio era Enisa, para no diluirnos y seguir creciendo sin renunciar a nuestro porcentaje del negocio. Además, las condiciones que te da Enisa son absolutamente excepcionales. Tanto por el interés como por lo demás, lo convierte en el mejor socio posible”, apunta Yaiza Canosa.

La clave

“No ha sido fácil conseguir financiación porque la economía colaborativa da mucho miedo todavía. Es un tipo de negocio complicado a nivel legislativo y conceptual. A los inversores les da miedo meter dinero ahí, pero el ciudadano lo está pidiendo a gritos. Son conceptos que funcionan muy bien en la sociedad actual”, comenta Canosa.

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Waynabox. Aceleradoras, financiación pública y subvenciones para un concepto de fines de semana sorpresa

Esta es una empresa que nace de la necesidad de los promotores de viajar de una forma espontánea y divertida y que ha recibido apoyo de Lanzadera, Enisa, Empredetur y del Programa Horizonte 2020. En total, nada menos que dos millones de euros entre financiación y subvenciones públicas. Pau Sendra i Moreno, CEO y uno de los fundadores, resume así lo que ha significado el respaldo de cada una de estas líneas: “Empezamos con lo que teníamos ahorrado y tuvimos la suerte de contar con el apoyo de Lanzadera, que no nos dio dinero, pero fue determinante para sacar el proyecto adelante. Entramos con un Power Point y salimos con clientes y empleados”. El proyecto ha salido adelante sin el apoyo de bancos, salvo en la última ronda que ha entrado la Fundación Bankinter. “En la parte privada tenemos business angels y fondos de capital riesgo. Pero han entrado ya cuando el proyecto tiene unos números. Llevamos dos años y medio y tenemos 20.000 viajeros. Los fondos de capital riesgo buscan proyectos que no estén en la fase de idea. Y ahora estamos creciendo e internacionalizando”.

La clave

Es una idea original y con vocación internacional desde el principio. Eso ha sido determinante para conseguir capital. Su CEO nos explica cómo funciona: “El viajero entra en Waynabox, selecciona el fin de semana que quiere viajar, tiene 12 destinos por 150 euros y no sabe adónde va a viajar hasta dos días antes. Vuelo 
y dos noches de hotel por 150 euros.
 A París, Londres, Amsterdam, Berlín, Dublín... Es un concepto experiencial pero no son cajitas de experiencias; todo el proceso es online. Es una idea propia. Ahora están empezando a salir copias. Pero nosotros ya estamos creciendo. Hemos empezado a trabajar en Francia, hemos abierto oficina en Portugal y estamos ampliando ciudades en España.

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Ekuore. Incubadoras y ‘business angels’ para fonendoscopios inalámbricos

Esta es una empresa con mucho I+D (desarrollos de dispositivos médicos que se conectan al móvil) que ha conseguido salir adelante poco a poco y que ya ha recibido 600.000 euros de financiación, de incubadoras y business angels. Y ahora están a punto de lograr apoyo de la UE a través de la línea Instrumento Pyme. “Los socios somos ingenieros electrónicos. Desarrollamos muchas pequeñas cosas. Todo low cost. Sin muchos recursos. Y hemos puesto en el mercado dos fonendoscopios inalámbricos que básicamente siguen esa línea. El fonendoscopio hace la auscultación y lo envía a una aplicación del teléfono. Son proyectos que requieren año y pico de desarrollo mínimo”, explica Rubén López, director general y CEO de la empresa. Empezaron como spin off de la Universidad de Málaga, con un apoyo de 3.000 euros y una oficina en el Parque Tecnológico de Málaga: “Con ese dinero constituimos la empresa y empezamos a desarrollar producto”. Después vino Proyecto Minerva –una aceleradora de Vodafone y la Junta de Andalucía–, Lanzadera y un business angels de Valencia.

La clave

“Un proyecto como el nuestro es imposible llevarlo adelante sin inversión. No se puede. La clave para salir adelante es no pensar en hacer grandes tiradas desde el primer día. No hace falta perfeccionar el producto hasta sus últimas consecuencias. Mi consejo es que hagan muchos prototipos, que validen con los clientes, que son los que verdaderamente entienden qué es lo que quieren y que no fabriquen grandes tiradas. Si vas a probar con un cliente el prototipo y no te da vergüenza es que lo llevas demasiado tarde. Siempre hay que probar lo antes posible”, recomienda Rubén López.

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Singularu. Incubadoras, aceleradoras, inversores privados y banca

¿Un negocio tradicional seleccionado por las aceleradoras más importantes de este país? Singularu pasó de ser una idea a una empresa en Deminum, luego entró en Conector, más tarde en SeedRocket y finalmente en Lanzadera. En todo ese recorrido ha cerrado dos rondas de inversión por un total de 400.000 euros y ahora está negociando la tercera para afrontar su internacionalización. Pero uno de los apoyos fundamentales para el negocio, la adquisición por leasing de la máquina que les permite personalizar sus joyas, se lo dio la banca: Banco Sabadell.
 El respaldo de un ecosistema más propio de las startups que de un comercio de algo tan inmovilista como el de las joyas explica cómo entienden la innovación los inversores profesionales. “Somos una startup y nuestro modelo es de startup. A pesar de que en apariencia somos tradicionales. Nos metimos en un sector muy tradicional, como el de la joyería, en un momento muy complicado porque con la crisis el 40% de las joyerías han cerrado. Entramos con un modelo diferente y una forma de producir diferente. Nuestros modelos se fundamentan en el análisis de datos. Analizamos qué es la tendencia del momento y es lo que producimos y vendemos. Es decir, no intentamos darle al mercado 
lo que creemos que le va a gustar, sino que preguntamos al mercado qué le gusta y se 
lo damos. Es un proceso que parece muy simple, pero que requiere una estructura compleja”, comenta Paco Tormo, CEO de la empresa. “Además, utilizamos una máquina de corte láser para personalizar los diseños. Uno de los productos que más vendemos es el personalizado y para eso necesitábamos un láser. Muchas veces para utilizar la tecnología, para hacer que los procesos sean más rápidos, más eficientes y más baratos, hay que aplicar maneras de pensar y maneras de proceder distintas a las que se han usado tradicionalmente”, añade Tormo.

Diseño bajo demanda del mercado, pero también piezas personalizadas y todo a un tique medio por debajo de lo que habitualmente pide 
el mercado. “Es un modelo que ya ha demostrado que funciona y que aspira a ser 
el Hawkers de las joyas. Una vez que vemos que el modelo de joya fashion a precio asequible funciona, tenemos que automatizar los procesos para escalar el modelo. Que básicamente abrir un nuevo país sea relativamente sencillo y barato. Aplicar un modelo que ya está definido cuya única dificultad es la logística. Porque nuestro modelo mueve producto y ése es un desafío importante para la internacionalización”, comenta.

La clave

“Yo lo que veo es que cuando hay un potencial, los inversores apuestan por él. Pero luego cada proyecto tiene sus particularidades. En nuestro caso, al ser un negocio tradicional, la clave es empezar a tener números. No somos un proyecto fintech. Para conseguir algo debemos demostrar que antes ya hemos conseguido algo. En otros proyectos, cuando no puede haber números, primará más el equipo, su solvencia y su compromiso con el proyecto”, asegura su CEO. 

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Garage Beer

Los fundadores de esta fábrica de cerveza artesanal, afincada en Barcelona, organizaron una campaña de equity crowdfunding para ampliar 
el negocio creado hace unos años con una inversión de 600.000 euros. Ahora necesitaban otros 400.000 para unas nuevas instalaciones. “Queremos ampliar nuestro programa de maduración en barrica y para ello necesitaremos bastante más espacio. Llegamos a nuestra capacidad máxima de producción en noviembre de 2015, lo que significaba que no podíamos abastecer la demanda. Montamos una campaña de crowdfunding para recaudar fondos para construir una segunda cervecería, ya que actualmente no tenemos más espacio para expandirnos en nuestro local del centro de Barcelona”, explica James Welsh, uno de sus tres socios fundadores.

A pesar de que se trata de un negocio muy financiable por la banca tradicional, ya que pueden ofrecer números reales, prefirieron esta forma de financiación porque querían “involucrar a amigos, familiares y, lo más importante, a los fans de nuestra cerveza”.
 El resultado es que consiguieron más de lo que pedían: un total de 490.190 euros de 225 inversores. Para estos emprendedores, la gran ventaja de esta forma de financiación es que “recaudas dinero a través de personas con las que quieres establecer vínculos a largo plazo”.

La clave

Es un proyecto que ya ha demostrado que funciona en un sector en alza y con una comunidad creada (los amantes de la cerveza artesana). Sin embargo, en esta forma de financiación siempre está la posibilidad de no conseguir nada de dinero (la campaña se anula
si no llegas al 100% del objetivo del crowdfunding). Hay que hacer mucho ruido y, en especial, en las primeras semanas. “Gestionamos la mayor parte de la campaña
a través de blogueros amigos, nuestros canales de social media
y con campañas offline en nuestra sala de degustación situada cerca de Plaza Universitat. Pensamos que tardaríamos en conseguir el objetivo entre seis y ocho semanas, pero gran parte de la inversión se consiguió en dos semanas, y en total la campaña duró solo tres”, explica James Welsh.

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