El emprendedor que llegó a empresario

Rubén García-Quismondo, Socio Director de QUABBALA, Abogados y Economistas, reflexiona sobre la gran pregunta que se hace cualquier persona que pone en marcha un proyecto empresarial.

Hoy me han enviado un vídeo conocido, que en resumen plantea una pregunta que se utiliza en algunas entrevistas de selección de personal.

Vas solo en la carretera, conduciendo, por la noche, en una terrible tormenta, y pasas al lado de una parada de autobús, donde ves a la mujer o el hombre de tu vida, a un amigo, que en una ocasión te salvo la vida y una anciana, que se ve que está enferma y necesita ayuda

Sólo tienes un sitio disponible en tu vehículo

Paras y recoges a la pareja de tu vida, que quizás no vuelvas a tener la oportunidad de ver, le devuelves el favor a tu amigo, o llevas a la anciana enferma que necesita ayuda

El entrevistador pregunta: ¿A quién llevaría?

Pensarlo

Se supone que de los muchos entrevistados, uno responde:

“Pararía el coche, le dejaría las llaves del mismo a su amigo, para que llevara a la anciana enferma a un hospital y me quedaría en la parada del autobús esperando con quien podría ser la pareja de mi vida a que viniera el autobús”

Y el vídeo acaba diciendo, en una reflexión muy larga, que ese tipo de pensamiento, que se sale de “la caja”, disruptivo, es el adecuado, porque es el que permite liderar, cambiar las cosas, ser emprendedor, empresario, etc.

Sin embargo, mi respuesta sería que no estoy de acuerdo y sería la siguiente:

Me parece que la respuesta está realmente bien, es una buena respuesta, y sin duda parece la mejor.

Es buena para aquellos negocios que son novedades, tecnológicas, innovadores, que cambian la oferta, la demanda, los canales de distribución, creando nuevos productos y servicios, nuevas estructuras de precios, reducen de forma importante los costes, y por tanto, son los que se llaman disruptivos.

Es más, la mayoría de las personas que tienen esa visión, que son muy pocas, no son buenos gestores, y no saben encontrar buenos gestores que trabajen con ellos, así que aunque descubran la forma, no sabrán desarrollarla, no sabrán mantenerla; y una vez desarrollada, no tendrán la capacidad de liderar equipos y hacer, por tanto, crecer el negocio; y sólo cuando se convierten en convencionales gestores del día a día, con los años, si además de la gran “idea”, son capaces de dicha transformación, lo que volverá lo nuevo en convencional, tendrán ese éxito que se describía en el ejemplo .

Así, que no estoy de acuerdo con que el éxito sólo se consigue pensando fuera de la caja, aunque algunas veces, diría que las menos, se hace así, pero en la mayoría de las ocasiones no sale bien, la caja no cambia y, es más, en mi opinión la mayoría de los éxitos son mucho más fruto del tesón, constancia, paciencia, dedicación, resistencia a la adversidad, experiencia, y, en general, de pequeñas dosis de todos los anteriores, sabiendo cuando haya quizás que dejarlo porque no saldrá bien, teniendo en cuenta que en la mayoría de las ocasiones esos “supuestos éxitos”, suceden en sectores maduros, convencionales, donde no se rompen reglas, sino que sólo se imponen nuevas medidas de gestión, cambios simples, que se ponen en marcha después de que ese tesón, dedicación, paciencia, haya permitido muchos errores y algún acierto, en el que, o en los que se persistirá.

Además, me atrevería a decir, que es frecuente que en los sectores maduros, que no suponen una gran innovación y que son el 80% de los negocios, ese momento llega cuando ya estás o comienzas a tener dudas, te encuentras agotado financiera, psicológica y moralmente, y, de repente, aparece la luz, que no es cegadora, sino que se va delimitando poco a poco, es muy tenue, pero da tanta esperanza que se sigue.

El problema en esos casos, que creo suelen ser la mayoría, consiste en saber cuándo determinar si dicha luz es real y no fruto del deseo de verla, así que hay que aprender a ser objetivo, poner en marcha mecanismos objetivos de medición para distinguir si lo que ves es la luz o el deseo de verla. Y cuando por fin (mi experiencia) ves la luz, ésta se vuelve intermitente, hasta que logras con más dosis de tesón, dedicación, esfuerzo,resistencia, convertirla en una luz continua, en que el negocio se estabiliza y comienza a dar sus frutos de manera recurrente, y entonces comprendes que tu dedicación, tesón, esfuerzo, no había sido más que el comienzo, y que deberás seguir así mientras líderes el negocio, durante años, décadas, toda la vida, porque te lo exigirá el mismo, de forma continua por todos los cambios, retos, que vivirás durante todos esos años y décadas.

Las cosas son a veces mucho más simples de que lo que parecen.

Así que la pregunta es:

Te merece la pena ser uno de esos empresarios que se sacrifican de tal forma, durante tanto tiempo, con tanta dedicación y esfuerzo, que aprenden a levantarse como norma, que no se rinden, que afrontan los problemas como retos y, aún así, los gestionan como parte de su tarea.

Entonces sí, ya te puedes llamar empresario, que quizás fue el emprendedor, el que comenzó, pero en muchas ocasiones, no lo es, ya que como dije, el emprendedor no tenía la madera para ser un empresario que crea riqueza de forma continua; porque no sabe, después de los años vivir de otra manera, lo que le ha convertido en un simple empresario.

¿Serás feliz con una vida así?

La respuesta, otra vez, en el 90% de los casos, es que no.

Además, se puede aprender a ser primero emprendedor y luego ser empresario, es así, aunque haya quien no se lo enseñaron, a la mayoría se lo enseñaron, y hay personas que son capaces de enseñar a ser, no sólo emprendedor, que no sólo ya es ser disruptor, emprendedor, que es casi lo más sencillo, sino ser empresario, que es algo mucho más cotidiano y menos glamuroso, porque tienen esa capacidad de liderazgo que permite no sólo haberlo hecho, sino legarlo, trasmitirlo a otros, y tienen tanta autoconfianza, que aunque creen el mejor alumno, que será quien les desbancará, lo hacen porque lo quieren ver de nuevo, lo quieren trasmitir, ya que cada vez que lo hicieron, y la mayoría de los empresarios, con varios proyectos en su vida lo repiten, sea iniciando nuevos negocios, nuevas sucursales, oficinas, ampliación de fábricas, nuevas tiendas, y sintieron esa soledad inexplicable que se siente, y que no es agradable, lo contrario, es dura, pero aprendes a gestionarlo y con el tiempo comprendes que no es nada excepcional, que se ha repetido, en cada época, en cada siglo.

Así que quizás hay que pensarse ser empresario, pero si tienes el gusanillo, y quienes lo tienen lo saben, quieren hacerlo, o simplemente quieras salir adelante de tu situación de desempleo, de frustración, debes seguir adelante con tu vida y proyectos, si puedes, por favor hazlo, dedica ese tesón, esfuerzo, y se empresario, porque cada generación necesita sus aburridos empresarios, como sus artistas, científicos, docentes, investigadores, militares, policías, ebanistas, mecánicos, funcionarios, y otros tantos perfiles humanos.

Gracias a todos los empresarios: que un día fueron emprendedores, cuando no se llamaba así, o sólo quisieron y salieron adelante, o sólo dieron continuidad a una empresa familiar.