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John Belalcázar

CEO y fundador de Impulsa CFO

Las pymes venden más, pero tienen menos caja: el efecto invisible de la guerra

La guerra ha dejado de ser un factor lejano para convertirse en una variable más dentro de la gestión diaria de las pymes, con impacto directo en sus costes, sus plazos y, sobre todo, en su liquidez

Las pymes venden más, pero tienen menos caja: el efecto invisible de la guerra

Durante los últimos años, el impacto de la guerra, especialmente en Europa, se ha analizado desde una perspectiva macroeconómica: inflación, energía, tipos de interés o comercio global.

Sin embargo, su efecto más relevante no siempre aparece en esos indicadores, sino en un nivel mucho más cercano: la tesorería de las pequeñas y medianas empresas.

Desajuste: ingresos / caja

En España, muchas pymes siguen facturando, mantienen actividad e incluso crecen, pero hay otras que, al mismo tiempo, pese a ese dinamismo, operan con una liquidez más ajustada.

Esta aparente contradicción tiene una explicación clara: el desajuste entre ingresos y caja se ha intensificado.

La guerra ha tensionado los costes de forma sostenida, materias primas más caras, energía volátil y un encarecimiento general de los proveedores han alterado la estructura financiera de muchas empresas.

A esto se suma un elemento menos visible, pero igual de relevante: la inestabilidad en las cadenas de suministro, que obliga a adelantar pagos o asumir mayores niveles de stock para garantizar la operativa. 

Plazos de cobro

A este fenómeno se añade otro factor estructural del mercado español: los plazos de cobro.

En muchos sectores siguen situándose por encima de los 80 días y esto significa que las empresas están financiando su propia actividad y, en muchos casos, la de sus clientes durante periodos cada vez más largos; esto conlleva a que tenga un impacto no homogéneo.

Sectores intensivos en costes operativos y mano de obra, como la industria, la construcción o determinados servicios técnicos, están acusando con mayor intensidad este desajuste, ya que son negocios donde los costes son inmediatos, pero los ingresos se materializan con retraso.

En cambio, aquellas empresas con mayor capacidad de fijación de precios, modelos más digitalizados o estructuras de costes más flexibles están resistiendo mejor; no tanto porque el contexto les afecte menos, sino porque tienen más margen para adaptarse.

La financiación

Pero hay un elemento que está amplificando este escenario: la financiación.

El endurecimiento de las condiciones financieras ha cambiado por completo el acceso al crédito para las pymes, no solo se ha encarecido el coste del dinero, sino que también se han vuelto más exigentes los criterios de concesión.

Esto tiene un efecto directo: lo que antes se resolvía con una póliza o una línea de crédito, hoy requiere mayor planificación.

En la práctica, muchas empresas se encuentran en una situación compleja: necesitan financiar su operativa en un contexto más exigente, pero hacerlo es más caro y, en algunos casos, más difícil.

Decisiones financieras

Ante este escenario, se está produciendo un cambio progresivo en la forma en que las pymes toman decisiones financieras.

Cada vez es más habitual ver empresas que priorizan la liquidez frente al crecimiento inmediato, ajustan inversiones, revisan costes y renegocian condiciones con proveedores y clientes y esto no quiere decir que se frena la actividad, sino que se  adapta a la capacidad real de la caja.

También se está extendiendo una mayor disciplina en la planificación financiera, las empresas que mejor están gestionando este contexto trabajan con previsiones de tesorería más frecuentes, identifican con antelación los momentos de mayor tensión y toman decisiones antes de que el problema se materialice.

Este cambio no responde solo a una situación puntual, sino que todo apunta a que estamos ante una transformación más profunda en la gestión financiera de las pymes.

Mayor volatilidad

Durante años, muchas empresas han operado en entornos relativamente estables, donde el acceso a financiación era más sencillo y los costes más previsibles y hoy, ese escenario ha cambiado, porque la volatilidad es mayor, los márgenes son más estrechos y la liquidez se ha convertido en un factor crítico.

En este contexto, la gestión del cash flow deja de ser una función operativa para convertirse en una variable estratégica.

En este contexto, la guerra ha dejado de ser un factor lejano para convertirse en una variable más dentro de la gestión diaria de las pymes, con impacto directo en sus costes, sus plazos y, sobre todo, en su liquidez.

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