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El error como parte del proceso de éxito: ¿Es imprescindible para triunfar?

En colaboración con la Universidad Camilo José Cela, que ha lanzado Startup Challenge, iniciamos ‘Aprendes o emprendes’, una serie de contenidos centrados en definir cuáles son las habilidades, recursos y estrategias que deben tener los futuros emprendedores.

Es común escuchar a emprendedores de éxito contar lo mucho que tuvieron que fracasar antes de triunfar por fin. O frases tan reiteradas como «falla rápido y corrige deprisa». Desde luego, equivocarse te dará la experiencia necesaria para aprender y hacerlo mejor la próxima vez.

Si bien los errores pueden ser un buen maestro –Henry Ford decía que «el fracaso es la oportunidad para volver a intentarlo más inteligentemente»– y casi siempre, algo inherente a la ardua labor del emprendimiento, es importante anticiparse antes de cometerlos y evitarlos en la medida de lo posible. Un error pequeño puede retrasar tu proyecto; uno grande podría arruinarte, llevarte a una depresión o causarte problemas que arrastres durante años.

Lo bueno de todo esto es que la experiencia de los que ya han emprendido –y han tropezado– nos enseña qué es lo que no debemos de hacer o en qué aspectos necesitamos prestar más atención.

Fallos de principiante

Falta de estrategia, intentar abarcar demasiado, comenzar con poco conocimiento, rodearte de personas poco adecuadas… son algunos de los fallos habituales que suelen darse durante los primeros meses de tu proyecto. Saber en qué situaciones te puedes encontrar, es la mejor manera de afrontarlas y así, evitar perderte por el camino. Apunta estos errores para no caer en ellos:

– Andar como ‘pulpo en un garaje’. Sin un plan, una estrategia o un objetivo claro es difícil que un proyecto funcione. Definir tu producto o servicio y a quién quieres dirigirlo o saber dónde quieres estar en cinco años te servirá de hoja de ruta, aunque esto vaya cambiando durante el proceso. Ser demasiado generalista en lugar de especializarte en algo puede dispersar demasiado tus energías y trabajo.

– Creerte ‘todopoderoso’. Intentar ocuparte de todo lo que conlleva una empresa no solo resulta estresante, sino que te desviará de lo que sabes hacer mejor. Aunque sientas que tu proyecto es tu ‘bebé’ y necesita tu dedicación exclusiva, resulta más eficaz centrarte en tu punto fuerte y buscar ayuda o delegar otras funciones a personas competentes.

– Lanzarte sin saber. Aunque exista un talento innato en ti para emprender, debes saber que una parte importante se aprende en escuelas y universidades. Tanto en tu caso, como en las personas que te acompañen, un equipo formado y sólido, con conocimientos y habilidades específicas sobre un tema tendrá sin duda más probabilidades de éxito.

– Elegir al equipo equivocado. Al principio, bien por falta de recursos o por razones sentimentales, elegimos rodearnos de amigos, socios y personas cercanas o con las que tenemos afinidad. Pero, es posible que no estén tan comprometidas como tú, no encajen o no sean las ideales para impulsar el proyecto. Escoger un buen equipo, motivado, cohesionado y alineado con la estrategia, hace la diferencia entre una empresa con éxito y otra sin él.

– Desconocer el terreno. Por mucho que te guste tu producto o creas que es una idea maravillosa, si no tienes en cuenta al mercado, puedes estrellarte fácilmente. Saber qué es lo que quiere el cliente, conocer el sector en el que te vas a mover es importante para que este funcione. Pero, además, no hay que olvidar que el mercado cambia constantemente y tienes que estar preparado para no quedarte obsoleto.

– Falta de previsión. Tener en cuenta los trámites burocráticos –a menudo largos– o los posibles imprevistos que puedan surgir, son importantes para cumplir plazos y evitar retrasos logísticos, por ejemplo. Además, tener un plan B, incluso planes C y D serán de gran ayuda cuando ese cliente te deja colgado, no tiene prisa o no recibes la respuesta que esperabas, por ejemplo.

– Pensar en pequeño. Las creencias limitantes te hacen pensar que no puedes tener éxito y, por tanto, te vendes mal. Tampoco hay que dejarse llevar por sueños poco realistas, pero planificar a dónde quieres llegar, delegar partes del trabajo en otras personas o servicios harán que te centres en lo importante y marques la diferencia.

– Mezclar lo personal con lo profesional. Pese a que los comienzos requieren gran dedicación, es aconsejable separar el trabajo de la vida privada y el descanso. Organizar tus lugares y horarios para el negocio, harán que consigas mejores resultados y también que te quemes con menos facilidad.

Aunque hay muchos otros aspectos técnicos, financieros, de estrategia… evitables y que deberás ir aprendiendo por el camino, prepárate lo mejor que puedas. Quizá en tus memorias quede muy bien contar todas las veces que fracasaste antes de triunfar, pero, en tu día a día, agradecerás que la andadura sea más llana.

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