La reinvención de Aloha, ahora bajo el paraguas de The brain factory

The brain factory es una empresa que se dedica a comercializar programas educativos para niños de 5 a 13 años y que consigue hacer de las matemáticas su asignatura predilecta.

Ricardo Almeida, CEO de The brain factory
Guillermo Jimenez HEARST

La matriz fue Aloha, un programa educativo surgido en Malasia y concebido para reforzar el currículum que se imparte en los colegios. Se trata de un método basado en el uso del ábaco que enseña a los niños a realizar operaciones aritméticas y les ayuda a mejorar en atención, concentración, memoria fotográfica y otras habilidades.

Ricardo Almeida asumió hace diez años la dirección general de Aloha en España desde un grupo empresarial alojado en Palma de Mallorca. La implantación de la enseña en nuestro país fue más que satisfactoria, pero con el paso del tiempo Almeida se dio cuenta de que había niños que quedaban fuera del programa, dado que Aloha se impartía sólo a alumnos de primaria (de 5 a 13 años). Entonces decidieron ampliar la oferta y desarrollar un programa propio que acogiese a los alumnos de infantil. Así nació Kitsume, un programa de estimulación temprana diseñado para niños de entre 3 y 5 años. Con él, los chavales aprenden jugando a partir de una metodología basada en tres dimensiones: matemáticas manipulativas, inteligencia emocional y psicomotricidad.

Luego ampliarían la oferta docente con un tercer programa, Zinking Club, orientado a niños de 9 a 12 años donde, más allá de capacitarlos para el cálculo aritmético, les dota de las habilidades necesarias para el desarrollo personal, más allá de los ciclos de aprendizaje reglado. Aquí enseñan a los niños cómo hablar en público, a la resolución creativa de problemas, cómo negociar, el trabajo en equipo y a ser conscientes de la realidad del mundo en el que viven colaborando con dos ONGs: la del Padre Vicente Ferrer y Agua de Coco.

En total son tres enseñas enfocadas al sector pedagógico que ahora han decidido unificar bajo el paraguas de una sola marca: The brain factory, el nombre con el que quieren abrir academias y con el que aspiran a seguir creciendo bajo la fórmula de la franquicia. “Lo bueno de nuestros programas es que siempre acompañan y cumplimentan el currículo oficial que se aplica en los colegios y lo hacen aprendiendo de manera divertida, sin darse cuenta”, dice Almeida.

No obstante, hay que sumar a The brain factory otro programa desarrollado hace seis años y avalado por la Sociedad Española de Neurología cuya misión es la estimulación cognitiva de las personas mayores, valiéndose también del uso del ábaco como herramienta principal.

El aval de la Sociedad Española de Pedagogía

Todo esto podemos encontrarlo en los centros propios de The brain factory, con contenidos suficientes para acoger alumnos tanto durante la mañana como por la tarde. Pero la otra forma de monetizar es ofrecer el producto, es decir los programas como actividad extraescolar dentro de la red de colegios de la ciudad, con especial aceptación en los centros concertados y privados.

Destaca también el CEO que “hace cinco años hicimos una colaboración con la Sociedad Española de Pedagogía, para mejorar toda la didáctica de las matemáticas y hacerlo de forma inclusiva, por lo que somos la única actividad extraescolar avalada por dicha sociedad".

Por otro lado, Almeida recurre como razón de ser de esta enseña a los resultados del Informe PISA, donde España siempre queda en desventaja. “Si se compara, por ejemplo, con los resultados de Francia o Alemania, que ya no hablo de Singapur o Finlandia, vemos que en todos los ranking estamos por debajo. Observamos que los niños en España pasan más horas en el aula que los de los países vecinos y que el número de alumnos es similar. Por otro lado, vemos que las familias españolas cada vez destinan un presupuesto mayor a la educación de sus hijos, concretamente un 45% más que hace 10 años. El 94% de los alumnos de primaria hace una o más actividades extraescolares y en la ESO el porcentaje es del 78%. Con todo esto, quiero decir que no es un problema de masificación de las aulas y que la mayoría de las familias busca fuera del colegio actividades que permitan vencer el desfase que existe entre educación y aprendizaje. Nosotros aportamos una solución a ese problema y hemos conseguido, entre otras cosas, que la asignatura preferida del 46% de nuestros alumnos sea la de matemáticas, muy por encima de la educación física”.

Con argumentos como estos han conseguido persuadir a más de 500 colegios en España que colaboran con Aloha y superar la cifra de 12.000 alumnos.

10 centros de The brain factory al cierre del 2019

En mayo abrirá las puertas el primer centro docente bajo el nombre de The brain factory en A Coruña, pero tienen ya apalabrado con franquiados aperturas en Bilbao, Vizcaya y Mallorca. La intención es cerrar el año con 10 centros funcionando, 2 o 3 propios y el resto asociados.

Con una inversión media de entre 50.000 y 60.000 euros, incluyendo la licencia y la obra civil, se puede abrir una academia de entre 100 y 150 metros cuadrados, en función de las aulas de las que quieras disponer. El tiempo estimado para recuperar la inversión varía entre 18 y 24 meses. El precio de la licencia es de 7.500 euros y, en cuanto a los royalties, no se cobran hasta el segundo año para paliar los gastos de la inversión inicial.

“Lo que sí tenemos claro es que nosotros buscamos relaciones a largo plazo. Empezamos con esto hace más de diez años y puedo decir que la mayoría de los 42 franquiciados Aloha que hay en España están con nosotros desde el principio”, subraya Almeida.

Aclara también que no es suficiente para franquiciar el mero hecho de disponer de los 50.000 euros. “Vale que esto es un negocio y que funciona, pero la clave del éxito está en aportar ese valor que las familias y los alumnos están demandando. Para ello, son fundamentales las personas que están al frente del negocio y que disfruten con lo que hacen. Creo que pocos negocios tienen un componente de satisfacción personal como el de The brain factory, que te permite ver el impacto de tu trabajo cuando compruebas que los niños avanzan y van contentos a aprender. Esta gratificación personal es algo muy diferencial de otros modelos de negocio”.

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