Ocio y educación infantil: un negocio muy serio

Del encuentro emergieron varias cuestiones clave: innovación, anticiparse al mercado, personalización del servicio y una esmerada selección del asociado. 

Hoy a primera hora de la mañana tuvo lugar el IV Encuentro de los ‘Desayunos Emprendedores’, en la sede central de Hearst Magazines, en Madrid. Centrado en esta ocasión en analizar el sector de ocio y educación infantil, el encuentro sirvió para desvelar las claves y aspectos a tener en cuenta si te quieres integrar en una franquicia de esta naturaleza.

En la mesa redonda contamos con la participación de Javier Barbero, director de Desarrollo de Negocio de KidsBrain; Maribel Martín, directora de Desarrollo y Relaciones Públicas de Kumon; Remedios Iglesias, gerente de Munaky; Antonio J. Muñoz, director técnico de Munaky; Alejandro Vesga, director de la revista Emprendedores; Claudio M. Nóvoa, responsable de Contenidos de Franquicias de Emprendedores y Sandra Castillo, redactora de la revista. A continuación, compartimos contigo los temas más destacados de un encuentro que –recordamos- se celebra con periodicidad mensual.

La innovación no es un juego de niños

Ya en la ronda de presentaciones, asomó alguno de los términos que marcan el ritmo de la actividad. Y la innovación emerge aquí como uno de los aspectos que determinará la rentabilidad y proyección futura del concepto, como subrayaron los franquiciadores asistentes.

Antonio J. Muñoz recordó que ellos vieron la oportunidad de entrar en un mercado donde –a su juicio- el ocio no está suficientemente explotado. “Y lo que hay, es lo mismo de siempre. El ocio infantil necesita ideas nuevas y renovarse continuamente. Nosotros lo hemos hecho con el diseño de unos robots gigantes que permiten a los críos pasear por los centros comerciales”.

Javier Barbero ratificó ese componente vanguardista que debe formar parte del ADN de cualquier franquicia de ocio/educación infantil. “Nosotros empleamos un método de enseñanza basado en un herramienta tradicional como el ábaco, combinado con los últimos recursos tecnológicos, como una plataforma online dirigida al niño”.

¿Ocio educativo o enseñanza divertida?

Una de las dudas que surge con frecuencia es si el ocio y la educación deben ir de la mano en el negocio, como modo de garantizar la rentabilidad. Y la respuesta de los asistentes fue un “sí”, con ciertos matices, según el interlocutor.

Barbero advirtió que el negocio no tiene que ser visto como una mera actividad extraescolar, lo que conlleva impregnar el método educativo con un componente de ocio. “En nuestro caso, el 30% de la actividad corresponde a juegos y programas en esa dirección. Y la idea es incrementar la parte de ocio. Para ello, vamos a lanzar unas academias propias que contendrán unos espacios donde el juego y el aprendizaje de inglés pasarán a ser parte esencial del proyecto”.

Maribel Martín aportó una perspectiva diferente. “Más que como algo lúdico, entendemos el ocio como un proceso a través del cual se motiva al niño para que aprenda de forma autónoma. Se trata, al final, de despertar su interés por el desarrollo de ciertas actividades que le permitirán adquirir conocimientos”.

El niño, no como un cliente

Otra de las cuestiones a debate fue el modo de acercarse al público infantil, elemento crítico en un proyecto de esta naturaleza. Remedios Iglesias subrayó lo importante de no ver al niño como una mera fuente de ingresos. “A partir de aquí, la clave está en individualizar y personalizar el trato con el crío”, añadió Muñoz. “Y esto, a veces, es tan sencillo como preguntarle el nombre para dirigirte a él directamente”.

Los asistentes coincidieron en que esta personalización es fundamental. “Hay que conocer las necesidades del alumno y, a partir de ahí, desplegar un servicio a su medida”, explica Martín. “Pensemos, además, que hoy asistimos a una mayor profesionalización de los padres, en el sentido que están más informados, presentan más inquietudes y saben que necesitan sus hijos. En este escenario, nosotros debemos trabajar para involucrar a esos padres en el proceso, con el fin de que participen en la educación/ocio de los niños”.

Este planteamiento operativo exige, de las centrales, dinamismo a la hora de desplegar su oferta, como expuso Barbero. “Intentamos estar siempre en movimiento, que el asociado perciba que vamos por delante y nos anticipamos al mercado, lo que desemboca en la incorporación de novedades”.

Una selección meditada

El vínculo con el emprendedor nace ya en la selección de los candidatos a franquiciados, un proceso al que los asistentes otorgaron enorme relevancia, consecuencia de operar en un mercado “muy exigente”, como así lo calificaron.

Como primer apunte, se incidió en la empatía que ha de mostrar el asociado hacia los niños y en su vocación educativa. “No sólo es importante el perfil económico, sino que es preciso encontrar a una persona idónea para tratar a los niños, ya que no todo el mundo es válido en este aspecto”, recalcó Muñoz. En una línea similar, los franquiciadores asistentes al desayuno coincidieron en dar más valor al capital humano del candidato que al económico. “Eso sí, no olvidemos que hablamos de una empresa, de ahí que la sostenibilidad económica en el tiempo ha de ser un requisito indispensable”, aclaró Martín.

Muñoz añadió alguna cualidad más a este retrato robot del asociado. “Ha de poseer cierta cultura, pues la cultura va ligada a la educación, clave en el trato con los padres, además de poseer inquietudes y ser constante”.

Un soporte maduro

Y en un mercado como éste, donde parte de su esencia radica en transmitir conocimiento y educación, la llave –señalaron- del éxito es que la central transmita de forma adecuada su know-how, para que el emprendedor lo aplique correctamente en su día a día. “La central tiene que cuidar mucho al asociado, hasta el punto de anticiparse a sus necesidades”, concluyó Barbero.

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