Cómo ser un revolucionario en franquicia

Su historia muestra que seguir el instinto, no tener miedo y ver el mercado desde otra óptica te puede llevar muy lejos. 

Ya desde bien pronto, Alain Afflelou, célebre emprendedor que da nombre a la cadena de ópticas que fundó, mostró su lado más rebelde… con causa. Su historia nos muestra cómo es posible innovar en sectores muy tradicionales, inmovilistas y anémicos en cuanto al desarrollo de novedades. Aquí va una serie de píldoras que te inspirarán y que te harán ver que, en absolutamente cualquier actividad, se puede dar una vuelta de tuerca.

No es mercado para novedades. O eso se pensaba en el sector de las ópticas, allá por los lejanos años 70 del siglo anterior. Fue entonces cuando Afflelou realizó unas prácticas en una pequeña óptica de Burdeos, donde acabó desencantado, pero no tiró la toalla. Decidió, entonces, innovar en un sector muy tradicional, inmovilista.

Mirar el mercado desde otra óptica. Reconoce Afflelou que lanzó ese órdago, fruto de la edad, “ya que con 23 años no tienes miedo”, recuerda. “Decidí montar una óptica tal y como me hubiera gustado que fueran. La hice a mi imagen. Consideraba que llevar gafas no era una enfermedad, no era nada vergonzoso. Cuando la gente se prueba gafas siempre se mira al espejo como cuando van a la peluquería. Aposté por sacar las gafas fuera de los cajones para que la gente pudiera verlas, tocarlas y probárselas".

Otra de sus decisiones fue eliminar las batas blancas. “Pensé que mi oficio no tenía nada de médico, e intenté disponer de productos de temporada, combinándolos con otros de vanguardia, en función de las primeras marcas de moda que apostaban por este sector y que entonces casi no existían”.

A quién le importa lo que el entorno diga. Recuerda Afflelou cómo la competencia –las ópticas tradicionales- le miraban con desconfianza. “Me veían así porque no era de su medio. Mis padres no eran ópticos. Yo no era de Burdeos, como la mayoría de los ópticos. Había vivido en Argelia, estudiado en París y cuando volví a Burdeos, no era de su mundo y por eso me miraban como si fuera un bicho raro. Y además era muy joven y me veían como alguien que estaba creando problemas en el sector. Cuando uno no tiene experiencia, no tiene miedo a todo eso y va a fondo. Y yo no tenía miedo”.

Innovar en cadena. Afflelou decidió franquiciar en 1979, una época en la que esta fórmula comercial no se encontraba demasiado implantada. “Cuando ópticos independientes me pedían ayuda para aplicar mi modelo de negocio al suyo era, en sí mismo, la definición del propio modelo de franquicia. El crecimiento de la compañía a través de la franquicia no se puede decir que se ha hecho solo, pero sí ha sido de forma natural”.

La franquicia, según Afflelou. Como apunte final, una reflexión acerca de la franquicia cómo fórmula de crecimiento. “Para lo que quería hacer, era la mejor forma, porque es una asociación entre dos empresas: el franquiciador y el asociado, y es un método por el que los dos ganan. Si eres bueno, el franquiciado trabaja bien. Y si el asociado trabaja bien, nosotros también ganamos”.

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