"Al principio, como cualquier empresa, crecimos despacio"

Ésta es la historia de una emprendedora de raza, apasionada y que ha logrado democratizar una actividad, en su momento elitista, sobre la base de unos servicios y productos excelentes, a lo que suma la agilidad en el modo de trabajar.

Al preguntarle sobre el vértigo de iniciar un proyecto de franquicia en el albor de una profunda crisis económica, allá por el 2008, Yolanda Beltrán, fundadora de Nails Factory, retrocede unos dos o tres años más, cuando nació la empresa. “Me había quedado sin coche. En ese momento tenía el dinero justo para comprarme otro cochecito de segunda mano o montar un espacio de uñas, que era lo que me apetecía. Mis hijos eran pequeños, pensaba en los gastos de casa, pero decidí arriesgarlo todo y emplear esos 12.000-13.000 euros en montar el negocio. Siempre te da un poco de miedo, tampoco hay que lanzarse a lo loco… Sin embargo, tenía claro que, si hacía las cosas como estaban estructuradas en mi cabeza, la aventura saldría bien”.

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Queda claro que el condicionante de la crisis no fue tal. “Ya veníamos curtidos de antes. Además, en época de crisis no se gasta dinero en cosas como un coche o una vivienda, pero sí que puedes comprarte una barra de labios o hacerte unas uñas, algo mucho más económico”. La apuesta salió bien. Hoy la cadena suma 150 centros abiertos, 5 de ello propios, con una facturación de 18 millones de euros en el 2017.

La evolución descrita la han sustentado en un concepto de negocio muy bien definido -belleza integral de manos y pies- y que, sobre todo, revolucionó una actividad tradicional. “Antes de nuestra llegada, el mundo de las uñas era un poco elitista, caro y no estaba al alcance de todo el mundo. Nosotros dimos la vuelta a esto, de modo que el servicio fuese accesible para todas las mujeres. Y quizás aquí ha radicado nuestro éxito”. Vinculada al mundo de la estética desde joven -”ya en la Universidad empecé a trabajar en negocios relacionados con las uñas”-, Beltrán es además educadora social, algo que ha dejado impronta. “A cualquier iniciativa en Nails Factory siempre le he dado ese matiz pedagógico. Quizás por este motivo, nuestro saber hacer y formación tienen un punto diferenciador”.

Yolanda Beltrán suele hablar de Nails Factory en plural. Y lo hace para dejar constancia que su marido y socio, Ricardo, es la otra pata sobre la que se sustenta el proyecto. “Él procede del mundo de las finanzas, por lo que tiene una visión más económica y empresarial, mientras que yo soy la parte más creativa, de innovación y producto”. Hecho este inciso inicial, profundicemos ahora en las claves de éxito de una empresa que cumple una década como franquicia.

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EMPRENDEDORES: ¿Por qué decidieron en su momento franquiciar?

YOLANDA BELTRÁN: Al año y pico de fundar la empresa ya contábamos con cinco puntos en Madrid y la gente nos empezó a preguntar cómo podía abrir uno de nuestros centros, ya que pensaban que éramos una franquicia. Una vez decidimos dar un paso adelante, mi marido llegó a la conclusión de que la franquicia era el camino a seguir. Y es que con esa pequeña red de entonces, ya no dábamos abasto y nos resultaba complicado gestionarla.

EMP.: ¿Cómo ha evolucionado la cadena en estos años?

Y.B.: Hubo una primera etapa en la que crecimos más despacio, como todas las empresas. Cuando contábamos con unas veinte franquicias, enfermé, una enfermedad muy grave, un cáncer que casi me lleva por delante. Tuve que parar y estuve un año y medio fuera de juego. La compañía se quedó un poco en stand by y no se abrieron más tiendas. Una vez me recuperé y empecé a coger ritmo, empezamos a contratar a más gente para los diferentes departamentos y a desarrollar más las líneas de productos.

EMP.: ¿En qué año dieron ese salto cuantitativo?

Y.B.: En el 2013 dimos un salto importante, con 17 aperturas, para, en el 2014, inaugurar 52, en el 2015 fueron 38, en el 2016 fueron 31… En el 2014 se produjo ese boom, porque había muchas zonas donde la gente ya nos conocía y sitios en los que instalarnos.

EMP.: ¿Cuál es el plan de expansión en España?

Y.B.: Aún hay muchos sitios en los que no estamos y donde queremos entrar. La idea es terminar el año con unas 165 unidades operativas. Hay que tener en cuenta que el 70% de la red la componen multifranquiciados, con dos o más centros, indicativo de que el negocio funciona. Fuera de España, tenemos un par de focos de interés, en Portugal e Italia, pero estoy en un punto que no sólo quiero trabajar, sino también disfrutar y vivir. Y si me genera mucho estrés el trabajo extra de salir al extranjero, lo aplazaré un poco. Me gusta controlar la empresa, todas las cosas que se hacen… A partir de aquí, me está resultando un poco más complicado de lo que esperaba llevar el negocio a otros países y hacerlo igual de bien que aquí.

EMP.: ¿Cómo lograron democratizar este servicio?

Y.B.: El éxito fue acortar tiempos, lo que te permite ofrecer mejores precios. Con nuestra pedagogía y formación conseguimos desarrollar una manera de trabajar las uñas rápida y muy buena, con productos propios excelentes. Una técnica de trabajo, por otro lado, que seguimos actualizando.

EMP.: Nunca ha sido partidaria de diversificar, ¿por qué?

Y.B.: Lo que yo sé hacer y transmitir muy bien es el tema de las uñas en todas sus modalidades. No me quiero dedicar al mundo de la estética, no provengo de ahí, con lo que no depilamos con cera ni con láser, ni ofrecemos tratamientos faciales. Lo que sí hemos implementado ahora es la depilación con hilo.

EMP.: ¿Y por qué este servicio sí tiene cabida?

Y.B.: Es complementario a las uñas y nos permite rellenar huecos libres en la agenda, al ser un servicio rápido. Pero siempre sin perder de vista que el negocio principal son las uñas, nuestro motor.

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