Brooklyn Fitboxing o cómo participar en un cambio global

La franquicia impulsa un proyecto para montar rincones en clubes de todo el mundo.

El pasado junio Brooklyn Fitboxing lanzaba F3 FITBOX, concepto orientado a clubes de fitness ya operativos, con el que ofrecen una licencia con todo lo necesario para que cualquier centro pueda montar un córner de fitboxing, lo que incluye sacos con sensores y app con gamificación.

La pregunta aquí es por qué lanzar el proyecto en plena era covid. “Nosotros somos hijos de la crisis, esta cadena nació en 2014 en un escenario de crisis y yo, personalmente, es la cuarta que vivo”, confiesa Juan Pablo Nebrera, CEO de Brooklyn Fitboxing. “En toda crisis hay una primera situación de shock, una segunda de colapso económico y una tercera, a los seis-siete meses, de reinvención, en la que afloran grandes tendencias, como observamos ahora en el sector del fitness, referidas a la digitalización, una personalización más intensa de la demanda, la creciente preocupación por el cuidado de la salud… Tendencias que ya estaban sobre la mesa y que ahora se han acelerado de manera brutal”. Nebrera adelanta que cientos de miles de gimnasios en el mundo “van a tener que cambiar sus modelos, van a tener que reinventarse”. Y aquí su modelo de córner –estima– es perfecto para que esos centros fluyan en el nuevo escenario, acerquen una propuesta diferencial a su público, además de permitir a la compañía ser partícipe de ese cambio a escala global. “Es una oportunidad única para estar ahí, con un producto que nadie tiene”.

No es ésta la única razón para impulsar el proyecto. “Recibimos muchas solicitudes de franquicia de muchas partes del mundo donde no tenemos una infraestructura suficiente para montar un equipo local. Pero con este concepto sí que podemos entrar, ya que no es una franquicia, sino una licencia, lo que implica que lo único que ofrecemos es nuestra tecnología, de manera flexible para que se pueda integrar en otros modelos de negocio de fitness en cualquier parte del mundo”. A partir de aquí, la compañía ha divido el mundo en territorios Brooklyn y F3, para evitar conflictos de competencia. En España, por ejemplo, no van a ofrecer esta línea de negocio. “Aquí tenemos una central potente que da un servicio potente, de ahí que sea mucho más interesante el formato club que el córner”.

Por cierto, la compañía impulsó, desde su nacimiento, rincones con su marca, pero detuvo la expansión a través de esta fórmula. ¿Qué ocurrió? “Que funcionaban tan bien, que la mayoría terminó convirtiéndose en clubes», recuerda Nebrera. «De repente, cuando tienes un córner donde el número de socios y la facturación son muy superiores a las del resto del club donde está implantado, te das cuenta que tiene más sentido montar clubes, ya que la rentabilidad por metro cuadrado es mucho mayor”. Ahora, con este proyecto de rincones, la marca regresa, en cierto modo, a sus orígenes para mirar al futuro.