“Todos empezamos a envejecer a partir de los 35 años”

Nos adentramos en un marca pionera que trabaja para evolucionar del paradigma de la medicina curativa, la predominante hoy, a la preventiva, con el horizonte de prolongar al máximo el estado óptimo de bienestar de las personas.

Esther Anzola CEO de Neolife

“Nos dedicamos a la prevención de enfermedades relacionadas con el envejecimiento y a la mejora de la calidad de vida”. Así sintetiza Esther Anzola, CEO de Neolife, la esencia de una marca pionera en nuestro país, que nació en el 2011 fruto de una inquietud personal. “Mi actual socio tenía 50 años, estaba muy activo y quería seguir viviendo con plena funcionalidad; no quería cumplir años y tener miedo de los achaques o de no poder hacer lo que a él le gusta, como practicar deporte o salir. Después de investigar un tiempo, comprobó que en Estados Unidos llevaban una década trabajando en esa dirección”.

Allí fueron nuestros protagonistas a realizar un estudio de mercado, también examinaron países europeos donde la actividad era incipiente. “Luego, estaba la cantidad de millones de euros y de dólares que un montón de empresa empezaba a invertir en el estudio del envejecimiento”. Y al analizar España, vieron que era una plaza donde sí tenían cabida, poco evolucionada en esta parcela. “No existía nada similar, sólo había una medicina reactiva, donde tú vas al médico cuando estás enfermo, no antes”.

Ingeniera industrial y procedente de la consultoría estratégica, Anzola y su socio abrieron en 2013 el primer centro en Madrid, al que después se unió otro en Marbella.

Personalización muy saludable

Conocidos los orígenes, profundicemos en su concepto a través de los servicios que despliega. “Nuestros servicios y tratamientos son personalizados”, explica Anzola. “Hacemos chequeos preventivos, pues queremos una foto inicial de la persona cuando viene. Para ello, y como paso previo, siempre tiene una consulta con el doctor donde les exploran, hablan de sus objetivos, de su historia clínica y ven cómo orientar el chequeo. Una vez realizado éste, dan al usuario unos resultados –cientos de biomarcadores relacionados con la salud y el envejecimiento– y, basados en la ciencia y en la clínica, se le ponen unos objetivos, con el horizonte siempre de optimizar esos parámetros. “Al paciente le decimos lo siguiente: ésta es tu foto y para estar bien en un futuro deberíamos trabajar en esta serie de biomarcadores con una serie de pilares, como nutrición, ejercicio, descanso, la salud conductual… La meta es situarlos en el nivel donde tenías plena funcionalidad, alrededor de los 30–35 años”. Llegados a este punto, el cliente decide si continúa y empieza un tratamiento.

Debido a la propia naturaleza del servicio, éste tiene un gran éxito en el ámbito empresarial. “Vienen muchos directivos y empresarios que rinden menos, con estrés, y les ayudamos. Es muy beneficioso, no sólo para el trabajador sino también para la empresa, ya que lo retienes y esta contento”.

Siempre a la vanguardia, acaba de lanzar tratamientos en exclusiva para la menopausia y la andropausia. “Son más económicos, forman parte parte del chequeo que hacemos de forma global y estamos teniendo mucho éxito”.

El valor de una marca pionera

Preguntamos a Anzola por las ventajas derivadas de su condición de pioneros. “Efectivamente, fuimos los primeros en dedicarnos a esto. Es cierto que hay muchas empresas que se dedican a algo parecido, pero no es lo mismo y no de forma integral; simplemente, desarrollan partes de lo que nosotros realizamos. En este sentido, contamos con un equipo médico de todas las especialidades y de nutrición que trata de forma global a la persona, no nos quedamos en la nutrición o en el ejercicio. Y esto es una ventaja que el resto no tiene”.

Para esta emprendedora es clave, además, la marca que han generado de ser pioneros y la ventaja del “conocimiento brutal” que atesoran. “En este tipo de medicina tienes que estar siempre al día, estar estudiando y formándote de forma continua, algo al alcance de un equipo grande pero imposible para alguien solo, ya que no abarcará lo suficiente”.

Un saber hacer, por otro lado, que se nutre de integrar los últimos avances tecnológicos, científicos y médicos. “Vamos incorporando todo lo que sale; por ejemplo, aquellos estudios y la parte científica que ya esté aprobada para aplicar en clínica. En este sentido, no hacemos nada que no esté aprobado científicamente”.