4 curiosidades que quizás desconozcas de MRW

De la mano de Francisco Martín Frías, alejado de la primera línea, pero clave, en su momento, en la historia de esta firma de transporte urgente.

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Años 80: una mensajería de lo más curiosa

Nos situamos en 1979. Francisco Martín Frías, que dirigía una empresa de excavación de terrenos, decidió adquirir –junto a su gestor y amigo Josep Manuel Corrales- una compañía de mensajería urbana llamada Mensajeros Radio. Sus planes con esta compañía no se limitaban a Barcelona. Su idea era ofrecer el servicio de mensajería entre ciudades, pero de una forma distinta a la que se venía haciendo hasta entonces. 

Y es que el modo de trabajar en el sector en esa época era, como poco, curioso. Lo recordaba en su momento nuestro protagonista. “Una posibilidad era recurrir a los pasajeros que viajaban con Iberia; contactabas con alguno de ellos y le pagabas para que llevase un paquete hasta Barajas; allí, en el aeropuerto, lo recogía un empleado de la empresa con la que teníamos acuerdos en Madrid y lo entregaba en el sitio convenido. Y esta misma operación se repetía a la inversa, de modo que éramos nosotros los que recibíamos los bultos en Barcelona”.

Un Renault 5 y un Seat Ronda

Tras la adquisición de la compañía, Martín Frías y compañía vieron claro el hueco de mercado a explorar. Y se pusieron manos a la obra. “Decidimos que, con una sola llamada de teléfono por parte del usuario, se recogería el paquete, se transportaría y entregaría a un horario convenido, en un plazo más corto que el manejado por las empresas tradicionales”.

Para poner en marcha este servicio, recurrieron a terceros, una experiencia que no salió bien del todo pero que fue el germen de lo que hoy es MRW. “Colaborábamos con una compañía que realizaba el puente nocturno entre Madrid y Barcelona. Un día, uno de sus camiones se averió y nadie sabía dónde estaba; era imposible contactar con el conductor; salimos a buscarlo con un par de coches y, finalmente, lo localizamos en una de las muchas gasolineras que bordeaban la carretera; cargamos la mercancía y nos fuimos”. 

Fue entonces cuando se percataron de que debían prestar el servicio directamente, sin depender de terceros, y así ahorrarse problemas.

Y aquí entran en juego los dos entrañables vehículos mencionados en el titular. “Lo haríamos con un Renault 5 en Madrid y con un Seat Ronda en Barcelona, coches ligeros, que aportaban una mayor agilidad a la operativa. Cada uno partía de su ciudad de origen, hasta cruzarse en Zaragoza; ahí, intercambiábamos los paquetes y regresábamos al punto de partida”.

Gracias a este paso adelante, Martín Frías y sus socios crearon en 1980 el servicio puerta a puerta, algo cotidiano hoy en día, pero que entonces revolucionó el mercado. 

Lorenzo Quinn y el anuncio de los 26 millones de pesetas

1993. La cadena ya estaba adquiriendo una dimensión considerable y los gestores percibieron la necesidad de ir un poco más allá en cuanto a la comunicación y la publicidad.

En este escenario, se tomó una decisión que en cualquier manual de marketing calificarían como correcta: contratar para una campaña a Lorenzo Quinn.

Por 26 millones de pesetas, el famoso personaje declamó, sosteniendo un sobre con su mano: “Yo confío en MRW”. Quizás por una leve sobreactuación, por un guión endeble o por no conectar con el público, pero lo cierto es que el anuncio fue un fiasco. “Estuvo tres meses en televisión y nadie lo vio”.  

Un negocio ilegal, Correos y Alberto Núñez Feijoo

Regresemos a la década de los 80, germen de la MRW actual. Hay que recordar que en esa época, la compañía desarrollaba una actividad ilegal. “Lo cierto es que Correos tenía el monopolio de los envíos de hasta dos kilos”. A partir de aquí, cualquier iniciativa privada se situaba al margen de la ley. “Por este motivo, escogíamos para nuestras agencias ubicaciones discretas y escondidas”.

Conocedores de sus movimientos, Correos enviaba a MRW cartas de denuncia constantemente. “Y yo las iba archivando con cuidado en la papelera”.

Al final, la actividad privada creció tanto, en su conjunto, que la Administración dejó de remitir esas cartas. “Pensaban que, con lo mal que funcionaba Correos, el país se podía paralizar si no se permitía trabajar a las firmas de mensajería”.  

Aunque sorprenda, la relación con Correos llegó a ser cordial. Y todo, porque uno de los muchos directores generales que tuvo el servicio postal invitó a comer a Martín Frías. “Acepté encantado y le agradecí el detalle, sobre todo porque ninguna de las 13 personas que le habían precedido en el puesto, mientras yo estaba en MRW, me habían llamado nunca. A mi interlocutor le sorprendió tal número de directores generales. Entonces, saqué las tarjetas con los nombres de cada uno y los periodos en los que habían estado al frente de la compañía: uno dos meses, otro tres años, el otro un año…le transmití la idea de que, con ese vaivén de fechas y de nombres, era imposible construir una cultura de empresa fuerte. Ah, y también le comenté que Correos no trabajaba tan mal como decía la gente”.

Por cierto, el anfitrión de este encuentro fue Alberto Núñez Feijóo, actual presidente de la Xunta de Galicia.  

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