Cómo abrir en el centro de Barcelona y cerrar al cabo de un año

Lo relata Juan Luis Miravet, en “Abre una tienda o franquicia” (Profit Editorial, 2016), donde queda claro que una mala ubicación arruinará un buen proyecto. 

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ÉSTE NO ES LUGAR PARA ESTA FRANQUICIA

Juan Luis Miravet decidió abrir una franquicia de yogures helados en una de las mejores zonas de Barcelona. Toneladas de entusiasmo no le sirvieron para evitar bajar la persiana, apenas doce meses después de levantarla.

Ahora, relata su experiencia en “Abre una tienda o franquicia: la guía imprescindible para autónomos y emprendedores” (Profit Editorial, 2016), un libro en el que huye de dramatismos y donde, a partir de un enfoque didáctico, comparte sus errores –y aciertos, que también los hubo-, con la vista puesta siempre en aquellos emprendedores que estén pensando en abrir un negocio (independiente o franquiciado)

Reconoce Miravent que su principal error fue equivocarse al elegir el local. “Lo tengo clarísimo. Y fue un error que una vez cometido fue imposible corregir y que me condujo inexorablemente al cierre”. 

FACTORES A TENER EN CUENTA

Con la experiencia como garantía, Miravet detalla, en primera persona, los factores que se han de considerar al seleccionar el local.

* Las zonas céntricas de las ciudades están llenas de tiendas y ya se sabe que “venta llama a venta”. Dichas calles suelen ser peatonales y concentran un gran flujo continuo de gente durante los horarios comerciales, habitualmente entre las 10 y las 21 horas.

* Las áreas descritas son, sobre el papel, idóneas desde un punto de vista estrictamente comercial. Ahora bien, los alquileres suelen ser carísimos. Y el coste de arrendamiento es uno de los parámetros que más erosionan la cuenta de resultados.

* Si tu producto se vende a un precio bajo –en el caso de Miravent, unos 3,5 euros de tique medio-, será complicado amortizar el alquiler, “a no ser que vendas cantidades industriales de tu producto”.

* No basta con que el local esté bien situado y que cada día pasen por la puerta miles de personas, o conseguir negociar un precio de alquiler excelente. “Todo eso está bien, pero no es suficiente”, reconoce Miravet.

QUÉ FALLÓ

El local de Miravet se encontraba en una bulliciosa calle peatonal de Barcelona, a escasos metros de Portal de l’Angel, una de las vías comerciales más caras y concurridas de España. La tienda contaba con dos puertas de acceso, hacía esquina y estaba rodeada de docenas de comercios de todo tipo, entre ellos dos centros de El Corte Inglés.

A priori, el emplazamiento era privilegiado y parecía reunir las condiciones para triunfar (Miravent también lo pensaba) Entonces… ¿Qué falló?

1. El alquiler era carísimo.

2. No tenía clientes de noche. A partir de las 20 horas, no vendían nada. "Estar situados en una zona repleta de tiendas, con enorme flujo de personas pero sin apenas hostelería, acabó siendo contraproducente. Los clientes paseaban encantados por mi calle, pero cuando las tiendas cerraban –a partir de las 21 horas- el barrio quedaba casi desierto, porque el público prefería irse a cenar, picar algo o ¡tomar un helado! a otros barrios con más restaurantes y locales de restauración en general".

A Miravet se le quedó grabada la lección. “Debería haber buscado un local en un barrio repleto de restaurantes y locales de picoteo y copas. El alquiler no habría sido tan caro y habría ido al encuentro natural con la mayoría de los compradores potenciales de mi producto”.

3. Relacionado con el punto anterior, los domingos y festivos no vendían nada. "Los comercios de la zona cerraban y el flujo de gente pasaba a ser como mucho el 20% comparado con el de un día laborable. En los días festivos tan sólo pasaban algunos turistas despistados, pero los habitantes de la ciudad preferían, con buen criterio, pasar el domingo en otras zonas". 

4. En el caso de que tu tienda o negocio sea de hostelería, intenta alquilar un local con licencia de degustación en lugar de sólo para llevar, aconseja Miravet. "Esta gestión debes incluirla en las tareas del estudio que se encargue de tramitar ante tu ayuntamiento las licencias de obra y de actividad. Licencia de degustación quiere decir que los clientes pueden consumir dentro del local y por tanto tienes derecho a colocar mesas y sillas para este fin dentro del establecimiento. Intenta también conseguir licencia para poner una terraza, si cuentas con espacio suficiente".

 

¡AY, LAS LICENCIAS DE OBRAS!

En el anterior punto, ya se anticipa la importancia de conocer las reglas de juego de las autoridades en todo lo que tenga que ver con licencias de obra y disposición del local.

Recomienda Miravet no escatimar gastos al recurrir a algún experto que resuelva este apartado, en caso de no poseer los conocimientos necesarios. “Ni se te ocurra elegir la empresa que te cobre menos por hacerse cargo de esos trámites. No merece la pena entre pagar 1.200 euros, como hice yo, y los 2.500 euros que me pedían otros estudios, si luego los más baratos hacen mal su trabajo”. 

En el caso de Miravet, el estudio obvió el procedimiento habitual en este campo –y no respeto los ‘tempos’-, lo que provocó que, una vez abierto el negocio, hubiese que acometer cambios en el mismo. “A las pocas semanas de abrir la tienda, recibí la primera notificación del ayuntamiento, solicitando varios cambios”.

* Cambio de lugar y de forma de colocación de los rótulos exteriores del local. El problema fue que se hicieron a medida y, para cumplir las exigencias normativas, era necesario hacerlos de nuevo, variando las medidas.

* Advierte Miravet que las normativas municipales suelen ser muy restrictivas en lo referente a fachadas de los edificios en los que están ubicados los locales comerciales. Un condicionante que adquiere rango de superlativo si se trata de un edificio histórico catalogado.

* Relacionado con el punto anterior, exigieron a Miravet retirar los focos exteriores que iluminaban, de noche, los rótulos del local. Y todo ello, debido a que se encontraban en el casco histórico de la ciudad, lo que limitaba la colocación de elementos en las fachadas.

* También le obligaron a colocar puertas en el local, al ser un comercio de alimentación. El proyecto sólo contemplaba la colocación de persianas automáticas exteriores, y así se hizo. “De haberlo sabido con antelación, colocar puertas no habría supuesto problema alguno”.

Finalmente, Miravet tuvo que pagar una multa de 1.000 euros. “Pero no llegué a realizar los cambios exigidos en el local, porque ya había decidido cerrar la tienda debido a las bajísimas ventas”. 

Un epílogo triste, sin duda, para el proyecto de un emprendedor que ha volcado en esta obra su experiencia, con la pretensión de que sirva de hoja de ruta a futuros asociados. Y el entusiasmo sigue presente, cualidad vital en cualquier emprendedor. “Con todo lo que ahora sé, no descarto volver a intentarlo el día menos pensado”. 

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