Sushimore o la economía colaborativa para vadear la crisis

Esta franquicia de comida japonesa busca aliados para diversificar y generar nuevas formas de consumo.

Sushimore franquicia

Lo de esta marca de comida japonesa es una búsqueda constante de nuevas formas de consumo y de vías para dar salida a su producto. Diversificación que en la era covid se ha intensificado, como explica Roger Antelo, CEO de Sushimore. “En Granada y Girona desarrollamos un par de acciones consistentes en ofrecer nuestros servicios de sushi a supermercados, al mediodía y por la noche, como si fuese una exposición de producto en la zona de pescadería, con lo que se beneficiaron de las ventas generadas en esas superficies”.

La enseña también ha dirigido la mirada a los hoteles, como potenciales aliados. “Esto lo ideamos antes de la crisis, pero es ahora cuando lo estamos potenciando. La idea aquí es que desde sus cocinas nos encarguemos del servicio de habitaciones y a domicilio. Creo que se tiene que poner de moda la economía colaborativa en nuestro sector. La reflexión es que por qué tengo que disponer de una cocina al lado de un hotel que, por su parte, la tiene parada, cuando podemos compartir infraestructura. En un hotel de Getafe, por ejemplo, la gente estaba confinada y nosotros les estábamos llevando comida a sus habitaciones”.

Pero Sushimore también actúa sobre sus propios espacios físicos, para dotarles de más vías de crecimiento, con la incorporación, por ejemplo, del grab and go, “una forma de consumo con poco recorrido aún en nuestro país”, como recordaba desde la compañía en el momento de su lanzamiento. “El término hace referencia a ofrecer alimentos envasados y listos para su consumo, que se exponen al cliente en los locales a la temperatura correcta para conservar sus propiedades”. Sushimore hizo un guiño a esta modalidad hace unos años, “pero entonces aquí no funcionaba, sí en mercados como Reino Unido”, recuerda Antelo. “Ahora, el local abierto hace poco en Málaga lo hemos preparado para el grab and go. Se trata de producto casi recién hecho, donde todo lo que se elabora al mediodía se tiene que vender en ese mismo día”.

De la agilidad de reflejos de la marca también ha quedado constancia en el local que abrieron en Irún unos días antes del inicio del confinamiento, un proyecto en el que reconvirtieron un negocio centrado en la cerveza y los pinchos. “Al inicio nos planteábamos abrir un local, pero, ante las nuevas circunstancias, decidimos dar el giro y montar, con el mismo personal e infraestructura, una cocina fantasma para servicio a domicilio. Esto nos ha permitido introducirnos en un mercado, por otro lado, bastante tradicional en el plano gastronómico y, una vez visto su potencial, la idea es abrir un local”.

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