Lecciones antiguas para una nueva época

Alejandro García, fundador y CEO de Sportmadness, reflexiona sobre las lecciones de la actual crisis y el futuro de la franquicia.

Lecciones antiguas para una nueva época

Todavía seguimos en medio de una pandemia terrible que está provocando miles de muertos y destrozando el sistema económico de casi todos los países. En el mundo empresarial observamos que las lecciones que nos deja esta crisis son, de nuevo y como ya sucedió en la anterior, muy antiguas.

Como dice Warren Buffett, “La regla número uno de los negocios es no perder dinero. La número dos es no olvidarse nunca de la primera”. Parece de perogrullo, pero a veces se nos olvida. En los últimos años hemos visto cómo prevalecía el crecer a toda costa antes que cuadrar las cuentas. Algunas empresas como Uber, Amazon y Airbnb se lo pueden permitir. Tú no. Y tenemos que ser conscientes de que un negocio se monta para ganar dinero. Si no consigue este objetivo, debería dejar de existir y dedicar los recursos que se destinan a su funcionamiento a otros fines más productivos. Lógicamente, algunos negocios requieren tiempo para madurar, pero, llegado a un punto, si no es rentable, es mejor que no siga adelante y evitar males mayores a sus fundadores.

Cómo guardas y cuidas ese dinero y lo disponible que lo tienes es otra parte vital para cualquier empresa, sea cual sea su tamaño. Y lo podemos decir de mil maneras: “el efectivo es el rey”, “la liquidez es a la empresa lo que el oxígeno a los seres humanos” o como dice un buen amigo, “no hay mayor felicidad que money in the bank”. A partir de aquí, cuidar la caja debe ser una obsesión para cualquier empresario. No basta con poseer cierto colchón, sino que debemos asegurar la viabilidad de la empresa a varios meses vista y contando con que escenarios como el actual se pueden dar en cualquier momento.

Si no se han tenido en cuenta las dos lecciones anteriores y la empresa sigue en funcionamiento, lo más normal es que sea porque está endeudada. Esta puede ser una herramienta útil, sobre todo en entornos donde existe predictibilidad. Lo malo es que eso de la predictibilidad en un entorno VUCA (por sus siglas en inglés, volatile, uncertain, complex y ambiguous) como el que vivimos ahora y viviremos en el futuro, parece cada vez más complicado de conseguir. Y la deuda asfixia. Cuanto peor esté tu situación, más difícil será conseguir refinanciarla y más cerca estará la empresa de la quiebra.

Otra de las lecciones es que aquello que parecía una moda, el teletrabajo, se puede convertir en una realidad, sin afectar la productividad o incluso mejorándola. La sociedad demanda cada vez más el poder disfrutar de sus familias y sus vidas. Hace tiempo que en Sportmadness disfrutamos de esta modalidad de trabajo y podemos afirmar que, antes de esta crisis y durante la misma, la productividad no se ha resentido. El teletrabajo presenta sus retos, pero nada que, con dos o tres herramientas tecnológicas al alcance de cualquiera y con un equipo de profesionales responsables, no se pueda superar con facilidad.

Como decíamos al inicio, todo esto no es nuevo. El sentido común es muy antiguo. Y las cosas antiguas a veces se nos olvidan o no las valoramos tanto como las actuales. Nuestros abuelos, que tanto están sufriendo hoy, nos enseñaron que no debíamos gastar más de lo que ingresábamos, que comprásemos sólo lo que nos podíamos permitir y que debíamos ahorrar por si venían mal dadas. No disfrutaron de las herramientas tecnológicas a las que tenemos acceso, por lo que no podían decirnos que trabajásemos desde casa, pero sí que apreciásemos la vida y el tiempo que pasamos con nuestras familias… y teletrabajar nos lo facilita. Hemos crecido rodeados de oportunidades y se nos han olvidado estas lecciones tan valiosas. Ahora, y pese a la dureza del momento, surge la posibilidad de volver a tenerlas en cuenta y de aplicarlas para disfrutar del tiempo que nos ha tocado vivir, una época que, a pesar de todo, es la mejor de la historia de la humanidad.

La pandemia anticipa el futuro de las franquicias

Como en cada crisis, de ésta que ha generado la COVID-19 saldrán millones de parados más. Es una situación muy triste y que en España ya hemos vivido muchas veces en los últimos años. De hecho, si alguien me pregunta, no sabría contestar si en algún momento hemos llegado a salir de la crisis anterior y si lo que en otros países se conoce como “crisis”, en España es el día a día. Pero eso da para otro artículo.

Sea como fuere, esta situación desencadenará miles de nuevas empresas y otro boom en el mercado de la franquicia, que no ha parado de crecer desde hace varios años. La diferencia es que ahora los emprendedores ya llevan a sus espaldas varias heridas y menos capital disponible para invertir. No existe cultura del ahorro en este país y cada vez vamos a tener más aversión, afortunadamente, a utilizar la deuda, por lo que la cantidad disponible para invertir se va a ver reducida. Este fenómeno cristalizará en una división entre dos bloques de franquicias.

El primero es el de las grandes cadenas de retail, restauración, gimnasios u otras actividades donde la inversión necesaria para arrancar es muy elevada. Seguramente, estas cadenas queden reservadas a los capitales más elevados, a no ser que se las ingenien para ofrecer facilidades de pago extraordinarias a los emprendedores. Y esto último implica que tengan una gran escala que se lo permita, lo que nos lleva a preguntarnos, ¿Necesitamos 15 hamburgueserías y 20 cadenas de gimnasios diferentes? ¿No sería mejor que hubiera menos, pero con más escala y que pudieran dar más calidad a precios cada vez más asequibles para usuarios e inversores? En un entorno donde cada vez más debe primar la eficiencia y productividad para ser competitivos, parece que estas grandes cadenas (no necesariamente las que son grandes actualmente) absorberán y/o aplastarán a las más pequeñas, consiguiendo así la escala que necesitan para que el modelo funcione.

Por otro lado, encontramos el surgimiento de las franquicias de internet. Hablamos de estructuras que, apalancándose en procesos digitales y con una reducida o nula presencia física, permiten a los nuevos emprendedores adquirir un conocimiento, unas herramientas tecnológicas y el potencial de una marca para poner en marcha su negocio con los menores costes posibles. Son negocios pensados para el autoempleo y cuyo crecimiento en distintos sectores está siendo exponencial, principalmente en mercados como el norteamericano, una tendencia que no tardaremos en ver en todo el mundo.

Sea en un modelo u otro, la franquicia es y será una salida interesante para alguien que busque emprender. Las personas necesitamos estructuras, guías y, sobre todo, aprender de los errores, tanto los individuales como los ajenos, y los sistemas de franquicias traen consigo muchas de esas lecciones aprendidas.

Todo lo que puede ofrecer una entidad franquiciadora allana el camino, pero que nadie se lleve a engaño. Esto no es un camino de rosas. Por más ayuda que se tenga de una franquicia, el camino es duro y complicado. Nadie tiene la receta mágica y, si la tuviera, no la vendería.

Emprender conlleva riesgos (demasiados a veces) aunque también es una de las experiencias más enriquecedoras. Antes de emprender, debemos reflexionar sobre los pros y contras de hacerlo. Te va a cambiar la vida. Y como en cualquier cambio, contar con ayuda siempre es algo recomendable.

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