Los Sackler: unos emprendedores filántropos y una campaña de marketing tan eficaz como letal

El Museo Metropolitano de Nueva York acaba de anunciar la retirada del nombre Sackler de sus salas. Equiparados durante un tiempo con los Medici del siglo XX, ahora la millonaria familia Sackler aguanta un chaparrón de sanciones y desprestigio social tras conocerse los miles de muertos y adictos a los opiáceos que han dejado por el camino.

Farmaceutica Arthur M. Sackler

OxyContin empezó a recetarse como el medicamento opioide más eficaz contra el dolor con el valor añadido de que no generaba adicción. No era cierto, miles de personas fallecieron por su consumo en EE.UU y muchas más terminaron enganchadas después de una campaña de marketing tan eficaz como letal. Es lo que se bautizó en EE.UU como la ‘crisis de los opioides’. 

Llegaron a compararlos con los Medici del siglo XX. Los Sackler han concedido multitud de becas de estudio, han hecho donaciones millonarias a instituciones de arte, abrieron escuelas en Israel y han financiado centros de investigación. Todo bien, de no ser porque la mayor parte de la fortuna amasada procedía de la venta de un medicamento que ha dejado por el camino a miles de fallecidos y muchos miles más de adictos al analgésico prescritos por los mismos facultativos.

Pioneros en tratamientos psiquiátricos

Fue a finales del siglo XIX cuando los hermanos Arthur, Mortimer y Raymond Sackler, los tres psiquiatras e hijos de inmigrantes judíos de Ucrania y Polonia, se unen para fundar en Greenwich Village (Nueva York) una pequeña empresa de medicamentos tras adquirir Purdue Frederick Company, más adelante -1991- convertida en Purdue Pharma, con sede en Stamford, Connecticut.

Entre sus méritos, destacan haber sido pioneros en el tratamiento farmacéutico de enfermos mentales en detrimento de las prácticas habituales hasta entonces, como la terapia de electroshock o la lobotomía. El nuevo modelo les procuró cierta popularidad. Arthur Sackler, el mayor de todos, recibió una oferta para trabajar en la agencia de publicidad médica William Douglas McAdams, puesto que aceptó tras acordar con los hermanos Mortimer y Raymond que ellos seguirían al frente de la farmacéutica Purdue especializada  en la medicación para el tratamiento del dolor.

Imagen de Arthur Sackler

Mejor publicista que psiquiatra

Como publicista, Arthur Sackler se reveló más agudo que como médico tras descubrir que, en el caso de los fármacos, resultaba mucho más eficaz dirigir las campañas publicitarias a los profesionales de la medicina responsables de prescribir un medicamento que al consumidor final. Cuanto más revestimiento científico tuviese una publicidad, más visos de veracidad. Sackler transformó la agencia con técnicas de venta hasta ese momento desconocidas para los fabricantes de productos farmacéuticos.

Así que, trabajando para William Douglas, Arthur Sackler fundó su propia publicación semanal especializada, Medical Tribune, que llegó a contar entre sus lectores a 600.000 médicos (según algunos informes, su audiencia era de un millón de médicos en 20 países). De esta forma consiguió popularizar la prescripción y venta de medicamentos como Senaflax, Librium, Valium y OxyContin, fabricado en Purdue Pharma.

OxyContin, el producto que enriqueció a los Sackler

Con OxyContin acometieron una agresiva campaña de marketing farmacéutico. En pocos años, el OxyContin pasó de ser un fármaco que apenas se dispensaba a triplicar sus recetas. En 2001, el 80%  de los ingresos de Purdue Pharmacy procedían de la venta de OxyContin por valor de 3 mil millones de dólares.

Por entonces algunos ya habían hecho saltar las alarmas denunciado que el medicamento era mucho más adictivo de lo anunciado, que miles de personas estaban falleciendo por su consumo y que se había creado un mercado negro para su obtención. A los Sackler se les acusa de ocultación de estos informes negativos, potenciando los positivos y de haber sobornado a los profesionales para que siguiesen recomendando el medicamento.

Gracias a ello, en 2016, Forbes incluía a los Sackler dentro de su lista de las familias más ricas de EE.UU.- con el décimo noveno puesto- estimando su fortuna en 13.000 millones de dólares. 

Cierre en falso de una crisis

Faltaba poco para que EE.UU declarase, en 2017, la situación de ‘emergencia nacional’ después de que el Centro para el Control de Enfermedades (CDC), detectara el fallecimiento de cerca de 50.000 estadounidense por el consumo del analgésico.  

Confirmada la conexión entre la ingesta de OxyContin y las numerosas muertes ocasionadas, el escándalo generó cientos de denuncias contra Purdue Pharmacy. Tres ejecutivos de la compañía se declararon culpables de acusaciones penales tan graves como haber engañado a reguladores, médicos y pacientes sobre el riesgo de adicción de OxyContin y la facilidad con que podía abusarse de él. La compañía accedió a pagar 600 millones de dólares pero ningún miembro de la familia Sackler fue acusado o mencionado.

En 2019, la Fiscalía general de Nueva York presentó una demanda contra Purdue y otras cuatro distribuidoras que culminó el pasado mes de septiembre en un acuerdo en el Tribunal de Quiebras por el que la farmacéutica quedaba disuelta y se constituía como una empresa controlada por las autoridades que anunciaban un plan de reorganización. El acuerdo exigía además que los Sackler entregaran 4.500 millones de dólares en un periodo de nueve años para ayudar a mitigar la crisis de los opioides, y los eximía de futuras demandas por su responsabilidad.

Ahora cinco fiscales estatales se rebelan contra el acuerdo estatal y piden que se revoque el acuerdo de bancarrota de la farmacéutica Purdue Pharma, productora del adictivo OxyContin, que concedió inmunidad legal de por vida a sus dueños.

Una crisis de película

Tras mucho hablar de ello, la que se conoce como la ‘Crisis de los opioides’  ha vuelto a ponerse de moda a raíz de la película ‘Dopesick: historia de una adicción’, en la que se narra la vida de la saga de los Sackler. No se puede decir que sea pura ficción, pero la serie podría tener una segunda temporada porque la epidemia de opioides en Estados Unidos que se desencadenó en la segunda mitad de la década del 90, continúan siendo la principal causa de muerte por sobredosis de drogas en EE.UU. , problema que parece haberse acentuado con la aparición del coronavirus.