Éxitos y fracasos

El proceso de fusión, desde que se inicia hasta que se llega a un acuerdo y se firma, dura entre nueve y 18 meses. La integración efectiva puede alargarse dos años más.

La mayoría de las veces, los motivos de estos fracasos son consecuencia de la resistencia de las organizaciones a la nueva situación. Para el consejero delegado de One to One Capital Partners, en la empresa absorbida existe el riesgo “de perder su identidad o sus valores y adaptarse a un entorno diferente. Conlleva esfuerzos y una capacidad para aceptar el cambio y aprovecharse de él (en sentido positivo), que no son fáciles de asumir”. Para superar la incertidumbre sobre el futuro de la sociedad dentro del nuevo grupo, los expertos aconsejan una serie de medidas:

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  • Compartir una misma visión. “Los retos y metas deben estar claros desde el comienzo. Los empresarios deben compartir una misma visión que oriente todas las decisiones”, opina Enrique Quemada.
    • No retardar las medidas drásticas. Los ajustes de estructura son inevitables y deben hacerse sin demora, para evitar la incertidumbre, “y con consideración hacia las personas involucradas”, añade.
      • Comunicación sí, rumores no. Es muy relevante mantener la máxima confidencialidad en la fase previa a la fusión cuando los protagonistas están aún negociando. En la fase posterior a la fusión hay que establecer altos niveles de información para dar certidumbre tanto hacia el interior como hacia el exterior de la organización.
        • Un plan minucioso y ejecutado de forma estricta. Para ello establece revisiones periódicas, calendarios precisos y una evaluación continua de los avances.
          • Relaciones con los clientes. Es básico estar pendiente de los clientes y minimizar el impacto que la fusión pueda causarles.
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