Cómo conseguir un microcrédito

No todo está perdido en épocas de restricción crediticia como la actual. Los emprendedores con buenas ideas siempre tendrán recursos a su alcance para lograr financiación. Uno de ellos es el microcrédito, préstamo al que se accede sin los tradicionales avales patrimonialistas. El requisito principal –que no es poco– es presentar un proyecto viable.

Angeles G. es una mujer luchadora. Como todas, habría que añadir. De pequeña emigró con sus padres a Brasil. Allí creció, se enamoró y convirtió una de sus aficiones en profesión. Durante tres décadas trabajó de costurera. Hace dos años decidió regresar a Galicia. Con 50 años aterrizaba en la tierra donde nació. Le esperaban un puñado de familiares a los que apenas conocía y un futuro laboral incierto. En mente, montar una tienda de arreglos de ropa. Era lo que mejor sabía hacer. Como aval, unos escasísimos ahorros, experiencia y las ideas claras. Pero esto no valió para esquivar la negativa de varios bancos a darle un crédito. Todo parecía desmoronarse, hasta que oyó hablar de algo llamado microcrédito…y su proyecto vital (y personal) se hizo realidad. Hoy regenta un pequeño negocio.

ALGO MÁS QUE DINERO

Esta historia ficticia encaja a la perfección con el perfil de emprendedor que recurre a este tipo de préstamo. Pero, ¿qué es un microcrédito? Creado en la década de los 70, es un instrumento oriundo de los países en desarrollo, donde ha sido clave para la dinamización de comunidades locales con escasos recursos. En los últimos años se ha extendido por las economías avanzadas, aunque en menor medida. En España, la actividad se articula, fundamentalmente, a través de las Cajas de Ahorros, junto con las Administraciones Públicas y diferentes organizaciones sociales.

Lo que lo hace diferente. La primera característica, y más evidente, se refiere a la pequeña cuantía de dinero concedida: un máximo de 25.000 euros. Francisco López-Lubián, profesor de Finanzas de IE Business School, introduce otra variable: “Se sale del circuito tradicional. Al margen de su carácter bancario, presenta connotaciones de rentabilidad social”.

En una línea similar se manifiesta Sabela Couceiro, responsable de los Programas de Inclusión de la Obra Social Caixa Galicia: “Lo entendemos como una herramienta que ha de garantizar la igualdad de oportunidades en el acceso a la financiación”. Este marcado acento social es, al final, el que lo aleja de los créditos convencionales:

No garantías, no problemas. Los criterios de concesión son más favorables que en un préstamo ordinario. Los periodos de carencia son norma habitual, con lo que se facilita la puesta en marcha del negocio. No obstante, el gran atractivo es que no se piden avales o garantías reales, obstáculos insalvables para muchos emprendedores.

La persona, primero. Otra de las premisas es el exhaustivo estudio de la situación personal y familiar del candidato, detalla Bárbara Soriano, coordinadora del Vivero de Microempresas de Economistas sin Fronteras: “Se valora mucho el impacto negativo que puede tener sobre el emprendedor la actividad, en el caso de que no funcione. Hablamos de colectivos vulnerables, de ahí que el negocio propuesto ha de cumplir parámetros de rentabilidad y viabilidad”.

No dan duros a pesetas. Las ventajas expuestas no deben llevar a equívocos. “Nos encontramos ante un crédito. Y, como tal, hay que reembolsarlo, con un tipo de interés determinado y con sus exigencias”, advierte Gregorio Izquierdo, director del Servicio de Estudios del Instituto de Estudios Económicos (IEE).

MICROEMPRENDEDORES: ILUSIONES INMENSAS

Una vez conocida su esencia, es sencillo deducir su público objetivo en la actualidad: personas que aspiran a crear o consolidar un negocio viable y que tienen dificultades para conseguir financiación a través de los canales bancarios tradicionales, generalmente debido a la ausencia de avales o de garantías.
Cualquiera que cumpla las condiciones expuestas puede acogerse a esta versión mini del crédito. Las circunstancias personales y profesionales, por tanto, variarán. Desde autónomos y pequeños empresarios, hasta parados o jóvenes sin capacidad económica, pasando por inmigrantes o gente mayor con problemas para entrar en el mercado laboral. La Confederación Española de Cajas de Ahorros (CECA) indica que el binomio mujer-inmigrante es el candidato tipo.

Entidades como Caixa Galicia, sin embargo, detectan un nuevo perfil en las peticiones recibidas. De inmigrantes o personas con nacionalidad española con bajo nivel formativo y mayores de 45 años, han pasado a jóvenes (la mayoría, españoles), con un nivel formativo medio-alto y con ideas empresariales más especializadas. Un cambio que atribuyen al contexto económico actual, donde la demanda del primer colectivo ha caído al tener menos expectativas de desarrollar un proyecto. Las solicitudes del segundo, en cambio, han aumentando. ¿El motivo? En épocas de bonanza no se planteaban trabajar por cuenta propia o accedían sin mayores dificultades a las vías ordinarias de crédito.

Una aclaración. Si alguien se identifica con alguno de los perfiles mencionados, no significa que vaya a obtener, de manera automática, el préstamo. La pieza clave que determinará el éxito es haber puesto en marcha un plan de empresa creíble y solvente.¿Por qué? En el 95% de las ocasiones el único aval solicitado es la garantía personal.

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