Emprendedoras por necesidad

Las mujeres han sido las más castigadas por la crisis. Se han destruido más empresas creadas por emprendedoras (35%) que por hombres (22%) y el emprendimiento femenino en 2009 apenas representa el 37,4% de las nuevas iniciativas, cuando el año anterior llegó al 43%.

NEGOCIOS FEMENINOS

El género también condiciona el tipo de actividad que se pone en marcha. Así, según datos del Programa de Apoyo Empresarial a las Mujeres (PAEM) 2009, el emprendimiento femenino se concentra fundamentalmente en el sector servicios. Las mujeres apuestan mayoritariamente por comercios de prendas de vestir, bares y cafeterías (41,1%); seguidos de actividades profesionales como enseñanza, psicología o servicios de sanidad (25,3%) y personales como peluquerías y centros de belleza (14,5%).

ROMPIENDO ESQUEMAS

En ese pequeño porcentaje emprendedoras que crean negocios en actividades considerados tradicionalmente masculinos, como los talleres de coches, se encuentran Pilar García Millán y Sagrario Fernández, fundadoras de Tugasóleo Sapi, una firma de distribución de gasóleo a domicilio. Ellas se metieron a empresarias por pura necesidad, ya que “la empresa en la que trabajábamos, que realizaba esta misma actividad, tuvo que cerrar. Conocíamos el mercado y teníamos algunos clientes de la anterior empresa. Decidimos capitalizar el paro y aprovechar la oportunidad”, explican. La crisis está afectando a la evolución del negocio. “Los pedidos se han reducido a la mitad, el precio del petróleo ha subido mucho y tenemos como competencia a grandes empresas –dicen–, pero seguimos captando clientes. Nos va muy bien”.

También por obligación ha creado su negocio María Cortés, que fundó a finales de año la firma Cortés Ortiz Abogados. “Me decidí porque lo que me ofrecían en el mercado laboral no cumplía mis expectativas y tengo la formación adecuada para crear mi propia empresa. He estudiado Derecho y Administración y Dirección de Empresas y tengo un máster en Banca. El despacho tampoco requiere grandes inversiones y veo que este servicio no se ve tan afectado por la crisis. Hay menos divorcios, pero hay problemas con los acreedores y con las comunidades de vecinos”, explica esta emprendedora de apenas 27 años. Su confianza en el futuro es tal que ha escogido una ubicación a pie de calle en lugar del clásico despacho y no ha dudado en gastar dinero en publicidad (folletos y anuncios en periódicos de barrio) para captar clientes. “No tengo clientela propia y me parece más fácil hacerlo apostando por un modelo más empresarial que el clásico despacho de abogados”, añade.

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