Precauciones para no derrapar

Audacia, sorpresa, creatividad, adelantarse a la competencia... Los ingredientes del marketing en estos primeros años del siglo XXI son estos y muchos más. Sin embargo, hay una clave que destaca por encima de todas: ¡la rapidez!, que se desarrolla con detalle en el libro Speed Marketing.

Las grandes empresas dejan libres muchos huecos de mercado que les es imposible explotar. Llegar a determinados nichos sería para ellos un coste que ni siquiera se plantean. Éstos son huecos que pueden ocupar las pymes emprendedoras sin tener que enfrentarse a los grandes competidores. Ocupan un mercado tan reducido que, casi siempre, no despiertan las apetencias de las grandes corporaciones. Esto les permite sobrevivir en mercados que, en muchas ocasiones, son de una muy alta rentabilidad.

LA REINVENCIÓN PERMANENTE

La sociedad y mercado están en continuo movimiento. La tarea del emprendedor (la de antes, la de ahora y la de siempre) consiste en detectar sin demora todos estos cambios y adaptar lo antes posible la oferta de sus empresas a los mismos. En este punto, también tenemos una posición privilegiada para ganar la partida a los muy mullidos y apoltronados directores de marketing de muchas grandes compañías, más lentos y burocráticos.
Este concepto, el de la reinvención permanente, está en la base de Tuenti. Así nos lo confesaba el californiano Zaryn Dentzel, consejero delegado de la red social: “Sólo llevamos dos años desde que nacimos y ya pensamos en reinventarnos. Internet va demasiado rápido”. Lo que está claro es que, con esta filosofía, Tuenti podrá cometer errores, pero nunca el de quedarse obsoleto. ¡Tomemos ejemplo!

PRECAUCIONES PARA NO DERRAPAR

Speed Marketing no significa actuar con rapidez porque sí. Una cosa es la rapidez y otra, muy distinta, la precipitación sin sentido. Las decisiones aceleradas nos pueden hacer caer en varios errores, como los siguientes:

Ser visionario no sirve de nada si te anticipas demasiado y no tienes recursos. Cuando se produjo la primera burbuja de las puntocom, algunos empresarios perdieron mucho dinero en negocios que ahora tendrían (y tienen) éxito: no había ancho de banda, ni costumbre de uso cotidiano del portátil o del PC para formarse en el trabajo, o para informarse de determinadas cosas. Era temprano. Demasiado temprano.

Ser impetuoso. Hay que ser ágil, pero meditar mucho el sentido de tus movimientos. Meditar como en el ajedrez y correr como el atleta de fondo. Un exceso de ímpetu hará que, como un elefante en cacharrería, tires todo por el suelo a la menor decisión.

Ser pasional. Una empresa es algo muy serio y hay que encontrar el equilibrio entre la pasión y la razón. Hacer lo que te gusta sí es empresarialmente rentable.

Nadie fía a los poetas. Los bancos no pueden fiar a un poeta que ejecuta un plan de negocio. No sabe. Si vende poesía o no, está claro que la venta no es su negocio.

UNA OBVIEDAD QUE MUCHOS OLVIDAN

Muchas de las técnicas que aparecen en el libro tienen como objetivo llamar la atención del consumidor. Pero lo cierto es que hay un exceso de ruido en el mercado, y al cliente cada vez le cuesta más fijarse en las propuestas verdaderamente originales y novedosas. Los gurús del marketing Al Ries y Jack Trout afirmaban en su mítico libro Las 22 leyes inmutables del marketing que no hay nada peor para un mal producto que hacerle un buen marketing. ¡Sabia reflexión! Y añaden: “La historia está repleta de fracasos de marketing que triunfaron en la prensa”.

Al final, por muy ingenioso que sea tu marketing, por muy simpáticas y emocionales que sean tus campañas de publicidad, si tu producto o servicio no es bueno el público se va a sentir estafado. De nada sirve un buen marketing si te olvidas de su esencia: la calidad. Una obviedad que pasan por alto muchos que se las dan de expertos en marketing y que no son más que vendedores de humo.

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