Estudia bien el país

Antes de decidirte por el proveedor, conviene valorar la situación real del país. Existen unos riesgos sociales y políticos que no debes minimizar, porque pueden poner en peligro tu inversión.

Entre los primeros hay que estudiar la posible inestabilidad social, el peso de los sindicatos, el grado de absentismo, el nivel de cualificación de la mano de obra… Entre los segundos, los riesgos de nacionalización, de posibles revueltas civiles, acuerdos comerciales previos con otros países que pueden encarecer a posteriori el negocio. Además, de las guías editadas por la cámara de comercio, por las Ofecomes y por el ICEX, también existen empresas que te pueden facilitar informes más detallados sobre oportunidades de negocio del país y los posibles riesgos financieros y políticos inherentes. De entre ellas destacan @rating Coface y Cesce (Compañía Española de Seguros de Crédito a la Exportación).

Pero, además, te interesa conocer todas las ayudas fiscales y legales que ofrecen los países a los posibles inversores extranjeros, porque ante dos países potencialmente interesantes, puede haber más facilidades en materia de desgravación fiscal, de eliminación de tasas, de reducción de costes, de ayudas a la implantación en uno que en otros… Por otro lado, no está de más que te informes sobre la cultura, el protocolo y las costumbres del país al que te vas a dirigir. Puedes consultarlos en Executive Planet y en The Internacional Business Etiquette Internet Sourcebook.

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