¿Podríamos vivir sin nuclear?

De momento, y aún en espera de cual sea el desenlace en Fukushima, el debate a escala mundial es si podríamos vivir sin energía nuclear, o, dicho de otro modo, que ocurriría si tuviéramos que prescindir de ella.

UNA ENERGÍA CON MUCHO PESO

No resultaría fácil. Los 443 reactores atómicos en el mundo producen el 16% de la electricidad, un ratio que sube al 75% en el caso de Francia o al 20% en Estados Unidos: una energía barata, sin problemas de suministro (no se depende de dictaduras petroleras) y muy estable para el sistema. Es la electricidad más barata y la que más aporta al sistema por unidad de potencia instalada. Pese a que las ocho centrales españoles suponen sólo el 7,56% de la potencia total instalada, según el Foro Nuclear produjeron el año pasado el 20,21% de la electricidad. Esto porque están activas más tiempo que las demás. En 2010 las nucleares españolas trabajaron 7.946 horas, el 90% del tiempo.

Además, no emiten ni un gramo de CO2, lo que las hace imprescindibles para cumplir con los objetivos de Kioto. La industria eléctrica mundial emitió en 2009 hasta 9.000 millones de toneladas de CO2 a la atmósfera. Sin las nucleares las emisiones hubieran sido de 11.000 millones.

NUEVOS REACTORES

Aún así, algunos países si parecen comprometidos a parar sus programas nucleares. Es el caso de Italia, que ha decidido repensarlo, y Alemania, que ha abandonado su proyecto de revisar la moratoria e iniciar un programa de construcción de nuevos reactores. “También Japón, que pensaba subir el peso de lo nuclear en su electricidad del 30% al 50%, ha cancelado el programa”, asegura Carlos Bravo, experto de Greenpeace.

Puede que sean dos casos aislados. El resto de Europa, desde Francia a Finlandia, no han dicho nada de parar sus programas. En EE UU, con dos reactores en construcción, el presidente Barack Obama acaba de decir que la nuclear “seguirá siendo vital para llegar a unas fuentes energéticas limpias”. El pasado 28 de marzo la NCR (Nuclear Regulatory Commission) daba luz verde a la construcción de dos nuevos reactores en Vogtle, Georgia”. Fuera de Europa y EE UU, la idea es seguir. Pese a que China, con 13 centrales, anunciaba después del tsunami su intención de suspender la construcción de 28 centrales en proyecto, se duda que ello vaya a suceder; sigue adelante con las 48 ya en construcción. Rusia ha anunciado que no ve razones para parar los 10 reactores que tiene en proyecto.

PARAR LAS CENTRALES NUCLEARES MÁS VIEJAS
Otro efecto de Fukushima es que podría acelerar la jubilación de los reactores más antiguos, cuyo funcionamiento estaba previsto prorrogar. Al menos es lo que se ha decidido en Alemania, donde Merkel ha optado por dar marcha atrás a su decisión del 2010 de extender en ocho años el plazo de vigencia de los siete reactores construidos antes de 1980. Algunos sectores creen que hasta eso va a ser difícil de cumplir y que la canciller no tendrá más remedio que aprobar la prórroga. Los siete reactores producen cerca del 9% de la electricidad en el país. Pararlos de golpe es impensable. Este problema es general.

ENTRE LAS RENOVABLES Y EL GAS

Las renovables necesitan un hervor. La euforia de los inversores está justificada sólo en parte. Dado que las renovables –eólica y solar– tienen fuertes limitaciones ya que no garantizan un suministro seguro e ininterrumpido 24 horas al día y 365 días al año, el cierre de reactores nucleares obligaría a su sustitución básicamente por centrales de ciclo combinado de gas. Aún cuando la potencia eólica instalada en el mundo creció un 107% entre el 2007 y el 2010 y se instalaron en el 2009 7.200 Mw de nueva potencia fotovoltaica (igual que cinco o seis reactores nucleares), estas fuentes de energía no pueden superar, de momento (por precio y seguridad de suministro), el 35% o 40% del mix energético en la producción de electricidad. “Por cada Kw de removibles tienes que tener un kilovatio de una energía más estable” explica Ortega, de Tecnatom.

EL GAS GANA FUERZA

Teniendo en cuenta todo esto, el papel que juega ahora la nuclear lo tendría que jugar el gas. Pero, sería un paso atrás. Precisamente, la apuesta de los últimos años por la electricidad nuclear vino provocada por los problemas generados por el gas natural, una energía que se ha hecho más cara y tiene un funcionamiento más rígido que el petróleo (no hay mercado spot y los contratos se firman a muy largo plazo).

El gas también provoca mayor dependencia que el crudo. La razón de que la canciller alemana Angela Merkel pretendiera retomar el programa nuclear en Alemania fueron los problemas con Rusia. Las divergencias entre este país y Ucrania dejaron por dos veces a Alemania, en pleno invierno, sin gas. Al otro lado del Atlántico, también Brasil tuvo que ceder a las exigencias de Bolivia bajo amenaza del corte de suministro. Además, explica Legarda, “pasar del gas a la nuclear llevaría a la emisión de más CO2.”

Pero, si la nuclear se ve frenada, o recortada, el gas cobraría aún mayor importancia. La situación, en total, es muy delicada ya que según la Agencia Internacional de la Energía, el consumo de energía crecerá nada menos que un 50% en los próximos 20 años.

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