Grandes que despiertan pasiones

Una lovemark puede ser una marca, producto, ciudad o persona. Te explicamos algunos ejemplos:

Harley-Davidson. Quien compra una Harley, no lo hace porque piense que es la mejor moto del mercado, sino porque quiere formar parte de una comunidad, porque se identifica con el halo de rebeldía, libertad y carretera que lleva asociado. Han creado, además, el mundo Harley, con líneas de ropa, circuitos y encuentros internacionales.

Apple. Nunca hablan de tecnología, sino de calidad a la hora de escuchar música, de utilizar un teléfono, de manejar un ordenador. Juegan con la exclusividad, sus adeptos son capaces de hacer enormes colas para ser los primeros en conseguir las últimas novedades al precio que sea, que nunca es poco.

Coca Cola. No refresca más que otros productos gaseosos ni tiene propiedades mágicas y, sin embargo, ha sabido vincularse con valores superiores –como la felicidad y el ocio–, escuchar a sus adeptos y rectificar, como ocurrió cuando apostaron por un nuevo sabor. A pesar del batacazo económico, el retorno al classic coke les ha granjeado la fidelidad de los suyos, que se han sentido escuchados y valorados.

Barça. Mes que un club, dice su eslogan y, efectivamente, en los últimos tiempos los colores del Barça van más allá de la simple adhesión a unos resultados deportivos. Su reciente asociación con Unicef ha roto con los moldes de los clubes de fútbol y le ha hecho una marca más amable, más solidaria, más comprometida.

Mahou. Es otra forma de apasionamiento, en este caso podríamos llamarlo lovemark local o geográfico. La marca de cervezas madrileña ha creado adhesión más allá de la lógica y gracias a esa estrategia han ido expandiéndose por los destinos vacacionales más habituales de los madrileños que la piden allá donde vayan. Un ejemplo de fidelización intemporal.

Greenpeace. Una forma de lovemark social. Aunque no tengan ánimo de lucro, a cualquier ONG le interesa adquirir esa categoría de adhesión inquebrantable por parte de sus socios y de reconocimiento porque es la forma de alcanzar mejor sus logros. Además de por su defensa de la naturaleza, Greenpeace ya se ha convertido en sinónimo de ecología activa y luchadora y sus miembros perciben que hacen algo positivo.

Nueva York. Es la ciudad lovemark por excelencia, no en vano es la que originó el famoso eslogan I love NY, que es ya en sí mismo una lovemark.

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