Cuando compartir es ganar

La crisis ha incrementado una práctica que, aunque ya se realizaba con anterioridad, no convencía a todo el mundo: compartir oficina. Desde 200 euros al mes, cualquier autónomo o pyme puede disponer de un espacio y unos servicios profesionales que les harán grandes.

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Muchos autónomos y pequeños empresarios han encontrado en el coworking un entorno profesional más productivo que trabajar desde sus casas.

Elena González es un claro ejemplo de los beneficios del coworking o cotrabajo. Desde hace mes y medio, esta diseñadora gráfica trabaja junto con otros coworkers en una página sobre educación sexual para los jóvenes. “Los otros dos autónomos con los que estoy desarrollando el proyecto están en mi misma oficina y aunque no nos conocíamos antes, la verdad es que nos llevamos todos bien; así que decidimos colaborar”, reconoce.
No se trata de un caso excepcional. Las sinergias laborales son habituales en unos entornos donde convergen todo tipo de profesionales. Ayudarse en pequeñas actividades o resolverse dudas es habitual en estos espacios.

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El coworking, un modelo importado, cómo no, de Estados Unidos, es una evolución de la oficina compartida en la que el ahorro de costes es su principal aliciente, lo que no es nada desdeñable en tiempo de crisis. Desde el sector se señala que compartir local puede llevar a las empresas a tener unos ahorros de hasta un 60% en gastos fijos como la electricidad, la limpieza o el teléfono. Y no digamos ya en el alquiler: en ciudades como Madrid o Barcelona contar con un lugar de trabajo fijo en un centro coworking ronda los 300 euros, un precio bastante asequible que incluso se abarata en pequeños municipios como Elche o Gijón, donde apenas supera los 200 euros.

Las posibilidades de ahorro son aún mayores si uno tiene un trabajo flexible, ya que se puede alquilar un puesto de trabajo por días o contratar sólo determinados servicios. Y para los autónomos que piensen que es preferible el hogar, desde Garage30 tienen un consejo: “Es un error recortar costes quedándose a trabajar en casa existiendo nuevos modelos de oficina que pueden conseguir y hacer que tu empresa crezca y tus proyectos se hagan realidad”.

Precisamente fue el fundador de ese centro de coworking, Raúl Andrés, el pionero de esta modalidad laboral en España. “En 2004 se creó una academia por las tardes y cómo por la mañana la oficina estaba vacía se decidió cambiar de estrategia: pasar de estar solo y con muchos gastos a cuestas a pertenecer a un grupo y compartir no sólo gastos, sino principalmente conocimientos y recursos para lograr hacer cosas nuevas y diferentes”, rememora.

Y es que el dinero, aunque importante, no lo es todo. Si ahorrar costes y crear sinergias laborales son aspectos muy llamativos del coworking, no son los únicos. “Compartir oficina nos hace sentirnos menos solos en nuestro día a día y con mayor apoyo para afrontar un proyecto”, afirma Cristina Martínez-Sandoval, gestora de Gracia Work Center. De hecho, el disponer de gente con la que hablar es una de las grandes demandas de los autónomos y lo que lleva a muchos a dejar la comodidad del hogar para abandonar ese aislamiento laboral. “Es recurrente el comentario de que están ‘deseando salir de casa’, tener un espacio para recibir a clientes y separar vida laboral de vida privada”, comentan sobre los coworkers Iván Logra y Diana Díaz Montón, de Loft to Work.

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Además, el trabajo en casa exige una gran disciplina que, en ocasiones, es difícil conseguir, por las distracciones propias del hogar. “El coworking permite la creación de rutinas más habituales, como poder fijarte un horario o estandarizar el tiempo de trabajo”, asegura Enrique Urreta, de CINC.

Por si fueran pocas ventajas, ahí va otra: la buena imagen. Un aspecto fundamental de trabajar en una oficina es que, a diferencia del hogar, se puede recibir a clientes en el propio lugar de trabajo, dando una apariencia más profesional. Muchos autónomos optan incluso por reservar zonas en hoteles o centros de negocios para sus reuniones laborales, al no disponer de un centro laboral propio, aspecto que se supera con las oficinas compartidas.

LA CRISIS, UN ARMA DE DOBLE FILO
Parece claro que el coworking es una opción de lo más recomendable, y más cuando la crisis no da tregua. De hecho, se podría pensar que desde que la economía va tan mal, el negocio de las oficinas compartidas se ha disparado. En cierto modo es así, pues muchas pequeñas empresas han visto en esta opción la mejor vía para ahorrar costes fijos. Sin embargo, en el caso de los profesionales liberales, la cosa cambia: cuando uno es su propio jefe, la necesidad de no gastar es tal que se prefiere someter un entorno profesional por el ahorro que supone instalarse en su propia casa.

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En el propio hogar, además, uno gana en privacidad. En las oficinas compartidas se comparte todo, las conversaciones fluyen por temáticas de sectores variados y hacer negocios privados puede resultar complicado (y más cuando éstos tienen cierto componente secreto). Un inconveniente que se hace mayor cuando el que se sienta a tu lado de tu mismo sector, vamos, de la competencia. Muchas empresas recelan de compartir oficina con otras cuyas líneas de trabajo puedan interponerse con las suyas, pudiendo incluso llegar a “robarse” ideas, clientes o contactos que no siempre se quieren intercambiar. Por eso, muchos centros en España optan por la diversificación de los coworkers y en sus oficinas se encuentran trabajadores de sectores de los más variados.

APTO PARA LOS MÁS CREATIVOS E INNOVADORES
Sin embargo, ya hay una serie de colectivos que conocen muy bien este sistema y son quienes más lo utilizan y se adaptan a él. Emprendedores con negocios innovadores (generalmente del sector tecnológico) y autónomos creativos (diseñadores web, periodistas, arquitectos…) son los profesionales que más se están volcando con este estilo de trabajo. Tal es la acogida entre este tipo de trabajadores que algunos centros de coworking, como Loft to Work, han centrado su negocio en concentrar perfiles con profesiones creativas: “Consideramos que esta decisión favorece tanto el ambiente de trabajo, pues tenemos rutinas y metodologías similares, como el intercambio de ideas y proyectos”, aseguran.

Así lo han entendido profesionales como Javier Encinas, gerente de Serpasat Instalaciones. Dos coworkers con los que comparte espacio estaban trabajando en los aspectos creativos (grafismos, animación, web informativa) de un evento, y requerían de alguien de confianza para realizar toda la instalación de audiovisuales; contar con él fue lo más fácil y satisfactorio. “Ha sido como tener de repente una gran empresa que se ocupa de todo, cada uno en nuestro campo, y fue todo rodado teniendo a tu colaborador en la mesa de al lado”, confiesa, mientras reconoce que en otras ocasiones “ellos me han ayudado a mí con mi página web, estrategias de marketing online o con el diseño de mi publicidad”.

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En el caso de las pymes la aceptación de este estilo laboral también es buena, una corriente que, para algunos, ya resulta imparable: “En un futuro la gran empresa lo verá como una forma de retroalimentar el talento y obtener valor de maneras no planeadas”, considera Raúl Andrés, de Garage30.

Baste rescatar un dato del empuje del coworking en Europa; si en 2008 el número de centros era de 22 en todo el territorio continental, en 2008 ya ha alcanzado los 120, según un informe presentado por la compañía tecnológica Tech4i2, durante el Coworking Europe, primer encuentro europeo del sector. En el mismo se señala que el 87% de los coworkers han conseguido iniciar un proyecto con otros profesionales con los que comparten espacio y hasta un 66% aseguran que estar en una oficina compartida estimula su creatividad en beneficio de su negocio.

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