Seniors al mando del timón

Frente a la tendencia al rejuvenecimiento de las cúpulas directivas, algunas empresarios españoles se niegan a jubilarse y optan por seguir en el timón después de los 80 u 85 años. ¿Por qué? ¿Qué aportan?

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De izquierda a derecha: Ingvar Kamprad, José Luis Colomer Hernández, Warren Buffet, Rupert Murdoch, José Lladó Fernández-Urrutia, José Ferrer Sala, Fernando Asua Álvarez, Carlos Pérez de Bricio, Kirk Kerkorian, Bautista Soler Crespo, Harold Burson, José David Álvarez, Emilio Botín, Summer Redstone, Hugh Hefner, Juan Celaya Letamendi, Juan Miguel Villar Mir y Salvador Gabarró.

En España, donde las empresas prejubilan a sus directivos a los 55 años y algunos códigos de buen gobierno fijan los 65 como tope de edad para sus presidentes, era de esperar que quedaran ya muy pocos empresarios de edad avanzada. Y, sin embargo, no es así. La nómina de presidentes y empresarios, con edades entre los 75 y los 90 años, al timón de sus empresas no ha parado de crecer.

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Pese a que la edad media de los número uno en nuestro país está entre los 50 y los 65 años, nos encontramos ahora mismo con decenas de presidentes de más de 75 años, entre los que destacan Emilio Botín (Santander), Isidoro Álvarez (El Corte Inglés), Salvador Gabarró (Gas Natural) o Juan Lladó (Técnicas Reunidas). Presidentes estos, entre los 75 y 77, más bien jóvenes cuando se les compara con una generación ascendente de empresarios con 85 o 90 años que parecen haber decidido desafiar las convenciones no escritas sobre límites de edad. Es el caso de Juan Celaya (Cegasa), 91 años; José Luis Colomer (Pryconsa), 86 años; David Álvarez (Eulen), 82 o Juan Miguel Villar Mir (OHL), 80. Tan sólida parece, de hecho, la tendencia que el Gobierno no tuvo inconveniente en nombrar hace dos años para la presidencia de RTVE a Alberto Oliart, entonces con 81 años, una decisión que sorprendió de tal modo a algunos medios que estos no dudaron en calificarlo de “octogenario” o “anciano”.

El poder de las canas

Esta no es, sin embargo, la única señal de que los seniors se estarían rebelando contra las presiones para que dejen paso. Sorprende también la abultada nómina de presidentes de edad avanzada sin heredero asignado, algo impensable hace 10 años. “Se está volviendo a poner en valor a toda una generación que tiene mucho que aportar. Se ha comprobado que es un craso error eliminar a personas excelentes, sólo por edad, sobre todo cuando eso no supone ninguna rémora a su actividad”, explica Maite Palomo, profesora de Liderazgo de ESIC.

De momento, la mayor parte de los muy veteranos en activo son fundadores que tienen la suerte de dirigir empresas en óptima situación, han podido resistir así exitosamente las presiones para retirarse y, según apunta Pedro Gioya, del Instituto de Liderazgo “poseen un carisma que los hace difícilmente sustituibles“. Pero, no es menos cierto que se han venido sumando a la tendencia ejecutivos profesionales como Fernando Asúa, vicepresidente del Santander (79 años), Carlos Pérez de Bricio, que resistió como presidente de Cepsa hasta los 81 años, o Salvador Gabarró, nombrado presidente de Gas Natural con 69 años. De hecho, Gabarró se encontraba por entonces medio jubilado tras dejar el máximo cargo ejecutivo en Roca al cumplir los 65.

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Los expertos apuntan la posibilidad de que la nueva moda gerontocrática esté llegando desde el exterior. La nómina de altos ejecutivos octogenarios y hasta nonagenarios en compañías multinacionales empieza a llamar la atención. En Estados Unidos destacan figuras –seniors muy hiperactivos– como Kirk Kerkorian (Tracinda), 94 años; Summer Redstone (Viacom), 88 años; Harold Burson (Burson-Marsteller), 90 años; Warren Buffet (Berkshire Hathaway), 81 años; o el incombustible Hugh Hefner (Playboy), que con 85 años sigue siendo editor in chief. Fuera de Estados Unidos destacan el también archifamoso Rupert Murdoch (News Corp), 80 años; o Ingvar Kamprad, el fundador de Ikea, de 85 años.

Jubilarse es morir

Todo esto no significa que los presidentes y empresarios con ganas de quedarse tengan el camino libre. Mientras los fundadores se ven sometidos a la presión de sucesores con el Síndrome del Príncipe Carlos, muchas compañías internacionales, según explicaba USAToday, “siguen fijando el limite de los 65 años como estrategia para impulsar la competencia entre los posibles candidatos”. De hecho, una encuesta de CTPartners a 158 empresas daba como resultado que “en el 47% de estas nunca contrataría a un CEO de 72 años”.

Quizá por eso Gloria Pérez Serrano, catedrática de la UNED y directora de su programa UNED-Senior, se muestre escéptica. “No veo que la tendencia a rejuvenecer las cúpulas se haya reducido. La presión a favor de los profesionales jóvenes sigue muy fuerte. Otra cosa es que algunos personajes, de especial relevancia y valor, logren seguir al mando”.

Muchas son las razones de estos veteranos para no irse a su casa, pero la real, la de verdad, es que no quieren marcharse. Así de simple. “El que ha sido un emprendedor – apunta Maite Palomo, de ESIC–, lo sigue siendo, va en su ADN, y le resulta imposible decir dejo de ser presidente y me dedico al ocio”.

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