Los pilares normativos

El pasado mes de julio, el Partido Popular presentó en el Congreso la proposición de Ley de Apoyo a los Emprendedores. Hemos hablado con varios expertos para recoger sus ideas y escribir una especie de carta a los Reyes Magos con algunas de sus sugerencias.

1. Una cuestión de concepto. Llámame emprendedor

Según el texto, emprendedor es “aquella persona que está iniciando una actividad económica con independencia de la forma jurídica que adopte”. Pero, según Sebastián Reyna, secretario general de la Unión de Profesionales y Trabajadores Autónomos (UPTA), “hay que limitar que una gran empresa pueda montar una sociedad con un particular y considerarla como una actividad emprendedora, porque de lo contrario estaríamos concentrando las ayudas en grandes empresas y no en las que realmente lo necesitan”. En su opinión, “deberían quedar exceptuadas las sociedades en las que tengan una participación significativa (por ejemplo el 25%) otras sociedades con un capital superior a los 300.000 euros o más de 15 trabajadores”. De lo contrario, “podríamos estar utilizando erróneamente la figura del emprendedor, porque en el fondo no se trataría más que de una sociedad instrumental”.

Xavier Vallhonrat, presidente de la Asociación Española de Franquiciadores (AEF), considera que “se podría mantener la existencia de sociedades siempre y cuando se pusiese alguna limitación que impidiese la entrada de sociedades de otras empresas ya consolidadas”. Lorenzo Amor, presidente de la Federación Nacional de Asociaciones de Trabajadores Autónomos (ATA), añade que “las ayudas han de aplicarse sobre las personas emprendedoras, independientemente de la forma jurídica que escojan”. Coincidiendo con Amor, Iñaki Ortega, coordinador de economía del PP en el País Vasco y gerente de Madrid Emprende, señala que “el emprendedor no es sólo una figura personal, porque mañana es una pyme y pasado puede llegar a ser una gran empresa”. No obstante, Emilio Abel de la Cruz, secretario general de la Federación de Empresarios de La Rioja (FER), puntualiza que “cuando se habla de cumplir las leyes, debería diferenciarse entre autónomos, pymes y grandes empresas. Pedir lo mismo a un autónomo que a Telefónica no tiene sentido”.

2. Simplificar es la clave. Menos papeleo

Para Sebastián Reyna, todas las medidas para reducir trámites son positivas, pero admite que “no hay grandes novedades, porque, en general, ya está regulado casi todo. A la hora de crear una empresa, el problema administrativo no está en la constitución sino en las licencias, cuando es necesario una instalación física. Donde tenemos el verdadero cuello de botella es en las licencias de apertura, de obra y todo tipo de licencias municipales o autonómicas cuando se trata de ejercer una actividad a través de una instalación especifica, sea industrial, o sea de servicios o sea comercial”. Desde ATA, Lorenzo Amor propone “que se puedan conceder licencias de apertura exprés, aunque luego vengan las correspondientes revisiones, inspecciones y demás trámites correspondientes”. También sugiere la creación de la figura o la institución del Defensor del Autónomo para facilitar estos y otros tipos de trámites, porque considera que “hoy en día para un autónomo denunciar, por ejemplo, una competencia desleal es un trámite muy complicado, cuando a lo mejor podría existir esa figura o esa oficina del defensor donde el autónomo pudiera presentar sus quejas en todos los sectores y donde una sola figura sería la que recogiera todas las quejas de todas las materias desde administración”.

3. Consolidación empresarial. Calcio para las pymes

Lo que más echan en falta los expertos a los que hemos consultado es un apoyo constante que alimente las empresas ya creadas. Como explica Alejandro Palacios, asesor jurídico en la Asociación de Jóvenes Empresarios de Madrid (AJE), “una de las quejas más frecuentes de los empresarios es que hay ciertas iniciativas y ayudas iniciales encaminadas a la constitución de empresas, pero luego se les deja un poco de la mano. Se les incentiva inicialmente pero la verdadera lucha empieza al cabo de dos o tres años, cuando tratan de mantenerse en el mercado, porque es ahí donde se sienten más solos”. En esta línea también se manifiesta Miguel Errasti, presidente de la Asociación Nacional de Empresas de Internet (ANEI), al afirmar que “lo que no puede ser es que caiga un exceso de regulación de multiplicación de gestiones administrativas y al final todas las facilidades que te dan para superar los primeros tramos te esperan en un futuro sin resolver”.

Con la intención de reforzar este aspecto, Palacios plantea la creación de “alguna entidad dedicada a tutelar a aquellas empresas que ya llevan un recorrido de un año o dos y ponerles en contacto incluso con otras empresas que les puedan ayudar, es decir, que hagan un poco de padres”. Sugiere que “empresas que ya están asentadas en el mercado puedan asumir la responsabilidad de ayudar a otras empresas que están empezando”.

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