Versátiles, humanistas, aventureros, creadores… Así son los nuevos emprendedores ‘renacentistas’

Estas cualidades tan propias de un Da Vinci o de un Galileo Galilei son rasgos que también definen a los y las emprendedores de hoy en día. Parece que estamos asistiendo a un nuevo Renacimiento. Conozcamos los paralelismos.

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¿Qué tienen en común un Erasmo de Rotterdam, un Bocaccio, un Cervantes, un Rafael o un Miguel Ángel con un Elon Musk, un Jeff Bezzos, un Larry Page o un Mark Zuckerberg? Más de cinco siglos les separan, pero todos ellos han sabido disrumpir su mundo, su sector, su disciplina para introducir conceptos nuevos y nuevas reglas en aras de eso que llaman progreso. Rompedores, innovadores, polifacéticos… Son capaces de dominar varias artes y ciencias, se preocupan por la sociedad y ponen al ser humano en el centro de todos sus actos. El resultado: una nueva concepción del hombre y del mundo. El emprendedor siempre ha sido un motor de creatividad y de avance, pero esta última crisis ha configurado un nuevo panorama social, económico y empresarial que se asemeja mucho al que existía cuando surgió el Renacimiento. Veámoslo.

Contexto histórico

El Renacimiento engloba una etapa histórica que arranca en el siglo XV y llega hasta el siglo XVII. Surge como una reacción natural contra la rigidez de pensamiento de la Edad Media, que limitaba cualquier forma libre de pensamiento e imponía el teocentrismo como base de todo el conocimiento humano. Frente a esta estrechez de miras, empezó a fraguarse a finales del XIV, pero especialmente en el arranque del siglo XV, un movimiento liberador que apostaba firmemente por el humanismo y por la investigación en el campo de la ciencia. En el germen de este movimiento estuvo también la llamada “la gran crisis”: una confluencia de peste, escasez de alimentos y grandes conflictos bélicos como la guerra de los Cien Años que dejó el continente europeo diezmado demográfica y económicamente.

Algo parecido ha ocurrido en los últimos años. Como recuerda Juan Pastor, profesor de Creatividad e Innovación y mentor de EOI, “el contexto en el que vivimos se asemeja al contexto histórico del renacimiento: tras la crisis económica, social y ecológica que hemos vivido se ha producido un cambio en la figura del emprendedor. Yo llevo trabajando en emprendimiento desde 1998 y a raíz de la crisis es cuando se ha producido la explosión e incluso la saturación de esta figura. El renacimiento no se definió hasta después del renacimiento. Todos los que trabajamos en innovación percibimos un cambio estructural que, estoy convencido, se verá más adelante”.

En efecto, la “gran crisis” que hemos vivido en los últimos años ha traído consigo un cambio de modelo productivo, una reivindicación de la vuelta a los valores sociales y humanos y un cambio en el comportamiento del consumidor, que incluye la aparición de conceptos antes impensables como el sharing o el crowd, que han alterado y están alterando la manera de entender sectores tan tradicionales como el de la movilidad, el de las finanzas o el de la propiedad inmobiliaria.

Nuevo fenómeno social

Entre las consecuencias que tuvo este cambio de mentalidad y esta reacción frente a lo establecido, se produce el alumbramiento de una nueva clase social, la burguesía, que venía a romper el férreo status quo que defendían a ultranza el clero y la nobleza para mantener sus privilegios frente al vulgo, el pueblo llano encargado de las tareas físicas, que abarcaban desde el trabajo de la tierra, hasta la pesca, la artesanía o la ganadería. Los grandes descubrimientos, la ruta de las especias y el auge de las ciudades que se produjeron a lo largo de todo el siglo XV auparon a una clase de comerciantes y prestamistas o banqueros que actuaban como intermediarios entre el viejo y el nuevo mundo y que fueron adquiriendo cada vez más poder y más importancia tanto económica como social.

En estos tiempos hemos asistido también a una convulsión social. Una de las consecuencias más críticas que ha acarreado la crisis que hemos vivido ha sido la polarización económica cada vez más extrema entre las clases ricas que se han hecho más ricas y las clases pobres que se han hecho más pobres. La temida desaparición de la clase media que parecía vislumbrarse en lo más álgido de la recesión, afortunadamente parece que no se ha producido, al menos no del todo. Y en esta transformación social, hemos asistido a la reivindicación del oficio de emprendedor como la salvación mágica para muchos de los profesionales abocados a las listas del paro. De hecho, la tasa de autoempleo durante la crisis experimentó un importante repunte y en más de una ocasión se ha llegado incluso a hablar de auténtica burbuja del emprendimiento. Sea como sea, lo que sí es cierto es que a día de hoy ya los estudiantes empiezan a contemplar la opción de emprender como una opción real de futuro frente a la clásica dicotomía entre el trabajo público y el asalariado.

Mecenas versus Business Angels

La Florencia del siglo XV contempló con entusiasmo y asombro el encumbramiento de una familia tan emblemática como los Médicis que dieron pleno sentido a la palabra mecenas. Junto a ellos también ejercieron este importante papel otros apellidos como los Strozzi, los Pazzi o los Bancazzi y más adelante, ya en el siglo XVI, los Uffizi. Banqueros, industriales y comerciantes, estas familias destinaban grandes cantidades de dinero a edificar palacios, reconstruir iglesias y sufragar obras escultóricas y pictóricas, favoreciendo la expansión y el desarrollo de la arquitectura, la escultura y la pintura como pocas veces antes y pocas veces después. Fra Angélico, Verrochio, Brunelleschi, Donatello, Piero de la Francesca, Botticelli o Guirlandaio fueron algunos de los artistas y humanistas que crecieron bajo su impulso.

Los Business Angels se han convertido en los mecenas de las startups actuales. “Antes de la crisis, la inversión en emprendedores e innovación procedía casi en exclusiva del estado y de los fondos públicos. La recesión trajo consigo el crecimiento de la figura de los Business Angels, los Family Offices y los fondos de inversión privados, más alineados con la idea que quieren poner en marcha los emprendedores”, explica Pastor.

Talleres de oficios frente a ecosistemas emprendedores

Siguiendo con Pastor, “el artista renacentista tenía una visión nómada y aventurera de la vida: iban de taller en taller para aprender nuevas técnicas y para encontrar mecenas que les financiasen sus obras. De hecho, no es extraño encontrar obras de los grandes artistas en Florencia, en Venecia, en Flandes o en algún rincón de España. Pero también es el apogeo de los centros de atracción multicultural donde se interrelacionan literatos, artistas y científicos de diferentes nacionalidades que coexisten en ambientes culturalmente ricos y estimulantes”.

Esto se conecta con el fenómeno actual de los knowmad: gente en movimiento constante que tiende a juntarse en determinadas ciudades que son ecosistemas propicios para el desarrollo emprendedor. Al igual que entonces ocurría con Florencia, Venecia o París, que reunían a los más granado del arte y la cultura, ahora tenemos un Silicon Valley, un Silicon Alley, un Barcelona Tech City o demás ecosistemas. “Igual que se juntaban entonces los artistas en ciudades propicias para el desarrollo artístico, donde había talleres, mecenas, protectores… el emprendedor tiende a concentrarse en determinados puntos, donde se reúnen Business Angel, aceleradoras, espacios de coworking, talento… Es lo que ocurre ahora con los ecosistemas emprendedores. Y ese afán multicultural de la figura renacentista también tiene su correlato con los miles de eventos de emprendedores, de inversores, las charlas TED, las startup weekend … son eventos donde los emprendedores pueden acceder rápidamente al talento y al conocimiento universal”, explica Pastor.

El triunfo de la versatilidad y la multidisciplinariedad

“En el Renacimiento hubo una transición de las estructuras de aprendizaje. En la Edad Media era mucho mas dogmática y cerrada y en los siguientes siglos buscan aprender en otros ámbitos y picar y profundizar en distintas disciplinas”, insiste Pastor. Es el boom de las personalidades polifacéticas como un Leonardo da Vinci, físico, químico, matemático, óptico, geólogo, biólogo urbanista, capaz de hacer un tratado de anatomía, diseñar un prototipo antecesor del autogiro o pintar una obra tan emblemática como la Gioconda.

Ahora ocurre igual: frente al boom de la especialización máxima y la estanqueidad, de un tiempo a esta parte se reivindica la versatilidad y la capacidad de tantear distintas disciplinas como una habilidad máxima. Si alguien emprende en moda tiene que saber de tecnología, de negocio… “Es la visión puramente renacentista de dominar distintas disciplinas que se interrelacionan”, concluye Pastor. “En la mayoría de las ocasiones, un emprendedor está siempre ojo avizor y está pensando en muchos proyectos que le gustaría desarrollar. La definición es que tiene que ser inquieto. Por ello, muchos emprendedores están en un proyecto y les gusta acabarlo y empezar otro, incluso aunque sean de materias muy distintas”, explica Ignacio Santamartina, director del master en Emprendeduría e Innovación del EAE Business School. Algo en lo que coincide Nacho Mateo, chief of Investor Relations del IE Business School : “los emprendedores son más versátiles, tocan distintas áreas y no solo negocios. Son más equilibrados y están muy bien preparados en diferentes áreas. Saben un poco de ventas, de marketing, de operativa… Frente a la visión anterior donde los negocios buscan especializarse en áreas concretas, los millenials tienen inquietudes en distintas áreas y están preparados técnica y humanamente para afrontarlas”

Creatividad y experimentación

La creatividad y la experimentación son elementos fundamentales del desarrollo en el momento del Renacimiento y en el momento actual. Desde mediados del siglo XVI y gran parte del siglo XVII, es decir lo que sería el tardío Renacimiento, se produce la gran revolución científica con una serie de descubrimientos que cambiaron el curso de la ciencia y las ideas, dando lugar a la edad moderna. Desde Copérnico hasta Newton, pasando por Galileo, Descartes, Pascal o Bacon, pocas veces confluyeron a un mismo tiempo tantas eminencias intelectuales lo que acabaría desembocando en múltiples inventos y descubrimientos: desde el anteojo al microscopio, desde el descubrimiento de la circulación de la sangre a las manchas solares… El fin era el mismo: explicar racionalmente todas las verdades que hasta entonces eran inmutables. En cuanto a la creatividad, el Renacimiento coincide con la Edad de Oro artística en casi todos los países y disciplinas. Rafael, Miguel Ángel, Leonardo, Tintoretto, Cervantes, El Greco o Velázquez, entre otros.

Tras ese periodo, pocas veces en la historia hemos vuelto a asistir a la reivindicación de la creatividad y la innovación como ocurre hoy en día. “Incluso en el discurso de la robotización y la industria 4.0 los perfiles más demandados van a ser los creativos. Una definición de creatividad es resolución de problemas de una forma novedosas. Y la cantidad de problemas que hay que resolver actualmente tienen que venir por la vía de la capacidad creativa”, explica Pastor. Jobs es el primero en hacer que los ingenieros desarrollen a partir de lo que los diseñadores proponen. La derivada industrial del arte es el diseño. Y estamos viendo el boom del diseño a todos los niveles.

En cuanto a la experimentación, ahora ocurre lo mismo: se reivindica el probar, experimentar, fallar… Volviendo con Pastor, “antes de la crisis, las grandes empresas estaban ahí, las grandes estructuras eran inamovibles, a nivel político el bipartidismo parecía indestructible, todo era muy estanco… Ahora con el momento maker y el lean startup se pone en el centro el valor de la experimentación como elemento básico, la innovación, la interacción con el usuario, la prueba/error...”

Concepción ética y humanismo

En la Edad Media Dios estaba en el centro y en el Renacimiento está el hombre y el planeta. Con su célebre El Discurso del Método, René Descartes se convierte en la cabeza visible de un movimiento que aboga por defender la premisa fundamental de convertir al hombre en dueño y señor del mundo y la naturaleza. Este humanismo contribuye a propagar nuevas ideas religiosas que cuestionaban el orden establecido y condenaban los excesos eclesiásticos de las épocas anteriores dando origen al movimiento reformista y a una nueva concepción ética del universo, con una preocupación por los grandes problemas sociales y humanos.

Y eso lo vemos también en nuestros días. “Los emprendedores de ahora van más allá de los objetivos del negocio. Buscan soluciones a los grandes problemas de la humanidad que en gran medida se asemejan mucho a los llamados Objetivos del Milenio impulsados por la ONU. Muchos emprendedores buscan la satisfacción personal más allá de la puramente económica”, reivindica Mateo.

A nivel personal esa preocupación que trasciende lo puramente material se traduce en las grandes aportaciones altruistas y en la apuesta por una vida sana y deportiva. De hecho, no es casualidad que muchos emprendedores participen en retos deportivos y pruebas extremas como el triatlón o el Ironman. “Ejemplos claros de este prototipo lo tenemos a nivle mundial en un Elon Musk, con un estilo de vida saludable, obsesionado con los “grandes” problemas de la humanidad, como las incursiones a Marte, como futura salida necesaria para el ser humano. Y a nivel español tenemos, por ejemplo, a un Ander Michelena que tras el éxito de Ticketbits y su venta, sigue montando proyectos y ayudando a otros emprendedores”, insiste Mateo.

En efecto, hay una responsabilidad en el emprendedor para que el consumo se realice preservando el planeta. Existe una concepción ética importante que exige ver más allá de la rentabilidad del negocio, analizando el impacto social y ecológico de la empresa. “No puede ir la innovación y la creatividad por un lado y los derechos y el medio ambiente por otro. La ética es fundamental”, concluye Pastor.

Revoluciones paralelas

La invención de la imprenta por Guttemberg en 1440 marca el inicio de la Edad Moderna y supone la primera gran revolución cultural e industrial, precursora de las grandes revoluciones de la edad contemporánea inauguradas con el descubrimiento de la máquina de vapor. Vino precedida por el desarrollo de algunas técnicas innovadoras como la xilografía (grabado sobre madera), la metalografía (grabado sobre metal) y la producción de papel a base de pasta de tela, en sustitución del pergamino. Representa un antes y un después en la difusión del conocimiento y del pensamiento, al permitir que la cultura y el saber llegue a todas las clases sociales, escapando de los gruesos muros de los conventos y las escribanías donde estaban circunscritos hasta entonces.

Hoy asistimos a la que se ha dado en llamar la cuarta revolución industrial, la de Internet y las nuevas tecnologías. Representa un cambio de paradigma tanto en la forma de trabajar como en la forma de entender el mundo y sobre todo en la forma de acceder al conocimiento. Es una de las olas más disruptivas que ha conocido la humanidad. Gracias al cloud y el software as a service todo el mundo tiene acceso a las nuevas tecnologías y todo el mundo puede emprender, esto está dando lugar a innovación en distintos sectores y está permitiendo que el emprendimiento crezca de forma sostenible. Y al igual que ocurrió con el descubrimiento de la imprenta, esta gran revolución industrial también vino precedida de pequeños avances como el desarrollo de la informática, los sistemas operativos y la computerización doméstica.

Con el mundo por montera

Con la imprenta, la universalidad adquiere un nuevo sentido: permitió la expansión de la cultura y el conocimiento más allá de las fronteras nacionales, favoreciendo la difusión de nuevos conceptos y nuevas formas de entender el mundo por todos los rincones del planeta, lo que contribuyó a la consolidación del movimiento renacentista en puntos tan distantes como Borgoña, Flandes, Florencia, Venecia, Alemania, Rusia, Turquía o por supuesto España y la aparición de este nuevo mundo con sus nuevas clases sociales y sus nuevos conceptos fundamentales.

En la actualidad, internet y las nuevas tecnologías permiten conectar cualquier rincón del planeta a golpe de clic. Hoy los negocios digitales nacen ya globales, las videoconferencias posibilitan reuniones con clientes que están en el último rincón del mundo, es posible vender en China, Rusia, Estados Unidos, Chile o Madagascar desde el salón de tu casa con una buena web y una buena conexión… Es la nueva globalidad.

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