Los conventos se suman al ecommerce para que les salgan las cuentas

Donaciones, acuerdos con empresas, hospedería y la elaboración y venta de productos artesanales son las principales fuentes de ingresos para sustentar los conventos y la vida de quienes los habitan. También para ellos las cosas se complican por eso empiezan a adaptarse a los cambios.

 
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Al cierre del año 2018, el número total de conventos y monasterios registrados en España era 35 masculinos, con un total de 470 integrantes, y 748 femeninos, con un total de 8.881 integrantes. En total 9.171 personas dedicadas, por este orden, a la oración y la vida contemplativa. Si a esta comunidad les formulas la pregunta ¿de qué viven?, la respuesta mayoritaria será: de la providencia, convencidos de que la gracia divina estará ahí cuando se necesite.

Pero lo cierto es que cada vez son más los monasterios y conventos que se ven obligados a ‘bajar la persiana’. Según recogía un artículo publicado en 2017 en Vida Nueva, la media de desaparición de conventos y monasterios en España iba a un ritmo de uno por mes. Ahora parece que se ha frenado pero, por si acaso, conviene explorar nuevas vías de ingresos en el mercado laico. No obstante, también el trabajo forma parte de la jornada monástica, aunque le antecedan, en el orden de prioridades, la oración y el silencio. De aquí que las actividades económicas elegidas se orienten a los trabajos artesanos manuales más que a los netamente intelectuales y comerciales.

Pero ahora que las vocaciones disminuyen y los patrones de consumo han cambiado, no pueden depender solo de un goteo de clientes bienintencionados que se acerquen al despacho del convento para retirar un paquete de dulces del torno. Así no se sustenta ni el mantenimiento de un convento ni la manutención de quienes lo habitan ni el pago de las cuotas a la Seguridad Social como autónomos, que es el régimen en el que tributan la inmensa mayoría.

De aquí que gran parte de los conventos hayan decidido ponerse las pilas y adaptarse a los tiempos sin esperar al rescate de los donativos. Una noticia que llamó la atención el año pasado fue la campaña de crowdfunding puesta en marcha por la congregación religiosa de las Carmelitas Descalzas al objeto de conseguir financiación para acondicionar el milenario convento de Ocaña y convertirlo en “casa de espiritualidad y acogida para todos aquellos que quieran tener un encuentro personal con el Señor”, es decir, abrirlo a la hospedería.

Las vías de ingreso

Según cuenta Agustín de Asís, secretario general de la Fundación De Clausura , cuatro son las principales vías de ingresos en un convento. La primera, hace un tiempo, eran las donaciones tanto de particulares como de empresas pero que hoy está en claro declive. La segunda es la elaboración y venta de productos, con la repostería a la cabeza. El catálogo, sin embargo, ofrece también labores de bordado, cerámica, artículos s naturales para salud y belleza e incluso productos musicales que suelen interpretar los miembros de la comunidad religiosa. Más desconocida es la venta de servicios para otras empresas, como puede ser la digitalización de documentos u otros trabajos de ejecución mecánica. Aclara, no obstante, Agustín de Asís, que no todas las órdenes y conventos están interesadas en suscribir acuerdos de colaboración con grandes empresas dado el volumen de los pedidos y el ritmo de trabajo que imponen en detrimento de la actividad monacal.

Un tercer canal de ingresos que cobra cada año más fuerza es el de la hospedería abriendo sus puertas a cualquiera que busque pasar una temporada en un ambiente tranquilo y de meditación. La última que línea que cita de Asís, también en crecimiento, es la petición de oraciones de particulares que llegan de todas las partes del mundo a los conventos y monasterios.

Ayudar a estas instituciones a canalizar, de forma desinteresada, todas estas vías de ingresos es una de las funciones que lleva a cabo la Fundación De Clausura que quiere ayudarles a difundir la riqueza de la vida contemplativa, primero, y a su sostenibilidad económica, después. En la parte que aquí nos atañe, la actividad emprendedora, De Clausura se organiza a modo de marketplace en el que se aglutina la venta de artículos de distinta procedencia, con las cosas más típicas de cada convento. En 2019 han ayudado a 42 monasterios. En 2018, apoyaron a 48. Un total de 480 clientes particulares adquirieron los productos conventuales de manera online. Entre los clientes había 39 empresas durante el ejercicio pasado.

Algo similar hacen en la Asociación Contemplare otra de las organizaciones que se ofrece para difundir la riqueza de la vida contemplativa a la vez que buscan canales de venta para los productos de los conventos. En este sentido, afirman estar en contacto con un centenar de monasterios y comercializar un millar de productos. El servicio contempla reparto a domicilio con envíos en 24 horas.

Dulces con sabor a pueblo con “algo de cielo”

Pero hay también conventos que funcionan al margen de los intermediarios, montando y gestionando ecommerce por su cuenta. “Ello va a depender de la media de edad del convento”, aclara Agustín de Asís, quien calcula entre los 55 y 60 años la media general. “Los hay, sin embargo, con lista de espera como, el de Santa Teresa de Ávila. Iniciativas como la venta online o la de unirse a las redes se dan entre las más jóvenes”.

Un ejemplo lo encontramos en Las Clarisas de Marchena (Sevilla) quienes, a través de su página web, venden de todo. “Los dulces de las monjas no saben a fábrica, a industrialización. Saben a casa y horno de pueblo con algo de cielo”, puede leerse en su página.

En cuanto a la venta y distribución de los mismos, el compromiso es realizar envíos a toda España y a Portugal, Francia, Italia y más países. El pago puede hacerse con tarjeta pero también a través de la pasarela PayPal.

Otro caso es el de El bazar el convento, el nombre con el que han bautizado su ecommerce las Hermanas Carmelitas Samaritanas del Corazón de Jesús. Además de vender, suman seguidores en sus perfiles en Instagram, Facebook y Twitter. Aquí, el catálogo de productos a la venta se abre, además de los dulces tradicionales, a la ropa para el hogar con cuidadosos bordados, librería, cuidados naturales y ornamentos. En cualquier caso, el componente que se repite es “el cariño y el amor que ponemos en idearlos, producirlos y prepararlos para ti. Es parte de todo lo que hacemos por y para el motor de nuestras vidas: Jesús”.

En lo que respeta a los envíos, los realizan a través de una agencia “con una tarifa plana de 4,95€ que se añade al finalizar el proceso de compra. Los gastos son gratuitos en compras superiores a 90€”. Piden, eso sí, cierta paciencia para recibir los pedidos, entre 24 y 48 horas, sin reparto en fin de semana. “No olvidemos que, en ninguno de estos casos, el negocio es un fin en sí mismo. A ellas les vale con cobrar lo suficiente para mantenerse al día porque, igual ni a ti ni a mi nos funciona eso de la providencia, pero la verdad es que a ellas sí”, concluye Asís.

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