Los cobot: los robots amigos del hombre

Cobótica es el término acuñado para referir la colaboración entre los humanos y los robots en los entornos de trabajo, un aspecto considerado crítico en la transformación digital de las industrias.

 
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Un cobot es un robot creado para interactuar de forma colaborativa y físicamente con humanos en un entorno de trabajo. Desde que fueran inventados y patentados en 1996 por J. Edward Colgate y Michael Peshkin, su uso es cada vez más frecuente en la plantas de fabricación de aquellas empresas que apuestan por su transformación digital. En la empresa pontevedresa Humat Cobotics se refieren a la cobótica como “la nueva robótica” donde “el cobot trabaja a tu lado para facilitar los trabajos más mecánicos, repetitivos o de desgaste”.

La utilidad de los cobots se aplica especialmente a la cadena de producción, dentro de entornos industriales, una vez demostrada su capacidad para impulsar la productividad. Un estudio realizado por investigadores del MIT afirma que los equipos más productivos estaban compuestos por personas y cobots trabajando juntos. Estos equipos de colaboración no solo funcionaron más eficientemente que los humanos o los robots solos, sino que el proceso de colaboración redujo el tiempo de inactividad de los empleados en un 85%.

En cuanto a las principales diferencias que lo separan del robot tradicional, en Universal Robots señalan que, entre otras, que, mientras que un robot industrial “produce de forma masiva, ocupa mucho espacio y, a menudo, permanece en una posición fija”, en el caso de un cobot “es compacto y ocupa poco espacio. Además, se puede reubicar en cualquier lugar sin ningún tipo de problemas”.

La misma empresa habla también de razones de seguridad a la hora de decantarse por uno u otro modelo. “Los robots industriales, por su actividad intensiva, en ocasiones pueden resultar peligrosos. Por esto, no pueden instalarse sin barreras de seguridad que protejan a las personas. La ausencia de sensores de fuerza (que dota al robot de la capacidad de conocer su entorno y que le permite detenerse automáticamente en caso de una intrusión en su espacio), sumado a su elevado peso, convierte a los robots industriales en herramientas potencialmente peligrosas” argumentan. Por el contrario, “los cobots están equipados con sensores que les permiten detenerse en caso de obstrucción o necesidad. Gracias a su ligero peso, un choque no tendría por qué ser peligroso”.

El otro argumento a favor del uso de un cobot en la industria es su versatilidad. Entre las múltiples tareas que pueden desarrollarse con la ayuda de un cobot están, por ejemplo, el empaquetado y paletizado, atornillado, pulido, análisis de laboratorio, supervisión de maquinaria, pegado, dispensado y soldadura o controles de calidad. “Generalmente se dedican a realizar los trabajos más repetitivos y manuales, pero también pueden encargarse de trabajos que suponen un riesgo para los operarios, como el manejo de piezas cortantes o trabajos en temperaturas hostiles”, afirman en la empresa Cade Cobots especializada en soluciones de robótica colaborativa orientada a las pymes . Aquí resaltan también, entras las propiedades de un cobot, la facilidad de programarlo a tiempo real de forma sencilla “sin necesidad de una alta cualificación o formación previa”.

En lo que respecta a su integración en la industria los cobots pueden ser de gran utilidad en empresas relacionadas con la automoción y la industria aeroespacial, electrónica, farmacéutica y química, plásticos y polímeros…pero también hay cobots recolectores de cosechas para el campo y usos menos industriales como el cobot bailarín de Universal Robot que actuó en el Teatro Nacional de Cataluña como pareja de baile junto a la coreógrafa Sol Picó o cobots capaces de prepararte una pizza.

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