Estados Unidos se despereza

Aunque más lentamente de lo que muchos esperaban y los estadounidenses deseaban, el país de las barras y estrellas empieza a salir del pozo. En un 2012 electoral, los retos que tiene por delante son importantes, pero hay indicadores esperanzadores.

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El consumo privado sigue tirando de la economía gracias a los incentivos fiscales. El año pasado, sólo la extensión de la prestación de desempleo y la reducción en un 2% de las aportaciones a la Seguridad Social elevaron la renta de las familias en 150.000 millones de dólares.

Veinte años no es nada”, decía el tango. Pero seguro que a Barack Obama los cuatro últimos le han supuesto toda una vida. Para él, para los 300 millones de estadounidenses y para el resto de los 6.800 millones de habitantes del planeta. En pleno año electoral, la crisis que ha asolado todo el mundo pasa su particular factura a la economía estadounidense.

Con un crecimiento frenado en los últimos meses, una polarización cada vez mayor entre ricos y pobres, una tasa de desempleo desconocida por aquellos lares y una deuda pública que supera el PIB nacional, son pocos los que se atreven a aventurar una reelección del candidato demócrata en los próximos comicios del 6 de noviembre. Aunque es verdad que pocos le culpan de la hecatombe, también lo es que sí le critican las medidas adoptadas para afrontarla y le hacen directamente culpable de la lentitud con la que el país está saliendo de la recesión. Conscientes de ello, tanto demócratas como republicanos están centrando su campaña electoral en el terreno económico, aunque en algunos aspectos con posturas diametralmente opuestas.

Pero, ¿se recupera o no? Estados Unidos es un país sorprendente. Epicentro del terremoto financiero que ha sacudido y sigue sacudiendo la economía mundial desde mediados del 2007, ha iniciado la senda de la recuperación mucho antes que algunas de sus víctimas colaterales. Es cierto que los datos de mediados del pasado año eran más esperanzadores que aquellos con los que finalizó, pero también es verdad que, aún con frenazos, sigue en números positivos “y lo que sí es seguro es que cuando salga de la crisis, lo hará antes que cualquiera de sus vecinos occidentales. En Europa estamos ante un año de incertidumbre política, financiera y económica que no sabemos cómo resolver”, afirma Josep Sayeras, profesor de Economía de Esade. Un problema, que, sin embargo, puede tener consecuencias también para la economía estadounidense, ya que muchos inversores de allí tienen deuda de aquí.

Los puntos fuertes

La razón de la diferente velocidad para salir del atolladero hay que buscarla, según todos los expertos, en una mentalidad también distinta: “En Estados Unidos y Asia se habla de oportunidades y de negocios, mientras que en Europa lo hacemos de derechos y de estado del bienestar. Allí están más pendientes de moverse, de crecer, viven con ilusión, con dinamismo, y eso se traduce en una actividad frenética”, señala Balbino Prieto, presidente del Club de Exportadores. También lo es que el dólar es la moneda de referencia internacional y que tiene un mercado unificado fiscal y políticamente de 300 millones de usuarios. ¿Cuáles son los puntos fuertes de la economía estadounidense?

-La reactivación del consumo. Este ha sido uno de los grandes motores del crecimiento de los últimos meses y no es un dato baladí, habida cuenta de que el consumo representa más de dos tercios del PIB. El reducido sistema fiscal estadounidense fija unos impuestos muy bajos y esta ligera presión fiscal permite a los hogares disponer de más dinero para el consumo privado y a las empresas contar con mayor liquidez. Precisamente esta levedad fiscal está en el punto de mira electoral. La reciente publicación de la declaración de la renta de uno de los candidatos a la nominación presidencial republicana, Mitt Rommey, ha reabierto un viejo debate: ¿por qué los ricos pagan tan pocos impuestos? Allí los más poderosos pagan de media sólo el 18% de sus ingresos en impuestos sobre la renta federal. Y esto es así porque la hacienda estadounidense permite que la mayor parte de los ingresos de los más ricos aparezcan como plusvalías, que son contempladas como un necesario motor económico. Esta laxitud hacia la gente más poderosa divide a republicanos y demócratas. Mientras los segundos abogan por reducir los impuestos a las empresas pequeñas y a los ciudadanos y por incrementarlos a los más ricos, los primeros defienden la necesidad de reducir los tipos impositivos a todos los ciudadanos, sin distinción.

Consumo incentivado

Volviendo al consumo privado, además, en los últimos años han recibido incentivos fiscales que según las últimas noticias se extenderán a 2012. Los más importantes son la extensión de la prestación de desempleo y la reducción en un 2% de las aportaciones a la Seguridad Social. Ambas medidas supusieron en 2011 incrementar la renta disponible de las familias en 150.000 millones de dólares, más del 1% del PIB estadounidense, lo que reactivó el consumo y, según el FMI, ésta parece que va a ser la tónica durante 2012. Ahora bien, como denuncia María Del Valle, analista del Consejo Superior de Cámaras de Comercio, “estos beneficios fiscales son importantes, pero es más urgente generar la confianza suficiente para que aumente la inversión y el consumo. Los últimos datos hablan de que se está en la senda correcta, pero no puede haber contradicciones”.

A la reactivación del consumo privado puede contribuir, como señala David Boronat, consejero delegado de Multiplica.com y gran conocedor del día a día de Silicon Valley donde trabaja desde hace dos años, “la escasa mentalidad de crisis que tiene la población estadounidense. Allí se ve más como un problema macroeconómico que como una cuestión cotidiana, mientras que en Europa el desánimo es general”.

-Tasas de interés cero. Las políticas monetarias expansivas, con el tipo de interés en el 0,25% o incluso el 0% no son comparables con el 1% o el 1,5% que se maneja en la Eurozona. “Esta política busca, además de la estabilidad de los precios, la creación de empleo y la reactivación de la economía, porque de esta manera los bancos pueden financiar préstamos y créditos”, explica Rafael Pampillón, director de Análisis Económico del IE Business School. A ello hay que unir las políticas fiscales y financieras y que los costes laborales son mucho más bajos. Allí son unos 50 estados con una moneda única, un único lenguaje, libre circulación de personas y mercancías. En Europa hay demasiadas individualidades. Según María del Valle, “las previsiones es que los tipos se mantengan bajos hasta final de 2013 y principios de 2014”.

-Crecimiento de las manufacturas y los servicios. Aunque las manufacturas representan un porcentaje muy pequeño del PIB estadounidense, tradicionalmente el indicador de su evolución (ISM Manufacturing Index) es considerado como un referente claro sobre la evolución económica del país. Por encima de 50 se considera que existe expansión, por debajo se habla de contracción. Pues bien, el ISM de diciembre pasado situó el indicador en 53,9 –bastante más de lo que esperaban los analistas–, lo que ha hecho respirar a los economistas y a los mercados financieros.

Las inyecciones económicas suministradas por el Gobierno de Obama a la industria del automóvil han tenido un efecto positivo inmediato. General Motors vuelve a liderar el mercado mundial y Chrysler y Ford han vuelto a números negros. A ello se unió el efecto de la política proteccionista Buy American, que implicaba sobre todo que la mayoría de las compras de acero debía hacerse a empresas norteamericanas. Esto ha estimulado el desarrollo del sector del automóvil, la tecnología punta y la biotecnología, hasta el punto de que, como proclamó el propio presidente en su discurso del estado de la Unión, “por primera vez desde finales de la década de los 90, las empresas manufactureras están creando nuevamente empleos”. En ese discurso, anunció su intención de beneficiar fiscal y financieramente a las empresas que fabriquen en Estados Unidos. El ISM no manufacturero (servicios) también creció, aunque por debajo de las previsiones de los analistas: alcanzó el 52,6%.

-Silicon Valley sigue siendo Silicon Valley. De momento, no hay quien le quite a EE UU el título de locomotora mundial tecnológica. La relación universidad-empresa sigue siendo importantísima. “La mitad de los tecnólogos europeos trabajan allí porque les dan todo tipo de facilidades, miman a los investigadores y la I+D se hace pegada a las empresas. El sector público investigador vive del privado”, señala Rafael Pampillón. Prueba de ello es que EE UU sigue encabezando el número de patentes que se registran en aquel país anualmente, (490.000) superando con creces las de toda la Unión Europea y bastante por delante de China y Japón, 391.177 y 344.598, respectivamente. Es cierto que China e India están pisando fuerte y que, como reconoce Del Valle, “se está produciendo una deslocalización de los centros de apoyo y logística a estos destinos, lo que puede provocar fuga de talento”. También lo es que China, por ejemplo, está destinando ingentes cantidades de dinero para innovación, pero las distancias aún son importantes: EE UU invierte 405.000 millones de dólares en innovación. China, 154.000 millones, Japón 140.000 millones y la UE, 294.000 millones de euros.

Para David Boronat, de Multiplica.com, “compañías como Facebook, Google o Apple permiten pensar que Estados Unidos –en especial Silicon Valley– tiene ganado el futuro de esta revolución digital, de la que no somos conscientes cómo cambiará el mundo en los próximos años. Silicon Valley está viviendo otro momento dulce. Tiene nuevas dimensiones por explorar: los smartphones, las redes sociales, las apps para tablets o smartTvs”.

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