Las ventajas del ‘Corporate Venture Capital’ para el crecimiento de las startups

El capital riesgo corporativo es una de las opciones de financiación más interesantes para las startups. No obstante, es una de las estrategias menos implementadas en España hasta ahora por grandes compañías. En cualquier caso, va a crecer de forma exponencial en los próximos años.

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Javier Megías.

Vivimos sin duda tiempos interesantes en el ecosistema emprendedor, en los que las startups tienen cada vez más opciones para financiarse y donde fondos internacionales de primer nivel se interesan por todo lo que sucede en España.

Y, sin duda, una de las opciones de financiación más interesantes para las startups es la del Corporate Venture Capital (CVC) o capital riesgo corporativo, bastante desconocido para muchas startups en nuestro país, pero que tiene una gran proyección internacional. Bajo este nombre se engloban las iniciativas de inversión en startups de grandes firmas y corporaciones, y aunque pueden estructurarse de formas diferentes, comparten dos características comunes:
- Aunque sin duda tienen un ánimo financiero y persiguen un retorno, éste no es el único elemento sobre el que se basan sus decisiones.
- El encaje estratégico con el negocio actual o futuro de la corporación tiene un peso muy relevante en la decisión de inversión.

Ventajas competitivas

Todo esto lleva a que, además de la propia inversión financiera, la compañía persigue beneficiarse de los productos, servicios o tecnología que la compañía desarrolla y generar opcionalidad de cara al futuro... por lo que aparecen nuevos condicionantes y elementos que el emprendedor debe conocer y entender.

Las iniciativas de CVC se engloban dentro de lo que las compañías denominan corporate venturing, y que persiguen conseguir ventajas competitivas capturando valor externo a la empresa a través de la colaboración (en diferentes formatos) con agentes del ecosistema emprendedor (puede incluir procesos de incubación, corporate venture capital, retos, hackatones, aceleración, procurement...)

Las motivaciones que empujan a una empresa a empezar un proceso de corporate venturing suelen ir alineadas con la necesidad de mantener su ventaja competitiva actual y mejorar sus procesos y productos, tanto actuales como futuros. Esto es especialmente relevante en los últimos tiempos, en los que las grandes corporaciones son cada vez más conscientes de los enormes desafíos y riesgos a los que se enfrentan y que provienen, no sólo de otras grandes corporaciones, sino también de nuevos players del mercado, como las startups. Esto se refleja con la previsión de que cerca del 50% de las compañías del índice S&P 500 serán reemplazadas en los próximos 10 años... un dato que preocupa, y mucho, al sector.

Por todo ello, estamos viviendo un importante incremento del número de iniciativas de corporate venturing, no sólo a nivel global sino también nacional. De hecho, en España algunas de las empresas más representativas de diversos sectores han decidido apostar fuerte por este tipo de iniciativas, como Telefónica, Bankinter, Mercadona, Repsol, Global Omnium, Ferrovial o Banco Sabadell o el programa BIND 4.0 del Gobierno Vasco…

Y aunque éstas son algunas de las iniciativas más conocidas, no son en absoluto las únicas, porque no sólo las grandes corporaciones han decidido apostar por este tipo de estrategias, sino que muchas empresas medianas y grandes han decidido abordar procesos de corporate venturing, aunque obviamente a otra escala y con un objetivo muy claro y medido.

Sin embargo, aunque empezamos a tener algunos ejemplos destacados de CVC en España, ésta sigue siendo una de las estrategias menos implementadas hasta el momento en el corporate venturing... algo natural dado que requiere una cierta madurez de la empresa. En cualquier caso, es algo que va a crecer de forma exponencial en los próximos años, dado que, si miramos las estadísticas de inversión en Estados Unidos, resulta enormemente llamativo que, por primera vez en 2018, el volumen de inversión en CVC ya superó a la inversión en venture capital tradicional.

¿Cómo funciona el CVC?

Por eso, es enormemente importante para cualquier startup comprender cómo funciona el CVC y cuáles son sus condicionantes y motivaciones, dado que seguramente será un formato de inversión clave en los próximos años.

Cuando una startup decide explorar una oportunidad de inversión con un CVC, en primer lugar, debe comprender perfectivamente cuál es la motivación y objetivo que persigue la inversión que quiere realizar la empresa, dado que esto cambiará mucho tanto el proceso como la relación futura con la empresa.

Por eso, atendiendo a lo cerca o lejos que se encuentre del core de negocio la actividad de la startup, podríamos clasificar las motivaciones en:

- Potenciar el core actual de negocio de la corporación a través de la colaboración con la startup, lo que debería generar un impacto en la cuenta de resultados a corto/medio plazo.

- Integrar tecnologías habilitadoras de la startup que permitirán mejorar procesos, time to market o crear nuevas líneas de negocio adyacentes.

- Explorar nuevas oportunidades en potenciales áreas de interés para la compañía en las que, aunque actualmente no son claves para su negocio, podrían llegar a serlo en el futuro.

Todo esto evidencia uno de los puntos más importantes que todo emprendedor debe comprender perfectamente cuando valora una inversión de venture capital: la principal motivación del inversor de CVC es estratégica, no únicamente financiera, lo que puede producir fricciones y problemas con inversores actuales de la compañía de corte financiero, que verán desalineados sus intereses respecto al nuevo inversor de CVC.

También inconvenientes

El hecho de contar con un fondo de CVC en la startup puede ser enormemente valioso, dado que, a menudo, además de aportar inversión, es capaz de ayudar en la generación de negocio y potenciar el crecimiento de la empresa, e incluso puede llegar a ser un posible comprador, pero esto, a su vez, puede tener una serie de inconvenientes que es necesario conocer:

-La startup puede acabar dependiendo demasiado a nivel de negocio de la corporación, lo que en la práctica no sólo es un riesgo para ella sino también para la corporate, ya que ha generado sin quererlo una empresa que le presta servicios demasiado dependiente de su operativa.

- El hecho de que haya un inversor de carácter ‘industrial’ en el accionariado de la startup podría complicar la entrada de nuevos socios financieros, dado que podrían percibir una desalineación de intereses, ya que el ‘juego’ es diferente: el inversor financiero quiere que la compañía crezca lo máximo posible y luego venderla, y el inversor corporate podría tener otros condicionantes de negocio.

- Como es normal, los tiempos con los que trabaja la startup y la corporate no tienen nada que ver, por lo que si la startup no está en el momento correcto (nunca al principio), podría agotar su caja en la negociación de un acuerdo o en unas operaciones que tarden demasiado en materializarse.

Sin embargo, tal como explicábamos antes, el tener inversión de un fondo de CVC puede aportar muchísimas ventajas a la compañía, no sólo en forma de negocio sino de apoyo en procesos clave de la startup y en acceso a mercado.

Al final, se trata de comprender y valorar cuidadosamente los pros y contras de cada tipo y, sobre todo, de diseñar un acuerdo de inversión que tenga en cuenta todos estos elementos y que incluya cláusulas que ayuden a gestionar los riesgos anteriores en el pacto de socios (lo que incluye posibles vetos, cláusulas de venta put y call o esquemas de mayorías a la hora de tomar determinadas decisiones, por ejemplo).

El CVC está aquí para quedarse y, en muchos casos, será una estupenda opción para determinadas startups... siempre que comprendan sus dinámicas, tiempos y condicionantes.

*Javier Megías, el autor de este artículo, es emprendedor e inversor apasionado por las startups y el emprendimiento. Es director del Programa de Startups de la Fundación Bankinter y cofundador de Startupxplore.

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