Ganar un concurso

En estos concursos no tienes que cantar o bailar, pero debes demostrar que tu empresa ofrece calidad a buen precio. ¿El premio? Un contrato con un pagador serio y seguro, además de notoriedad. 

Cuando se sopesa la idea de presentarse a un concurso público suele rondar por la cabeza una pregunta: ¿merece la pena el esfuerzo empleado en recopilar toda la documentación requerida por la Administración, invertir tiempo en la tramitación (y dinero en algunos casos) y armarse de paciencia para conseguir un contrato público? La respuesta es sí.

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En primer lugar, porque poner en tu currículo que uno de tus clientes es la Administración pública te dará prestigio y notoriedad. Además de la publicidad que conlleva.

Por otro lado, las Administraciones públicas son pagadores buenos y seguros. Buenos porque las cuantías de los presupuestos de los contratos resultan habitualmente generosas. Y seguros porque suelen ser relaciones profesionales continuas; si tu empresa mantiene el servicio con calidad y a buen precio, la Administración volverá a renovarte el contrato.

Y, por último, no olvides que lograr un contrato público te abre las puertas a otros, tanto públicos (de hecho, es un criterio de valoración muy importante) como privados.

Ahora o nunca

Si has pensado en licitar alguna vez, ahora es el momento. El próximo mes de mayo entrará en vigor la nueva Ley de Contratos del Sector Público, que aporta una mayor transparencia y agilidad en los farragosos papeleos burocráticos con el fin de facilitar el acceso a las convocatorias.

“Existen empresas que por ser pequeñas y no haber concursado nunca piensan que no van a conseguir la adjudicación. Es un error. No se pierde nada por intentarlo”, afirma Marina Bernaldo de Quirós, responsable de producción y documentación de concursos de Maninvest, empresa especializada en licitación pública. “Contratos públicos existen para todo tipo de empresas: pequeñas, medianas y grandes. Pero creo que la de tamaño medio es la que mejor cumple los requisitos y la que mejor se adapta a los requerimientos de la Administración”, añade María Arnedo del departamento de asesoramiento de Subastas y Concursos, empresa especializada en información y asesoría en la contratación pública.

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Los pasos a seguir

Te presentamos el manual del buen concursante: una serie de pasos que debes seguir al presentarte a un concurso. Clasificación. Esta fase define tu ámbito de contratación y concentra el 90% del papeleo y la burocracia. La clasificación de contratistas es un requisito indispensable para poder optar a la contratación de obras y servicios de presupues- to superior a 120.000 euros (ver cuadro sobre la nueva Ley).

“Se valora la experiencia de la empresa en la ejecución de contratos de características similares. También se tiene en cuenta su personal técnico, maquinaria y medios económicos. Aspectos que por supuesto debe acreditar documentalmente”, explica Eugenia Alberti, del área de tramitaciones de Maninvest.

La clasificación, concedida por la Junta Consultiva de Contratación Administrativa, dependiente del Ministerio de Economía y Hacienda, ubica a la empresa en una categoría, dentro de un grupo y un subgrupo, en función de los parámetros antes mencionados. Cuanto mejor sea la categoría obtenida, podrás optar a más y/o mejores concursos. La clasificación se tramita entre uno y dos meses y es de duración indefinida, aunque cada año se justifica la solvencia económica y financiera y cada tres, la técnica y profesional.

Contratos sin clasificación. Hay muchos contratos que no necesitan clasificación, como los de suministros; los concursos de obras y servicios con presupuestos inferiores al definido anteriormente; los de servicios financieros; los de ocio, tiempo libre, cultura y temas artísticos; los de formación y, por último, las consultorías que requieren asistencias técnicas.

Información. Diariamente se convocan unos 280 concursos. Y todos se publican en los boletines oficiales (estatales, autonómicos, locales, europe- os...). Selecciona los que realmente sean acordes con tu actividad, pero sobre todo con la clasificación obtenida. Existen buscadores especializados que envían a diario por e-mail todos los concursos publicados relacionados con la actividad y categoría obtenida. Preparación. Como orientación y punto de partida, estudia otras convocatorias anteriores similares al concurso que has seleccionado y conoce a tu competencia, es decir, a las empresas que se han presentado otros años y a las que han ganado.

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Los plazos de solicitudes. Los concursos más urgentes suelen tener un plazo de ocho días; los menos, de hasta 52. Pero lo habitual es contar entre 15 a 20 días para prepararlo todo. Eso sí, recuerda que siempre es mejor esperar a la siguiente convocatoria que ir con prisas. “Existen muchos fallos (algunos provocan la exclusión del concurso) por no leer correctamente los pliegos de condiciones”, aconseja Juana Molero, del departamento comercial y de atención al cliente de Subastas y Concursos.

Los pliegos incluyen toda la información que necesitas para presentarte a un concurso (plazos, contenido, criterios de valoración...). Siempre te van a pedir la documentación sobre la capacidad profesional, económica y fiscal de tu empresa. Mantenla al día.

Presentación. La forma de tramitar la documentación se especifica en los pliegos de condiciones. Actualmente, en muchos concursos, la Administración solicita la denominada garantía provisional, un filtro para evitar que las empresas acudan al concurso sin un objetivo serio. La garantía provisional es el 2% del importe de la licitación que se debe depositar mediante aval bancario, seguro de caución, cheque nominativo o ingreso en la cuenta del organismo (ver cuadro sobre nueva Ley).

“Ese importe le permite saber a la Administración que el lici- tador mantiene su oferta. Es su garantía de que va en serio”, explica Marina Bernaldo.

La fecha. La apertura de ofertas es un acto público al que acuden las empresas participantes. A las que son rechazadas, se les concede un plazo de tres días para subsanarlos. Adjudicación. En el plazo de 30 días se notifica la oferta ganadora. Si no lo has conseguido, vuelve a probar. “La actitud es seguir intentándolo. Y aprender de ello. Los competidores siempre están pendientes entre sí y resulta interesante porque son datos que les dan pistas sobre qué pueden mejorar”, confirma la responsable de concursos de Maninvest.

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Si lo ganas, ¡enhorabuena! Como adjudicatario del concurso, además de cumplir con el mismo, adquieres una nueva obligación. “Después de la adjudicación, la Administración devuelve la garantía provisional al resto de licitadores y al ganador del concurso le exige la garantía definitiva, que es el 4% del importe de la adjudicación (ver cuadro de la nueva ley), no de licitación, es decir, del precio final por el que se va a realizar la obra, suministro o servicio”, concluye Marina Bernaldo.

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