Lifestyle business. ¿Qué son y qué buscan estos emprendedores?

No quieren pasarse la vida trabajando para que se cumplan los sueños de otros, quieren hacer realidad los suyos. Para conseguirlo, conciben un plan de negocio orientado no a la viabilidad de una empresa, sino a su propia vida al objeto de vivir como les de la gana sin servidumbres económicas.

 
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Contaba recientemente Bosco Soler, impulsor y dinamizador de SinOficina, que en el momento en el que la comunidad alcance los 450-500 miembros -ahora son 350- su intención es parar. La razón por la que descarta escalar el negocio es tan sencilla como que, hacerlo, implicaría mayor responsabilidad y mucho más trabajo y no es eso lo que quiere. A Soler le gusta lanzar proyectos y rentabilizarlos, pero no para que le esclavicen, sino para que le proporcionen dinero suficiente para llevar el estilo de vida que le gusta, sin las renuncias a las que obliga la precariedad económica.

Como Bosco Soler, piensan la mayoría de los defensores del Lifestyle business, un tipo de emprendimiento cuyo cliente final es el mismo fundador, dado que la razón de emprender es alcanzar un nivel de ingresos suficiente para vivir como quieren. Pero no nos anticipemos, que ni son vagos ni el Ferrari es la meta. De hecho, muchos de ellos han renunciado a las ‘mieles’ de la empresa. “La razón por la que me marché fue personal. No me gustaba el futuro que me esperaba si seguía en Microsoft. Cuando me imaginaba como sería mi vida si todo hubiese seguido igual, me veía a los 40 años con una casa de tres dormitorios, un BMW descapotable y un labrador llamado Bing, pero sintiéndome profundamente infeliz porque había pasado los mejores años de mi vida trabajando en una oficina a cambio de un sueldo a fin de mes y 3 semanas de vacaciones. Y yo no quería eso”. Lo que quería Ángel Alegre, responsable de Vivir al Máximo , era “recorrer países remotos, vivir grandes aventuras y crear algo propio desde cero. Quería ver a mi familia más de dos semanas al año. Quería poder subirme a un avión en cualquier momento e irme a la otra punta del mundo. Quería libertad”.

Conforme a estas premisas, nada más lejos de este tipo de emprendedores que la intención de consolidar una empresa, escalarla y generar empleo. Lo suyo suelen ser negocios unipersonales, digitales, de bajo capital para arrancar y que monetizan "aportando valor" a una determinada comunidad. A las acusaciones de que eso, más que emprendimiento se asemeja a un autoempleo, Víctor Campuzano , experto en Growth Hacking, responde: “Bueno, si emprendedor es alguien que crea su propio camino y construye de la nada un modelo de negocio, lo explota y vive de él, entonces somos emprendedores. Ahora, si emprendedor es montar una empresa, convertirla en una corporación con muchos empleados o lanzar un producto que cambie el mundo, entonces la mayoría no somos emprendedores”.

La importancia de la comunidad

Gran parte de este tipo de emprendedores se decantan por los negocios digitales y el trabajo en remoto. Muchos de ellos se especializan en la creación de infoproductos, al objeto de generar ingresos pasivos, o en la formación online, un modelo de negocio altamente escalable, pero en el que no siempre impera la transparencia.

Asimismo, suelen agruparse en comunidades en las que, además de clientes, encuentran partners que les ayudan a suplir carencias. Bajo esta filosofía compartida, surgen cada vez más comunidades en el ecosistema emprendedor. El francés Franck Scipion, responsable de LifeStyle al Cuadrado , fue pionero en nuestro país creando una comunidad de knowmadas digitales y que ha dado lugar al nacimiento de su último proyecto: latransformateca donde dicen fabricar “negocios autogestionados” partiendo de la base de que “un negocio de éxito que te cuesta 60 horas de trabajo semanales es un mal negocio”. Pero a Scipion le ha salido ya mucha competencia. SinOficina es otra de las comunidades más populares o Sabandijers Club , una agrupación que se empeña en desenmascarar a 'vende humos' y en recordar que los negocios online no funcionan trabajando en el piloto automático desde una playa de Tailandia.

¿Son negocios rentables?

Obviamente, se trata de un tipo de emprendimiento que resulta muy poco o nada atractivo a los inversores por lo que, hacerlos sostenibles, requiere de la consecución rápida de clientes y de una facturación temprana. Esto hace que muchos desistan pronto del intento, pero los hay también que perseveran hasta facturar más de lo que necesitan. Valga como ejemplo Antonio G. Romero, responsable de Inteligencia Viajera, quien aseguraba a esta web que facturaba una media de 30.000 euros al mes -ahora supera ya los 43.000- trabajando solo dos días a la semana.

No obstante, no es la de G. Romero la realidad que pintan la mayoría de los que se han decantado por esta vía. “Ha habido semanas que he trabajado 12 o 14 horas al día, incluidos fines de semana, para sacar adelante mis webs y también he pasado algunas épocas de bastante estrés”, reconocía Ángel Alegre. Tampoco a Víctor Campuzano se le ocurren muchas fórmulas mágicas más allá "de la cultura del esfuerzo, aunque creo que mentiría también si dijese que solo trabajando mucho vas a triunfar. A veces intervienen la suerte y las circunstancias así que mejor olvidarse de cuentos de hadas y tratar de sacar el máximo provecho a las circunstancias de cada momento en lugar de esperar a que las cosas cambien".

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