Una pequeña guía para pymes y autónomos en una economía de trinchera

Alquileres que seguir pagando aunque el negocio se haya cerrado, pagos a los proveedores, cumplimiento con los créditos bancarios vivos, nóminas de los trabajadores….son solo algunos de los cálculos que están haciendo a muchas pymes y autónomos entrar en pánico económico ante la situación que se les avecina con la crisis del COVID-19.

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Cuenta Eduardo Flores, CEO de Mi director Financiero, que la principal pregunta que le plantean estos días sus clientes es: ¿Fernando, qué hago. Por dónde empiezo? Es la forma que tienen emprendedores y autónomos de expresar su desconcierto ante una situación inaudita en la que, de la noche a la mañana, se ha paralizado toda la actividad.

Acostumbrados como están en Mi Director Financiero a orientar a las empresas en temas de tesorería, talón de Aquiles de cualquier negocio, han confeccionado una pequeña guía en la que se recogen unas pautas básicas que cualquier pequeño negocio o autónomo debería adoptar en un plan a corto plazo, de 3 a 5 meses. Obviamente, dicho plan deber se flexible y susceptible de ajuste y personalización a cada empresa. En cuanto a las pautas principales que recomiendan en Mi director Financiero son estas:

El plan de tesorería

Aunque en Mi director Financiero suelen trabajar con planes a 1, 3 o 5 años con los clientes habituales, ahora entienden que es mejor atar corto porque las circunstancias requieren agilidad de reacción. De hecho, lo recomendable es olvidar los planes que tenías la pasada semana porque, lo más posible, es que a día de hoy no sirvan para nada. Ahora se trata de saber cuántos meses puedes sostener la empresa con los recursos disponibles a día de hoy, no a futuros. Para ello debes tener en cuenta:

-Los clientes que tienes pendientes de cobro: Hay que intentar asegurar el cobro de estos con todos los medios que el auntónomo o la PYME tenga al alcance. “Se encontrarán con varias excusas, como que están teletrabajando y no hay nadie que se encargue de eso. Una excusa como otra cualquiera pues para hacer una transferencia solo hay que entrar en internet, acceder al banco y mandar el dinero. Hay que lucharlo porque esto puede ser la salvación de tu empresa”, dice el CEO de Mi director financiero.

-Vigilar los pagos pendientes de los proveedores. En la misma línea que la anterior. Conviene recordar que el último que reclama una deuda suele ser el que menos probabilidades tiene de cobrarla.

-Atender los pagos inminentes a tus proveedores. De la misma forma que se recomienda reclamar cobros, se exige el cumplimiento con los pagos contraídos. “Al igual que quieres que te paguen debes pagar a aquellos proveedores cuyas facturas estén vencidas. Si tienes confianza con alguno de tus proveedores negocia retrasar el pago pero, como digo, tiene que ser una negociación, no un impago”, asegura Eduardo Flores.

-En caso de tener créditos vivos con entidades bancarias. Hasta ahora, las facilidades que está ofreciendo el sector de la banca son pocas. Muchas de las solicitudes para ampliar los periodos de carencia están siendo desestimadas. Aún así, Flores aconseja seguir intentándolo al objeto de liberar recursos para otros pagos más inmediatos “También puedes intentar una ampliación de las líneas de crédito”.

-Olvida cualquier gasto superfluo. Salvo tener asegurado el retorno de la inversión, lo aconsejable es aventurarse poco y guardar esos planes en el cajón hasta que escampe el temporal.

-Tira de sentido común. Aunque los negocios físicos se están viendo más afectados que el ecommerce, también en este última vertiente se están produciendo batacazos. Si lo que vendes son libros o productos de primera necesidad, igual podrías acometer una acción publicitarias para incentivar las ventas, pero si lo tuyo es material para celebrar fiestas, mejor espera.

-¿Hasta cuándo aguanto? También el sentido común parece recomendar monitorizar la evolución del negocio para bajar la persiana antes de que pueda resentirse la economía familiar.

¿Cuándo solicitar un ERTE?

ERTE son las siglas que corresponden a Expediente de Regulación Temporal de Empleo al que las empresas pueden acogerse en situación de fuerza mayor, como puede calificarse la actual. Su aplicación puede ser total o parcial, es decir, paralizar la actividad de la empresa de forma radical o reducir el tiempo de trabajo. En cualquier caso, implica un despido provisional de los trabajadores que, en situación de desempleados, pasan a percibir las prestaciones que les correspondan del Servicio Público de Empleo, es decir, el paro. El empresario se libera así del pago de las nóminas mientras dura la situación pero no se desvincula totalmente de la plantilla de trabajadores a quienes se supone que tiene intención de recuperar una vez se hayan normalizado las cosas. El trabajador, por su parte, sigue recibiendo algunos ingresos.

Temerosos de no poder afrontar todos los pagos pendientes, son muchos los empresarios que contemplan la posibilidad de acogerse a un ERTE convencidos de una mayor permisividad legal en el momento actual. En algunos casos, la medida parece justificada, pero también se corre riesgo de abusos. Nadie entendería a aquellas empresas que aprovecharan las circunstancias para sobrecargar las arcas del Estado en un momento de múltiples prioridades.

El otro problema que aprecia Fernando Flores es la posible desafección hacia la cultura empresarial de aquellos trabajadores que se hayan visto afectados por una medida de esta magnitud cuando no la vean justificada. “Mira con lupa qué vas a hacer con tu personal. Piensa que el despido no es la única opción pues, cuando esto pase, que pasará, no te puedes encontrar solo sin tu equipo. Lo mejor es incluir a los empleados en el momento actual para pedir su colaboración. Discute con ellos qué podéis hacer y cómo afrontar juntos estos momentos. Tienes que hacerle ver a tus trabajadores que la empresa es también su forma de vida así que también ellos tienen que hacer esfuerzos”, es la recomendación final de Eduardo Flores.

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