Cómo gestionar las emociones del emprendedor

Cuando emprender se puede convertir en un auténtico quebradero de cabeza

Paper craft Brain
Hiroshi Watanabe

Emprender es una montaña rusa de emociones: incertidumbre, miedo, inseguridad, enfado, soledad, euforia, impaciencia, frustración, estrés, desmotivación, inmadurez, dejadez… ¿cómo se gestiona todo eso?

No desvelamos misterio alguno si afirmamos que emprender es muy complicado, excesivamente complicado.

Aunque suene a broma, emprender no es solo cuestión de gestionar recursos humanos y financieros, de asumir riesgos y tomar decisiones –que ya es harto complejo–, sino que, además hay que saber gestionar las emociones, tanto las propias como las del equipo.

Para el primer reto, porque esto va de retos, podemos –y debemos– estar preparados, pero, para el segundo, ¿cómo nos preparamos para afrontar esa montaña rusa de emociones a las que se enfrentará –sí o sí– cualquier emprendedor en su aventura?

[Antes de continuar leyendo, te recomendamos que leas la entrevista que le hemos hecho a Mario Alonso Puig, el mayor especialista en desarrollo personal].

Gran carga emocional

“Los emprendedores nos enfrentamos a una gran cantidad de cambios emocionales, que un día te llevan a creerte el rey del mambo y, al siguiente, estás en el suelo y quieres dejarlo todo. Emprender implica una gran carga emocional. Además de las emociones propias de cada uno, el emprendedor se enfrenta también a las relacionadas con la gestión de personas, que, tal vez, son las más complejas, porque no solo afectan a empleados, sino también a socios, inversores, colaboradores, clientes… Sin olvidar también la gestión de las emociones relacionadas con la vida en pareja, familiares, amigos… que van muy unidas a la vida del emprendedor”, enumera Ángel María Herrera, fundador de Bubok, Iniciador, Samastah y LeemurApp.

Este emprendedor en serie considera, no solo necesario, sino obligatorio –por una cuestión de supervivencia–, formarse en la gestión de las emociones. “No dejaría que nadie emprendiera sin antes conocer este tipo de situaciones y saber gestionar las emociones que surgen en torno a ellas, porque puedes destrozar la vida de muchas personas”.

Emociones positivas

Sin duda alguna, la situación que vive un emprendedor es muy particular porque constantemente se está moviendo en un entorno de cambio y de incertidumbre: mercado, facturación, competencia, clientes…

“El cerebro percibe ese contexto como un peligro de la misma manera que una persona percibe el peligro de estar cerca de un león. Ante esa situación de incertidumbre, el cerebro reacciona de la mejor manera posible para protegernos físicamente y por eso aparecen las emociones de la rabia, el miedo, el estrés… Si lo vemos desde ese punto de vista, son emociones positivas porque su intención es protegernos. Ese miedo, que es una emoción adecuada, es bueno porque nos prepara para afrontar los desafíos que tenemos. El miedo genera en nuestro cerebro adrenalina y cortisol para que aumente nuestra capacidad de atención, de reacción, de concentración… El problema surge cuando ese miedo es tan grande que nos paraliza, nos bloquea… Lo que tenemos delante nos saca tanto de nuestra zona de confort que no somos capaces de conectar con los recursos que el emprendedor tiene para poder afrontar ese reto”, argumenta Rosa Cañamero, socia fundadora de Execoach.

Pero, ¿la causa de ese miedo, de esa incertidumbre, puede estar en la falta de formación y/o experiencia por parte del emprendedor a la hora de emprender? El miedo lo genera lo desconocido. Entonces, “cuando tienes que afrontar algo que desconoces, si no tienes los recursos necesarios, como la experiencia y/o la formación adecuada, eso hace que uno se sienta más inseguro, porque no voy a ser capaz de conseguir mi objetivo”, asegura Cañamero.

Man turning crank on different emotions inside of lottery ball cage head
John Holcroft

Emociones negativas

Además, añade esta experta, ese miedo, que podría ser controlado, se acentúa aún más si anticipas las consecuencias negativas de que eso pueda ocurrir. “Es decir, ante una misma situación, dos personas con el mismo conocimiento y la misma experiencia pueden sentir un miedo diferente. Lógicamente, cuando has vivido una experiencia antes, tienes menos miedo porque sabes cuál puede ser el peligro, el riesgo, las consecuencias”.

Cañamero recomienda la técnica de la visualización para afrontar esta situación: “Imagínate que lo estás viviendo una y otra vez y, a medida que lo vas haciendo, te permite estar más tranquilo para afrontarlo. Por ejemplo, una persona puede estar muy preparada para hablar en público, pero puede estar aterrorizada, porque en el diálogo interno que tiene en su cabeza solo hay cosas negativas”.

Criminalizar el miedo

Carla Sánchez, cofundadora de The Holistic Concept, añade además que ese miedo, esa incertidumbre que inunda el día a día de un proyecto, también se debe a que cuando arrancas y dejas todo lo que tenías antes para dedicarte por completo a un nuevo proyecto, da un vértigo enorme. “Y te planteas dudas como ¿qué seguridad tengo yo de que esto vaya a salir adelante? y si no sale adelante, te ves sin nada. Y ante eso, es normal que surjan dudas, miedos, inseguridades… Objetivamente, da miedo. Y por otro lado, en muchas ocasiones, te metes en negocios donde a lo mejor no dominas al cien por cien la materia y eso hace que tengas más estrés de lo normal. Lo ideal es saber rodearte de un equipo que esté especializado en las áreas que no dominas. Pero, para tener equipo necesitas recursos, que, probablemente, no tengas. Por eso, esto de emprender es muy complicado. Sería muy raro que un emprendedor no estuviera presionado y/o asustado”.

Para Sánchez, tampoco es cuestión de criminalizar ese miedo, porque “es lo que te puede dar un empujoncito, que te hace estar bien alerta, muy permeable, y si eres una persona consciente y rápida te darás cuenta de que te tendrás que formar, de que tendrás que esforzarte… Para eso, juegan un papel muy importante las aceleradoras, porque te ayudan mucho. En nuestro caso, fue la EOI, la que nos dio mucha seguridad a mi socia y a mi en los momentos más iniciales de nuestro proyecto”.

No obstante, esta experta en bienestar sostiene que cada persona y cada proyecto es un universo. “Ningún proyecto se parece a otro, principalmente, por las personas que lo gestionan. Cómo lo orienten, puede cambiar mucho. En base a la personalidad de cada emprendedor, la aventura tendrá un rostro u otro”.

Ponerse unos límites

Sánchez recomienda ponerse límites: “Cuando se emprende, la principal regla para gestionar esa montaña rusa de emociones es ponerse límites. Cuando haces un proyecto sobre el papel tiene un aspecto y cuando empiezas a ponerlo en pie y te enfrentas al mercado, a los clientes, a los competidores… te encuentras con un escenario completamente diferente. Ahí es cuando debes tener un plan para protegerte a ti misma, evitando, entre otra cosas, trabajar muchas horas, porque aunque creas que estás poniendo mucha energía, lo que ocurrirá con el tiempo es que acabarás agotada, quemada. Y la única manera de que un proyecto, del perfil que sea, tenga éxito o salga adelante es que las personas que están detrás tengan la energía suficiente para llevarlo a cabo y eso se consigue cuidándose mucho, durmiendo lo que tienes que dormir, comiendo bien, etc.”.

Carlos Polo, emprendedor en serie (NTS, Doocuments, Perpetuall y Salsa Bastarda) y business angels, recomienda marcarse unas líneas rojas. “Esto lo aprendí en un curso que hice en EEUU. Cuando uno emprende tiene que marcárselas. Pero esas líneas rojas no tienen que ser solo económicas, pueden ser familiares, psicológicas, de tiempo libre… las que uno considere. Y si las cruzas, lo tienes que dejar. No se pueden cruzar. El problema está cuando un emprendedor enamorado de su proyecto cree ciegamente en él y empieza a cruzar líneas rojas de relación personal, de relación familiar, económicas… Es, entonces, cuando surgen los problemas. Si, por ejemplo, rehipotecas tu casa para hacer frente a los pagos de tu empresa no solo es un problema tuyo sino también afecta a tu pareja. Muchas veces, olvidamos eso y desde una perspectiva egoísta pensamos que nos tienen que apoyar contra viento y marea. Y es necesario ponerse en la piel del otro. Apoyo incondicional hay que tener, pero es mejor saber gestionar esas líneas rojas. Y tienes que saber que tu círculo familiar te quiere, pero cuando te ve sufrir, también lo pasa mal. En mi caso, intento no transmitir a mi familia, especialmente, a mi pareja, que estoy pasándolo mal, porque se acabará preocupando mucho y eso me generará a mi más estrés”.

Hand choosing smiley face from jar of emoticons
Mitch Blunt

¿Cuál es tu propósito?

Para Herrera, creador del MTP, que ha denominado como el propósito transformador masivo, la gestión de las emociones tiene un proceso y ese camino empieza por el propósito.

“El primer paso es saber para qué estás montando tu proyecto y dónde quieres llegar. Hay que tener clara la diferencia entre la visión, que es lo que queremos ser como empresa, y el propósito, que es el para qué queremos serlo. Por ejemplo, la visión de Google hace unos años podría definirse como Ser el buscador de referencia, mientras que el propósito sería Organizar la información mundial”.

El segundo paso es la propia gestión emocional, es decir, “como sabes que vas vivir en una montaña rusa de sensaciones, debes aprender a gestionar emocionalmente lo que conlleva todo eso. Y el tercer paso es la estrategia y la práctica, es decir, la implantación. En mi caso, me he formado con los mejores expertos, porque lo considero condición sine qua non para poder emprender: con Simon Sinek, para identificar el qué; con Tony Robbins, para la parte emocional; he tenido de coach a Santiago Álvarez de Moon; he aprendido temas de mindfulness; practico el yoga todas las semanas; llevo una rutina diaria muy controlada…”.

Diego Martos, director de Talento Juntos, recomienda contar con un mentor y/o un coach como herramienta para gestionar las emociones. “Cuando hay esa cantidad de emociones tan disparadas hace falta alguien que ponga un poco de mesura, de experiencia, de contenido, etc. para que le de peso al proyecto. Es importante tener una conversación real de crecimiento con un coach, con un amigo, con un compañero de trabajo, con un socio, en definitiva, con una persona de confianza, en la que reconozcas cuáles son tus miedos, qué es lo que te pasa, cuáles son tus debilidades, cuáles son tus objetivos, tus ilusiones… Esa conversación ayuda a generar un espacio de equilibrio. Si uno va con muchos miedos o con poca confianza o excesivamente narcisista o vanidoso ya sabemos cómo acabará el proyecto. Si ya de por sí es complicado emprender, imagina cómo será hacerlo sin conocerse a uno mismo, a tu equipo, a tus clientes, al mercado… Es importante conocerse a uno mismo para conocer tus fortalezas y debilidades. Cuando uno conoce cuáles son sus miedos y sus carencias, aunque no se los llegue a quitar totalmente de encima, sí puede llegar a minimizar los riesgos”.

Esto no va de pasión

Según Herrera, el propósito tiene que ser tu ‘para qué’, pero tu ‘para qué’ más profundo. “El propósito es la historia que habita en tu interior y que necesita ser contada. Todos tenemos una historia en nuestro interior que necesita ser contada, y que es distinta de la historia que nos contamos a nosotros mismos. Muchas veces, nos decimos cosas como no puedo, no merezco, no soy suficientemente bueno… La vida está diseñada para que la vivamos con propósito. No hay que confundirla con la pasión, que es una palabra horrible, que procede del latín passio y significa sufrimiento. Y esto no va de sufrir sino de disfrutar”.

¿Y cómo sabes si vas a disfrutar de y con tu propósito? “Simplemente –dice este experto–, si te despiertas motivado. Tu propósito debe provocar en ti que los lunes te despiertes motivado. Es como encontrar una fuente de energía, que te da foco, claridad, que te ayuda a tomar decisiones; es como tu estrella polar. Por eso, el propósito no deja de ser la estrella polar que guía tu vida, tus negocios… todo”.

Herrera asegura que, por un lado, está tu propósito personal, “que en mi caso es ayudar a otras personas a contar sus historias. Y luego cada proyecto tiene su propósito concreto que tiene que estar alineado con el tuyo. Por ejemplo, el propósito de Bubook era ayudar a publicar y estaba alineado con mi propósito personal que es contar historias, en ese caso, a través de los libros. Cuando no hay una alineación entre ambos propósitos es cuando surgen tensiones, crisis… Por ejemplo, hay gente que solo está motivada por el sueldo y no por lo que hace y es cuando dice cosas como quiero un cambio en mi carrera, me siento estresado, quiero dejarlo…”.

Cuando te marcas tu propósito, la gestión emocional es mucho más sencilla, “porque sabes que cualquier situación va a pasar, es temporal, y que tienes un propósito marcado y es hacia dónde tienes que ir. Y eso está por encima de cualquier situación temporal. La gestión emocional te lleva a lo concreto, es decir, a un momento de ira, de rabia, de frustración… Si consigues abstraerlo y observarlo desde arriba, te ayudará a seguir la dirección de tu propósito”, afirma Herrera.

Getty Images

La gestión de personas

No hay que olvidar que en todo este proceso, eso de emprender está íntimamente relacionado con la gestión de personas: socios, empleados, clientes, competidores, proveedores…

Para Herrera, la herramienta más poderosa para transmitir y contar historias es el storytelling. “La gente se suele acercar a una empresa por la historia que cuenta esa compañía, por el impacto y la huella que quiere dejar en el mundo. Con Bubook queríamos transformar el sector editorial y ayudar a cualquier persona a hacer realidad su sueño de publicar libros. Esa historia es la que se ha ido transmitiendo. La forma de transmitir ese propósito es la base, el pilar de la cultura, que debe estar construida sobre el propósito. Y la forma de que eso vaya impregnando la organización es crear un storytelling. Esa historia debe estar muy interiorizada en la parte directiva para que se vaya transmitiendo de unos a otros”.

Cañamero recuerda que, cuando se trabaja en equipo, se debe tener la habilidad de la visión sistémica del equipo. “Si lo que prima es la visión de cada una de las personas, es decir, los objetivos personales, entonces ese equipo no funciona. Un equipo es fuerte cuando cada miembro es fuerte, es decir, confía en sí mismo, y las relaciones entre los miembros son también fuertes. Y para eso siempre tiene que primar la filosofía de ganar-ganar. Y para eso, hay que ser muy generoso, en el sentido de tu triunfo es mi triunfo, porque lo que se busca es el triunfo del equipo como único objetivo. Los objetivos individuales tienen que estar puestos siempre al servicio del equipo. Del mismo modo, tienen que haber unas reglas consensuadas por todos que marquen la ruta a seguir”.

Sánchez, por su parte, confiesa que en The Holistic Concept han apostado por ser una empresa afectiva “y eso se traduce en tener en cuenta que el trabajador no es un empleado sin más, sino que es una persona que tiene unos sentimientos, unas metas, un talento, días buenos y días malos… Por eso, es muy importante construir un ecosistema donde cada persona tenga voz propia. Mi socia y yo creemos mucho en empoderar a los demás, porque si eres conscientes que se te da responsabilidad y que tu criterio se tiene en cuenta estarás mucho más motivado, mucho más implicado con el proyecto y también serás más creativo. Es mejor cinco cabezas pensando que dos. En nuestro caso, incluso, animamos a nuestra becaria a que participe en las reuniones para que aporte sus ideas, pedimos feedback, animamos a que sea muy participativa”.

Recursos de gestión

Pero, ¿cómo gestionar las emociones? Cañamero recomienda seguir estos tres pasos.

“El primero es darte cuenta que estás sintiendo esa emoción. Está demostrado que el simple hecho de pararse y etiquetarla (en este momento estoy sintiendo miedo, ira…) ya ayuda a bajar la intensidad de la emoción, con lo que desde esa perspectiva ya puedes afrontar mejor el reto”.

El segundo paso es utilizar una estrategia para frenar esa emoción negativa. “Y una estrategia puede ser llevar tu mente a otro sitio diferente al problema al que no paras de darle vueltas. A este recurso se le denomina parche emocional, porque te hace aplacar la emoción que estás sintiendo en un momento determinado al pensar en otra cosa, al llevar tu atención a otro sitio”.

Y el tercer paso es que, poco a poco, “entrenes tu cerebro para que, ante el mismo estímulo, la emoción que sientas tenga menor intensidad”.

Mindfulness y Kaizen

La herramienta más poderosa para la gestión emocional –en opinión de Herrera– es el mindfulness. “Es el poder observar la emoción desde fuera. Y esa capacidad es entrenable por todo el mundo. Consiste en conseguir disasociarte de la emoción, en el sentido de yo no soy la emoción. Cuando observas las emociones desde fuera y te das cuenta que no eres ‘tus emociones’ es cuando las puedes gestionar. En ese sentido, no hay que dejar que se desborde el río cuando la cosa va muy bien o que se hunda el barco cuando todo va muy mal. El estado mindfulness te permite estar muy atento a lo que ocurre a través de la observación”.

Cañamero también recomienda el mindfulness como entrenamiento mental para conseguir estar en el presente. “El estrés que sufrimos, en la mayoría de los casos, nos lo autogeneramos, porque anticipamos hipotéticas consecuencias negativas y también porque nos quedamos anclados en el pasado”.

El objetivo del mindfulness es atraer tu atención al presente, “porque el pasado y el futuro son los que generan el estrés. El sufrimiento que tiene el cuerpo adelantando lo que va a ocurrir es mucho peor que si ocurriera y tuviésemos que afrontarlo. El mindfulness ayuda a ser capaces de parar y darnos cuenta qué es lo que está pasando ahora y, desde ahí, ser capaces de darle la respuesta más adecuada a cada situación. En definitiva, tener la claridad mental necesaria para afrontar los desafíos”, resalta esta experta.

Otra metodología para gestionar las emociones es Kaizen, “que consiste en dar pequeños pasos de manera constante para afrontar grandes desafíos. Cuando somos capaces de parar y darnos cuenta de a lo que nos tenemos que enfrentar, si lo hacemos a través de acciones muy pequeñas que no las percibamos como un reto demasiado ambicioso, podemos conseguir que ese miedo sea positivo, es decir, que te empuja a afrontar un determinado reto pero no te paraliza”, explica Cañamero.

¿Y la ambición?

No olvides que esto de emprender va, entre otras cosas, en ir superando retos, unos más ambiciosos que otros. Y la ambición, ¿qué papel juega en todo esto? “Es necesaria”, resalta Herrera. “La ambición, que significa el deseo intenso y vehemente de conseguir una cosa difícil de lograr, muchas veces, está asociada a poder, y no tiene por qué ser necesariamente así. La ambición sana es cuando lo que tú quieres es lograr algo que beneficie a muchas personas. En mi caso, hablo de propósito transformador masivo, que consiste en transformar el mundo ayudando a miles de personas a identificar su propósito. Y cuando el objetivo es ponerlo al servicio de otros, la ambición puede ayudar a que muchas personas se beneficien. En cambio, si es una ambición egoísta, entonces, esa no es sana”.

Para Polo, es un ingrediente sin el cual un emprendedor, probablemente, tendría menos reprís o menos capacidad de aceleración que uno que sí la tiene. “Un emprendedor debe ser ambicioso por naturaleza. Ahora bien, esa ambición debe ser como el estrés sano, que te permita estar alerta, pero si se convierte en una obsesión, probablemente, acabe cegándote de otros ámbitos. En su justa medida está bien; apretar mucho es perjudicial”.

Sánchez reconoce que siempre ha sido una persona ambiciosa, “porque tiendo a pensar en grande, y mi socia es igual que yo en este punto. Pensamos en grande, porque ya se encargará el contexto de ubicarte. Pero, si no piensas en grande no harás nada en este mundo. Ser ambicioso es querer mejores cosas. Quiero una vida profesional plena y ayudar a otras personas a que también tengan esa vida plena, a cuidarse mejor. Ambición bien colocada es motivación. Y eso es lo que necesita cualquier proyecto para despegar”.

Para Cañamero, la ambición, entendida como esas ganas de superarse uno mismo y de conseguir logros y metas, es sana. “Un objetivo tiene que ser desafiante, es decir, te reta, pero, al mismo tiempo, tiene que ser realista. Esa es la ambición sana. En ese sentido, nuestros objetivos tienen que ser ambiciosos, en el sentido de que te tienen que desafiar a salir de tu zona de confort. En cambio, si el objetivo es demasiado ambicioso, es decir, que es inalcanzable para ti, por el mismo mecanismo que antes, tu cerebro se puede paralizar y deja de ir a por él”.

Como sostiene Martos, el equilibrio está en saber quién eres, cuáles son tus posibilidades, qué grado de ilusión y entusiasmo tienes y qué nivel de creatividad.

Aquí puedes leer cinco experiencias por las que pasan (casi) todos los que ponen en marcha un proyecto.

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