Gestionar las emociones que viven los emprendedores

Cinco experiencias por las que pasan (casi) todos los que ponen en marcha un proyecto

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Lo decíamos ayer… Más allá de gestionar recursos humanos y financieros, de asumir riesgos y tomar decisiones –que ya es harto complejo–, el emprendedor se enfrenta al enorme reto de saber gestionar las emociones, tanto las propias como las del equipo. No olvidemos que emprender es una montaña rusa de emociones: incertidumbre, miedo, inseguridad, enfado, soledad, euforia, impaciencia, frustración, estrés, desmotivación, inmadurez, dejadez…

Un grupo de emprendedores nos cuentan cómo han gestionado diferentes situaciones:

1. La gestión del éxito y del fracaso

Para Ángel María Herrera, fundador de Bubok, Iniciador, Samastah y LeemurApp, hay que tratar a ambos impostores con igual indiferencia. “Los dos son temporales y de ambos debes aprender. En la antigua Roma, cuando un general entraba en la ciudad victorioso por una gran batalla, le acompañaba una persona que le iba diciendo durante todo el trayecto memento mori, que significa ‘recuerda que morirás’. Ni en la gloria debemos pensar que somos tan buenos como creemos ni en el fracaso, tan malos como pensamos”.

Diego Martos, director de Talento Juntos, los valora por igual como experiencia y aprendizaje. “Se necesita del fracaso para llegar al éxito. Es importante no idealizar el éxito. Hay personas a las que les llega el éxito dado y les pesa tanto que les acaba hundiendo”.

Por su parte, Carla Sánchez, cofundadora de The Holistic Concept, confiesa que proviene de la producción audiovisual y del mundo actoral, “donde el éxito se traduce en reconocimiento del público hacia fuera; es algo muy visible y muy superficial. Esa experiencia me ha dado mucha perspectiva a la hora de continuar mi camino profesional. El éxito es tener la capacidad para impactar en las personas de forma positiva y abrirles la puerta hacia otra manera de hacer las cosas. El éxito es ser capaz de transformar el día de la gente, y no hablo de grandes transformaciones, sino de pequeños cambios como conseguir una sonrisa, un gracias, un email de agradecimiento… Para mi, eso es un éxito rotundo”.

¿Y en cuanto al fracaso? “Para mi no existe –asegura Sánchez–. De pequeña me caí en la marmita del buen rollo. Soy muy constructiva por naturaleza. Tiendo a ver los fracasos como oportunidades para parar y observar qué es lo que no está funcionando, reconstruir desde ahí y continuar el camino. Los fracasos me fortalecen. Tuve una empresa anterior a esta, bueno, fue un intento de empresa. No funcionó y todo eso me dio una base impresionante para involucrarme en el proyecto que puse en marcha junto a mi socia. ¿Eso fue un fracaso realmente? No. Fue parte del proceso de crecer, mejorar y crear otra cosa. De hecho, si miras desde la perspectiva del arco vital de cualquier desarrollo profesional todo es positivo porque te va haciendo mejor. Te da más experiencias, más fortalezas, más herramientas”.

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Frank Ramspott

2. La soledad del emprendedor ‘orquesta’

El emprendedor que emprende en solitario, e incluso, el que lo hace en compañía de otros, sufre, en muchas ocasiones, momentos de soledad, que le lleva a plantearse, incluso, ‘por qué me habré metido en esto’. En el caso de Carla Sánchez ha estado, junto a su socia, casi cuatro años haciendo de todo. “Nos ha costado mucho crecer, trabajando mucho. Pero, también hemos hecho enormes esfuerzos por proteger nuestros espacios personales, por dedicarnos tiempo a nosotras mismas, incluso, como equipo, buscando actividades para formar equipo fuera del entorno de trabajo, desde ir a comer, recibir una clase de pilates o ir al cine”.

Sánchez reconoce que, al principio, hay que esforzarse mucho para hacer muchas cosas, “pero también debes ser consciente que todo lleva su propio ritmo. Y eso cuesta verlo cuando estás metido en todo el embrollo. Ahora, pasado el tiempo, lo veo con más claridad. Hay resultados que hemos tenido que habríamos conseguido igualmente si hubiéramos echado menos horas. Hubieran sido igual de eficientes, igual de buenos. Y cosas que no han salido, se han caído porque se tenían que caer y no porque hayamos trabajado menos. No es fácil tener esa visión desde el principio”.

Para Ángel María Herrera, la soledad forma parte de la propia figura del emprendedor, “porque, muchas veces, no puede compartir todo con todos, ni en el ámbito laboral ni en el familiar. La herramienta para combatir este problema son los grupos de iguales, es decir, grupos de emprendedores con problemas similares a los tuyos para compartir experiencias”.

Diego Martos defiende la conciliación. “Hay que tener fuerza de voluntad para desconectar. Los emprendedores necesitan aire limpio. Es importante hacer un hueco en tu vida para otras cosas, porque sino te atascas, te obcecas y llega un momento en el que te obstinas en el error y eso te impide ver más allá. El deporte y el arte ayudan mucho a abrir la mente. También las conversaciones con amigos y familiares”.

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3. Cuando pierdes la confianza de tu socio…

Este es un problema más habitual de lo normal y uno de los motivos, junto a la asfixia financiera, que más cierres de empresas generan. ¿Cómo gestionar la pérdida de confianza de tu socio con el que pusiste en marcha el negocio?

En estos casos hay dos elementos a gestionar, dice Ángel María Herrera. “Uno es la emoción. Debes analizar la gravedad de la situación que se ha generado y, desde la racionalidad, estudia las posibilidades que tienes de actuar, siempre sin dejarte llevar por esa emoción, es decir, sin venganzas ni revanchas. Aplica la racionalidad para gestionar esa situación de la mejor manera para los dos y para la compañía”.

Esa racionalidad debe apoyarse en el diálogo, “buscando el lugar y el momento adecuado. La intención de la conversación pasa por tratar de entender cuáles han sido las motivaciones que ha tenido tu socio para actuar de una determinada manera”, señala Rosa Cañamero, socia fundadora de Execoach.

El objetivo de ese diálogo es poder comprender a tu socio y, a partir de ahí, objetivamente, tomar una decisión. “Dejando siempre de lado el plano personal. No hay que olvidar que detrás de una actuación siempre hay una motivación. Si has perdido la confianza en tu socio, necesitarás saber cuál ha sido su necesidad emocional para actuar contigo de esa manera”. En ese proceso, es importante tratar de entender el porqué.

“Partiendo de la base que con el tiempo has ido construyendo una relación de confianza con tu socio que se ha visto manchada por una traición. Y esa conversación no debes basarla en tu defensa frente al otro, ni en atacarle, sino en intentar comprenderle”, sostiene Cañamero.

Además de la necesidad de contar con un pacto de socios previo, Carla Sánchez recomienda trabajar en el tiempo la confianza. “Tiene que haber una comunicación constante y fluida, incluso, en los desencuentros, todo irá mejor. Y también de generosidad. Ten seguro que habrá desencuentros, pero si quieres que la relación profesional funcione, tendrá que ceder en algunos momentos. Esa amistad personal y profesional hay que cultivarla día a día”.

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4. Tu proyecto no para de crecer y diluyes tu poder con la entrada de nuevos socios

Muchos emprendedores ven cómo, a medida que su proyecto crece, ellos van perdiendo poder en detrimento de nuevos socios e inversores. Es una sensación agridulce, porque, mientras se sienten satisfechos con la evolución de la compañía, en cambio, su dilución les genera tristeza porque ven cómo van perdiendo poder.

Rosa Cañamero recomienda prever ese escenario futuro, “siendo consciente de tomar decisiones para que la empresa vaya por donde uno quiere que vaya y al ritmo de crecimiento que el propio emprendedor marque. Para que al final eso no te pille por sorpresa y te genere tristeza”.

Para Ángel María Herrera ese escenario tiene que ver con la gestión del ego. “Es importante ser consciente de que lo que has creado es más grande que tú. Es como el hijo que crece y llega un momento en el que él sigue su propio camino. Debes ser consciente que has tenido un hijo para que siga su propio camino. Y, en ese sentido, de la misma manera, has montado una empresa para que sea más grande que tú”.

Josep Coll, exfundador de Red Points, era consciente de que acabaría saliendo de la compañía que había montado, “porque cuando la cree sabía que iba a ser grande porque resolvíamos un gran problema mundial, como es el tema de la piratería. Y cuando hay un gran problema, siempre hay un gran negocio. Y del mismo modo también sabía que ese crecimiento exponencial de la compañía llevaría tarde o temprano a que fuera perdiendo papel en el organigrama y tendría que abandonarla”.

En su caso, empezó como CEO en 2011; en 2014, entró una CEO profesional, “una maravilla de la que he aprendido mucho. Con eso, ya sabía lo que vendría después. Cuando los inversores se hicieron con la compañía, en 40 días pasé a ser presidente y en 40 días estaba en mi casa, ya como accionista. Cuando una empresa crece tanto como la nuestra, debes ser consciente que tienes que meter gente mucho mejor que tú a gestionarla. Yo sabía que era bueno en montar cosas de la nada. Me considero un constructor de sueños y cuando el sueño ya está hecho tienes que saber dar un paso a un lado”, confiesa Coll.

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5. Ha llegado el momento de echar el cierre

El proyecto en el que has invertido tiempo, dinero y mucho esfuerzo no va cómo a ti te gustaría y te encuentras en una dura encrucijada: ¿cierras o continúas, pero a un alto precio? No es una decisión fácil.

“Cerrar una empresa es como perder a un ser querido, con la diferencia de que si tu empresa va muy mal, cerrarla es la única solución. Tiene que haber un desapego emocional. Y la mejor solución es buscar a alguien que esté desapegado emocionalmente de la compañía para que te de una visión objetiva de la realidad: no está funcionando por esto y por esto otro, y no tiene sentido seguir…”, recomienda Ángel María Herrera.

Para Carla Sánchez, no es un proceso fácil. “Yo lo he vivido en primera persona y también lo he vivido involucrada en proyectos que no eran míos, pero estaba muy metida en ellos y los sentía como míos. Y ver cómo el barco se hunde, es un proceso casi de duelo. Al respecto, solo cabe la aceptación pura y dura. Cuando las cosas no funcionan, no fluyen, no hay vuelta atrás. Además, esas situaciones no ocurren de la noche a la mañana. Meses antes ya hay signos que nos indica que algo no funciona. Se producen unos sobreesfuerzos que indican esa mala situación. Nosotras tenemos una ‘ley interna’ en la empresa, que, cuando un contrato con un cliente o una iniciativa que ponemos en marcha, nos supone un sobreesfuerzo quiere decir que no vamos por el camino correcto. En esos casos, hay que detenerse, respirar y pensar en ello. Y tienes que soltar lastre. Pero no lo debes ver como un fracaso, sino como parte de tu crecimiento profesional”.

Carlos Polo, emprendedor en serie (NTS, Doocuments, Perpetuall y Salsa Bastarda) y business angels, confiesa que ha pasado por varios cierres, “algunos más traumáticos que otros. Por ejemplo, con Doocuments llegamos al concurso de acreedores y dejamos un impago. Fue muy duro. Y con Perpetuall, en cambio, tuvimos un cierre muy ordenado. Estas experiencias me han enseñado que el cierre es un proceso que ya tiene que estar bien definido desde el principio. Cuando inicio nuevos proyectos, defino bien claro hasta dónde puedo llegar y, si no hay nada que cambie al respecto, cuando sobrepaso esos límites, lo dejo”.

No te pierdas en los próximos días el relato de tres emprendedores que nos contarán cómo han gestionado sus emociones en el día a día en sus respectivas empresas.

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