También tu pyme puede hacer RSC

La RSC no es cosa sólo de las más grandes, las pequeñas y medianas también pueden y deben aplicarla. Ventajas, todas. Inconvenientes, muy pocos.

Los expertos son unánimes: la pyme es socialmente responsable. Y lo es porque, por definición, nos referimos a esa pequeña empresa, industria o comercio apegado a su territorio, que crece con él y que se hace grande con su gente. Es ese patrocinador que paga las camisetas del equipo de fútbol local o que dona ese material imprescindible para el colegio del barrio o la fiesta del pueblo. Es también ese empleador que conoce los problemas de la gente que trabaja con él y que a menudo hace la vista gorda cuando hay alguna cuestión familiar urgente.

En definitiva, la pyme hace RSC. Lo que ocurre es que no lo sabe o más exactamente desconoce que eso que ha hecho se llama Responsabilidad Social Corporativa o Responsabilidad Social Empresarial (RSC o RSE, según se prefiera).

“Yo siempre pongo el ejemplo de una pequeña zapatería de Tarrasa que tiene en la entrada un buzón para que los clientes entreguen sus zapatos viejos para donarlos a una ONG. El dueño lo lleva haciendo toda la vida y, sin embargo, nunca ha oído hablar de la RSC”, señala el experto Francisco Mesonero.

Como resume el consultor José Joya, “la gran mayoría de las empresas son éticas, pero muchas lo hacen de forma puntual, pocas lo comunican y casi ninguna lo sistematiza integrándolo en un plan de acción que puede plantearse como una estrategia sostenible en el tiempo”.

La RSC ha de ser una filosofía que imbuya toda la organización, desde el propietario hasta el último empleado y que afecte a todas las fases: desde la gestión de recursos humanos a la relación con los clientes, los productos o servicios y la relación con el entorno.

Como insiste Joya, no se trata de cambiar lo que hacemos, sino la forma y la filosofía de por qué lo hacemos. O en palabras del profesor Joaquín Garralda, “a menudo es más un cambio de esquemas mentales que de invertir dinero”.

Las ventajas de la responsabilidad

A la hora de implantar políticas de RSC como herramientas de gestión empresarial, las empresas deben plantearse algunas ventajas claras:

- Reducción de costes. Está muy vinculada a la eficiencia energética. Si te decides a analizar tu factura, verás dónde se produce el mayor gasto y puedes aplicar algunas buenas prácticas que pueden reducir notablemente tu coste energético o cuanto menos mejorar tu política ambiental: instala fuentes en las oficinas para evitar el uso de botellas de plástico; la doble descarga en las cisternas; cambiar las bombillas incandescentes por otras de bajo consumo; implantar política de apagado de luces; recicla toners y demás consumibles; sustituye todo el papel que puedas por soportes online; cuando debas renovar alguna maquinaria, escoge aquella que lleve el sello de eficiencia; para empresas que tienen flotas, analiza la opción de utilizar vehículos eléctricos o híbridos.

- Captación y retención del talento. Los diferentes índices y estudios sobre flexibilidad y conciliación revelan que las políticas socialmente responsables incrementan la productividad un 12%, una plantilla satisfecha aumenta su motivación en un 60%, reduce el absentismo laboral hasta en un 6% y prácticamente elimina la rotación laboral.

- Competitividad. La Ley de Economía Sostenible ha dado un espaldarazo a estas políticas, al exigir que las empresas públicas fijen criterios de RSC para sus proveedores. Además, cada vez hay más empresas privadas que avanzan en esa misma línea y las pymes deben incorporar esas prácticas para situarse en posición ventajosa frente a sus competidores.

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