¿Más ajustes? ¡No, gracias!

Ahora son los propios líderes europeos los que empiezan a aconsejar que se reduzca la dosis.


Se habla cada vez más estos días de lo que hace poco era un anatema: el alargamiento de los plazos y la puesta en marcha de políticas de crecimiento. El propio presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, defendía a principios de año la necesidad de buscar un “equilibrio” entre la austeridad y el crecimiento para “superar definitivamente la crisis en la Eurozona”.

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Lo mismo, y por las mismas fechas, apuntaba otro de los considerados ortodoxos, el presidente del Eurogrupo, Jean-Claude Juncker, quien exigía “políticas para generar empleo”, especialmente en “los países del sur, duramente castigados por el paro”. Ante la aparición de esta línea revisionista, ni siquiera resultó extraño que otro comisario europeo, el de Mercado Interior y Servicios Financieros, Michel Barnier, diera nada menos que la bienvenida a la decisión del Comité de Basilea de relajar un poco los duros requisitos de liquidez a la banca y retrasar su entrada en vigor.

“Hay que buscar un equilibrio entre la austeridad y el crecimiento”. José M. Durao

El ambiente cambió tanto que hasta el propio Oli Rhen, el hombre que nunca sonríe, parece otro. A principios de enero mostraba su disposición a dar más tiempo a España para cumplir con los objetivos del 3% de déficit. Sería la segunda prórroga. Después de una primera, del 2013 al 2014, la segunda sería hasta el 2016, con lo que a nuestro país le bastaría con reducir menos de un punto de PIB al año. “Esto, después de haber reducido dos puntos y medio en el 2012, sería como volver a ver el sol. Y no tiene porque afectar al resultado final, ya que, una vez confirmado que el compromiso de reducir el déficit es serio, es posible hacerlo de un modo más gradual”, explica Comajuncosa, de ESADE.

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