Concurso de acreedores, claves para superarlo con éxito

A todos nos tiemblan las piernas cuando oímos hablar del concurso de acreedores, aunque no hay que olvidar que su finalidad es la continuidad de la empresa. Te presentamos cuatro ejemplos que demuestran que hay vida más allá del concurso, aunque este proceso implica una redefinición profunda de la actividad.

El año pasado, 8.726 empresas se declararon en concurso de acreedores, según el INE. Desgraciadamente, la mayoría no conseguirá superarlo, quedando abocadas a la liquidación. Y aunque es normal que nos pongamos un poco nerviosos cuando nos enteramos de que un cliente, un proveedor o nosotros mismos nos encontramos en esta tesitura, un pequeño porcentaje de empresas sale adelante y sigue con su actividad, tras mucho negociar con sus acreedores y realizar grandes sacrificios.

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No olvidemos que el fin último de este procedimiento legal es sanear la empresa y acordar con los acreedores la manera de hacer compatible nuestra viabilidad y la devolución de la deuda. O al menos de una parte de ella.

“Aunque el concurso de acreedores se vea con recelo, no deja de ser una vía mercantil que intenta conservar y mantener la actividad de la empresa. Sin embargo, muchas veces se confunde con la quiebra o la liquidación”, declara Juan Francisco García, presidente del club de baloncesto Estudiantes.

Tampoco es aconsejable pasar por todo ese proceso, “si se sabe que la empresa no es viable. En esos casos, lo mejor para todos es ir a liquidación”, indica García.
Hay que tener en cuenta que la viabilidad de una empresa no consiste sólo en que sea capaz de seguir operando y cubrir sus gastos, sino que también debe poder satisfacer la deuda acumulada con sus acreedores. “Hay un pasivo que devolver. Muchas veces se confunde el concurso de acreedores con ‘poner el taxímetro a cero’. Hay que demostrar que se está capacitado para hacer frente a esta deuda”, remarca.
Camino al purgatorio...
Si asemejamos la liquidación de una empresa con su descenso a los infiernos, el concurso de acreedores es el purgatorio donde expiar las culpas y sanear la compañía. En ese camino, hemos cometido algunos pecados por acción (mala gestión, descontrol de los gas.
Implicar a la plantilla
El concurso de acreedores suele ir aparejado a duros ajustes del número de trabajadores. Como es lógico, el proceso genera mucho nerviosismo en la plantilla e incluso cierta hostilidad, por lo que es indispensable cuidar con especial mimo la relación con los empleados.

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“Conservar la paz social es una cuestión fundamental para garantizar la continuidad y la viabilidad de una compañía que va a afrontar un proceso concursal. La plantilla es uno de los activos esenciales de cualquier empresa y el mantenimiento de los niveles de productividad resultará esencial para garantizar la actividad, así como para mantener unos niveles mínimos de generación de caja que permita hacer frente a los pagos que se vayan devengando desde la declaración judicial de concurso de acreedores”, señala José María Marrero. De este modo, el responsable de KPMG Concursal advierte que es recomendable que la dirección lleve a cabo una política de transparencia e información regular y continuada con los representantes de los trabajadores, “de modo que conozcan de primera mano cuáles serán las medidas que se van a adoptar y cuáles son los objetivos pretendidos durante la situación de crisis. De esta manera se ayudará a fomentar un entorno de mayor tranquilidad entre el personal”.

Ante todo, no podemos exponernos al riesgo de una huelga laboral que pare nuestra producción, ya que podría ser la puntilla que pondría fin a la posibilidad de continuidad empresarial. Por eso, a pesar de los recortes, debemos intentar mantener un buen clima en la compañía y asegurarnos de estar al corriente en el pago de nóminas.

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