Fórmulas prácticas para conocer tus necesidades de financiación

Cualquier inversor dispuesto a aportar financiación para tu empresa cuantificará el volumen necesario analizando el valor de tu negocio. Y lo hará así.

Estas son dos de las técnicas más utilizadas por los inversores para hacerlo:

1. Descuento de flujos de caja

Para valorar una startup, Antonio Manzanera, socio de Savior Venture Capital (saviorvc.com) y autor del libro ‘Finanzas para emprendedores’, destaca el descuento de flujos de caja. “Este sistema se basa en la idea de que el valor de un negocio es igual a la caja que es capaz de generar. Así se consigue una proyección de los flujos que se obtendrán a lo largo de un horizonte temporal determinado y un valor terminal en adelante. Esos valores se descuentan con una tasa que refleje el riesgo asociado a tales flujos”. Según este experto, las necesidades financieras se obtienen calculando los flujos de caja y el estado de tesorería de la empresa y comprobando a cuánto asciende el agujero que las operaciones de la empresa van a causar a la caja de la sociedad. Ese agujero es lo que tendrá que taparse con la financiación del inversor.

Manzanera sostiene –como detalla en su libro- que el análisis del flujo de caja tiene tres partes. “Uno es el flujo de caja de las operaciones, en el que se deben incluir las provisiones (los fondos de reserva ante eventuales pérdidas o gastos previstos), las amortizaciones (la reserva de fondos para reponer los activos que se están empleando durante la vida de la empresa) y los cambios en el fondo de maniobra, para saber en qué medida la empresa consigue financiación de acreedores o está financiando a deudores o su propio inventario”. Esta métrica es clave, “porque indica la capacidad de generar caja que tienen las actividades ordinarias del negocio, es decir, si las operaciones corrientes de la empresa (vender y soportar los gastos necesarios para vender) crean o destruyen dinero”.

Dos, el flujo de caja de las inversiones, “donde se deben tener en cuenta las inversiones realizadas que hayan comportado una entrada o salida de efectivo: adquisición o venta de inmovilizado material, adquisición o venta de inmovilizado inmaterial y otras partidas capitalizables. Generalmente, la empresa que se encuentra en situación inversora presenta un flujo de caja de las inversiones fuertemente negativo, en el sentido de que está destinando fondos al pago de proveedores de inmovilizado”. Y tres, el flujo de caja de las actividades financieras, “que son la deuda, los efectos comerciales descontados, el capital social y los dividendos”.

Según Manzanera, “la suma de los flujos de caja de las operaciones, inversiones y financiación nos arroja el flujo de caja total del año. Esta métrica nos indica si la sociedad ha creado o destruido dinero durante el ejercicio en cuestión”.

Ahora falta calcular cuánto dinero vamos a necesitar. “Para determinarlo, falta construir el estado de tesorería. Partiendo de la caja al inicio del ejercicio y sumando los flujos de operaciones, inversiones y financiación se obtiene la caja al final del ejercicio, que es la que se llevaría al balance de situación. Realizando unas proyecciones financieras a cinco años, por ejemplo, y dejando en blanco el flujo de caja de la financiación, podríamos calcular cuál es la caja al final del ejercicio durante el horizonte temporal considerado sin aportaciones extras de capital. Una startup inversora presentaría un saldo final de caja negativo, y tomando el importe menor de todos estos saldos durante los años proyectados, obtendríamos una estimación bastante aproximada de la necesidad de financiación que tiene la empresa para poder realizar su plan de negocio. Al conocer el saldo negativo año a año sabemos cuándo es preciso realizar las aportaciones de fondos necesarias. A estas aportaciones parciales se las denomina rondas”.

Para ilustrar estas reflexiones, Manzanera pone un ejemplo: “En los próximos tres años, el saldo final de caja de una empresa es de -100.000 euros, para el año 1; -500.000, año 2, y -200.000, año 3. Si, a principios del año 1, aportamos esos 500.000 euros, los saldos de todos los años dejarían de ser negativos. Pero si hiciésemos eso, estaríamos haciendo un uso poco eficiente de nuestros recursos financieros, puesto que al final del año 1 tendríamos en caja 400.000 euros excedentes (500.000 aportados menos 100.000 necesarios). Estos fondos no aportan ningún tipo de rentabilidad. Sería mucho más sensato poner el dinero que verdaderamente hace falta (100.000 euros más una cantidad razonable en efectivo en la caja en la primera ronda) y aportar al negocio en una segunda ronda los otros 400.000 euros en el año dos, que es cuando la empresa hará uso de ellos”.

2. El árbol de decisión

“Es muy distinto valorar una empresa con una gran trayectoria, buenos balances y cuenta de pérdidas y ganancias, y que además opera en mercados maduros y conocidos, que otra con un modelo de negocio difícil de comparar, donde las normas de juego del mercado no están aún claras, son globales y construidas sobre activos intangibles, difíciles de medir y, por tanto, fuera de balance”, sostiene Javier García, fundador del Instituto CIES (www.institutocies.com) y CEO de Alantis Seed Capital, incubadora de proyectos tecnológicos en fase semilla (www.alantis.es).

En su opinión, cuando se usan técnicas clásicas como el descuento de flujos de caja para aplicarlas a eventos complejos e impredecibles, “queremos traer al momento presente la decisión de invertir o no en una empresa que necesita todavía ‘vivir’ muchos eventos para probar su modelo de negocio. Al usar como parámetros los flujos (ingresos, gastos, inversiones, capacidad de generar caja) a futuro descontados a un momento presente todo parece ciencia ficción. Por eso se le aplican una tasa de riesgo o de rentabilidad exigida realmente alta, de hasta del 80% en startups tecnológicas”.

Este experto recomienda a los emprendedores dibujar un plan que permita diseñar fases que ‘coman’ ese riesgo. “Y la primera fase es 'ya tengo un prototipo'. Una startup, con un prototipo y que empieza a tener usuarios, tiene un riesgo del 80% de fracaso. Pero con un power point sin nada más, el riesgo es mucho mayor. A medida que la empresa empieza a funcionar, el riesgo va disminuyendo. La estrategia financiera de ‘o me das 200.000 euros o nada’, no funciona. Hay que ir simulando cómo se comportará la empresa en diferentes fases, explicando qué vas haciendo en cada fase y cuánto dinero necesitarás para superarlas”. Y esa estrategia es la que siguen muchos inversores: ‘Si llegas a aquí te meto tanto y si llegas allí te meto otro tanto’.

García trabaja con los árboles de decisión, “que permiten dibujar nodo a nodo (entre 12 y 14 ramas) el valor estimado de una compañía según se asume una u otra decisión, paso a paso, con un minucioso análisis del modelo de negocio (generación de ingresos, gastos, I+D, deuda, pagos, cobros, productividades, publicidad, marketing…). Es una forma muy eficaz para analizar y visualizar gráficamente en qué momento estimamos que una compañía puede aumentar su valor si adopta ciertas decisiones. A cada camino se le asocia un peso o probabilidad de que ocurra”.

En los business plan ‘clásicos’, sostiene García, “la gente presupone de inicio que, de cero hasta la meta que se ha marcado, tiene un cien por cien de probabilidades de éxito. Corren la excel y al final del objetivo que se han marcado ponen 20 millones de euros en 2017 y se quedan tan tranquilos. Vale más que estreses tu modelo y que le digas al inversor tus planes alternativos de por dónde irás si haces esto o aquello otro. Es muy común que un inversor te pregunte, por ejemplo, que si en 2014 llegas a lo que has previsto ¿cuántos empleados necesitarás tener? o ¿cuánto te tienes que gastar para fidelizar a esos usuarios que has dicho que vas a tener? Por eso no es suficiente que tengas una ‘cojoidea’ sino que debes tener trazado muy bien tu modelo y saber qué va a pasar, qué necesidades financieras vas a tener si pasa esto o lo otro. Hay que profesionalizar la captación de dinero. Porque como dicen muchos inversores serios: ‘Hay dinero, pero no proyectos consistentes’. Muchos emprendedores no son capaces de convertir esas ideas en buenos proyectos porque falta profesionalidad a la hora de buscar dinero”.

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