Cambios fundamentales que ya se vislumbran

Hemos intentado anticipar cómo será el mundo cuando Emprendedores cumpla otros 200 números a partir de innovaciones ya existentes como el Internet de las cosas, la ropa tecnológica, la fabricación 3D... pero seguro que habrá otras que ahora ni imaginamos.

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Todo estará conectado a internet: coches, envases, las redes de gestión de las ciudades... y materiales más flexibles y maleables como el grafeno permitirán diseñar tecnología flexible.

Cuando lanzamos la revista en octubre de 1997, Internet era una red limitada a centros de investigación. En tres lustros, se ha hecho omnipresente y ha revolucionado la forma en la que nos relacionamos, trabajamos y hacemos negocios. Tanto es así que los más alarmistas, como el filósofo estadounidense Dan Dennett, vaticinan que “Internet se vendrá abajo y cuando lo haga viviremos oleadas de pánico mundial”. Es una forma de llamar la atención sobre la excesiva dependencia de la Red de todo el mundo desarrollado pero todo indica que en el futuro iremos a más. Y que hay tecnología para soportarlo. “Se están intentando ya los exabytes, es decir, velocidades de cómputo de 10 elevado a 18, un trillón de operaciones por segundo. Con lo cual, muchas cosas que hoy son imposibles dejarán de serlo”, asegura Aníbal R. Figueiras, catedrático de Telecomunicaciones y miembros de la Real Academia de Ingeniería.

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El soporte de toda esta cantidad de datos es clave para que todo lo demás que nos anticipa el futuro tenga sentido: desde la medicina, el ocio, la gestión de las ciudades, la seguridad, los negocios...

Una sociedad conectada

Viviremos en un mundo más conectado, todo lo estará, hasta las etiquetas de papel de los objetos, pero la información será más opaca y tendremos que pagar por ella: habrá brokers de datos.

Disciplinas como la ciencia e ingeniería de datos va a transformar por completo nuestro estilo de vida. “Hablar de lo que serán los datos de aquí a 15 años es una profecía. Pero sí podemos decir que en el futuro vamos a utilizar los datos para el 80% de las actividades que uno puede desarrollar, tanto desde el punto de vista profesional como de ocio. Todas las ofertas de entretenimiento que recibamos serán absolutamente personalizadas. También la comunicación publicitaria y no hace falta que sea por reconocimiento del iris, como vemos en las películas, se puede hacer por la forma de andar, por tu estructura antropomórfica y cosas por el estilo”, explica Aníbal R. Figueiras, especialista en Inteligencia Artificial.

Guerra de datos. La revolución de los datos no es sólo una cuestión de capacidad y velocidad de transmisión, sino que puede afectar a la forma en que los utilizamos. “Puede haber guerras de datos y todas las cuestiones de privacidad, seguridad, confianza, reserva, etc. van a tener que considerarse mucho. Además, se pagará por la información. Si yo quiero saber una ruta alternativa para evitar un atasco en una calle, no tiene sentido que todos los que estamos en ese mismo atasco accedamos a la misma información. Porque vamos a irnos a la ruta que nos indiquen, y a entrar en otro atasco. Este tipo de información útil se subastará, habrá brokers de información y accederá a ella quien pague más por ella”, asegura Figueiras.

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Ciudades y objetos conectados. Las tecnologías de la información permitirán desarrollar el concepto de ciudades inteligentes en las que la gestión del tráfico, de recogida de residuos, iluminación, etc. serán mucho más eficientes. El desarrollo de smart cities va de la mano con el Internet de las cosas: máquinas que se comunican entre sí. “El Internet de las cosas tiene sentido en el momento en que las cosas estén pensando algo, sirven para algo. Una transmisión cruda de información de qué tengo en la nevera o qué no tengo no es importante. El interés está en crear un sistema que haga que la realidad funcione sin necesidad de que el humano esté continuamente poniendo el ojillo”, comenta Aníbal Figueiras. Pero el concepto de ciudad inteligente implica también una mayor participación de los ciudadanos en los asuntos públicos; el desarrollo del concepto de inteligencia colectiva.

Integración entre el hombre y las máquinas. “Habrá una integración en la toma de decisiones entre máquinas y humanos. Las máquinas ayudarán en lo que las personas tienen más dificultades (demasiados datos, demasiado rápidos, datos no usuales, etc.) y las personas ayudarán a las máquinas en sus procesos de decisión, en aquello en lo que seamos más eficientes”, añade Aníbal Figueiras.

Nuevos soportes. El desarrollo de nuevos materiales como el grafeno (más flexible y eficiente) y de la electrónica impresa transformará por completo el concepto de soportes digitales. Por ejemplo, habrá envases de papel inteligentes que interactuarán con el producto y con el consumidor, indicando si el alimento está en buenas condiciones o si el envase ya ha sido manipulado de alguna forma.

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