Fuentes diversas en un proyecto muy tecnológico

La forma de arrancar de Bkool es un buen ejemplo de que no hay un único camino para conseguir financiación. Ellos empezaron atrayendo capital riesgo y completaron las necesidades de financiación con un Enisa y un CDTI. Un proyecto muy ambicioso y que necesitaba un millón de euros para arrancar.

¿Cómo convencieron a inversores privados sin que antes nadie hubiese dado apoyo financiero? “Lo primero por el producto: es un software para deporte, para ciclismo, para que personas que están haciendo deporte en casa se conecten a Internet y vayan diseñando rutas, viviendo experiencias casi reales, controlar sus constantes vitales y compartir todo eso además con otras personas que también estén conectadas”, explica Pedro Tabernero, CEO de la firma.

Otra clave fundamental ha sido la implicación de los socios tanto en el proyecto como con la aportación de fondos propios. “Los socios pusimos una parte, otra parte capital riesgo y el resto a través de financiación de Enisa (350.000 euros) y de CDTI (otros 350.000 euros). Y el componente de I+D, claro”, continúa.

Su consejo

“No vayas a ninguna entidad financiera a solicitar el dinero con un proyecto tan innovador porque puedes conseguir líneas públicas, que tienen condiciones mucho más ventajosas comparadas con un banco. Aunque son diferentes. Enisa es un préstamo participativo. Te dan un préstamo y tienes unas condiciones de pago. Sin avales. CDTI te pide que presentes el proyecto y la cantidad a la que quieres optar y luego tienes que justificarlo. Pero primero tienes que hacer tú la inversión”, explica Tabernero.

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