"Aquí se innova más en burocracia que en lo que hay que innovar"

A punto de cumplir un año como director del Parque Científico de Madrid, uno de los más importantes centros de incubación de proyectos basados en el conocimiento, Alejandro Arranz nos habla de los nuevos perfiles de emprendedores científicos.

EMPRENDEDORES: Se dice mucho que no existe transferencia de conocimiento entre la Universidad española y las empresas. ¿Cómo se ve esta realidad desde un centro que impulsa justamente eso?
ALEJANDRO ARRANZ: En buena medida, es un lugar común. Es muy cómodo decirlo, pero cada día es menos real. Una cosa es que el potencial que aún existe sea amplio y otra que no se haga nada. Se hacen muchas cosas. El Parque tiene 125 empresas en fase de incubación, aceleración o consolidación y la mayoría de ellas tienen un potencial científico muy importante. Spinoff universitarias o de centros de investigación que tienen que ver con la Universidad. Con lo cual, sí, hay muchas cosas hechas en transferencia de tecnología aplicada al mercado y generando empleo. Ahora mismo, hay 1200 personas trabajando en estas empresas del Parque Científico y creo que las grandes empresas están más lejos del mundo de la investigación y de la transferencia y de la innovación que muchos universitarios, que cada día tienen más conciencia de esa tercera misión que tiene la universidad de crear empresas basadas en conocimiento.

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EMP: ¿Qué dificultades tienen los emprendedores científicos?
A.A.: Las generales que tiene este país, que cada día innovamos más en burocracia y derecho y no en lo que hay que innovar. Y con las dificultades añadidas de falta de conocimiento en temas de inversión, comercialización y marketing... También que suelen tener una personalidad, digamos, muy ensimismada, encerrada en sus propios proyectos y no en un formato abierto o de compartir.

EMP: O sea, que el tópico se cumple...
A.A.: Sólo en ocasiones. También hay muchos casos de investigadores que sacan proyectos de éxito y que son magníficos gestores o empresarios. Es otro lugar común que todos son un desastre y que el científico no puede ser un buen empresario.

EMP: ¿Cómo les ayuda el Parque en la consecución de sus objetivos empresariales?
A.A.: La parte más singular es de tipo material. Aquí hay infraestructuras técnicas y físicas muy complejas y que no existen normalmente en otros sitios. Laboratorios, infraestructuras de canalización de base técnica, servicios de retirada de residuos... Son infraestructuras que los emprendedores científicos, sobre todo, en el ámbito de ciencias de la vida, necesitan y que tienen unos costes económicos. Además, con unas comodidades tremendas porque alguien que tenga ya la empresa casi creada o en fase de constitución se puede implantar y empezar a trabajar y a comercializar.

Y luego están los servicios de asesoramiento empresarial, de marketing, comunicación, etc. Se trata de facilitar el enlace con el mercado, de acercar el difícil mundo de la investigación al mundo real del mercado y creo que, en ese aspecto, en el marketing hay todo un potencial que descubrir para las empresas científicas.

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EMP: ¿Cuánto tarda en encajar en el mercado un proyecto de investigación?
A.A.: Nosotros les incubamos durante cinco años, que es el tiempo teórico en el que ya deben estar listas para salir al mercado sin nuestras instalaciones.

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