Cómo divorciarte de tu socio

Cuando no se acaba cuajando bien con los socios, lo mejor es romper relaciones, repartiendo beneficios y clientes, pero, ¿cuál es la mejor forma?

Tener un socio es como contraer un matrimonio, ambos os embarcáis en un proyecto con ciertas ilusiones, y sobretodo muchas ganas, pero como en el matrimonio entre dos civiles, las relaciones se enfrían, no se llegan a acuerdos y se acaba tomando la decisión de separarse, pero a diferencia de en la vida sentimental la separación entre socios es algo más complicada burocráticamente.

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Por eso, ahora queremos hacer hincapié en cómo reaccionar cuando esta relación tiene que llegar a su fin. A continuación, presentamos una serie de consejos para llevar este mal trago lo mejor posible.

Clarifica tu objetivo.

Antes de afrontar una separación, debes decidir cuál va a ser tu postura con respecto a la sociedad porque eso determinará tu estrategia de salida. Sé realista y analiza si quieres quedarte con la sociedad o prefieres marcharte.

Acude a un experto externo.

Cada vez se extiende más la figura del mediador mercantil, que realiza la función de intermediar entre las partes y está capacitado para hacer las valoraciones correspondientes. Es la mejor manera de llegar a un acuerdo beneficioso para todos y no es muy caro, tienes tarifas desde los 50 euros/hora y una mediación normal supone unas 20 horas de trabajo. Cuando acudas a él, sé muy sincero.

Y por supuesto, negocia.

Los expertos son unánimes: una salida negociada, aunque no obtengas todo el beneficio esperado, siempre es más ventajosa que acabar en los tribunales. Cualquier proceso que se judicializa se alarga en el tiempo y resulta muy costoso. A título orientativo, en la Comunidad de Madrid una demanda tarda entre un año y año y medio en resolverse, pero lo normal es que la parte perjudicada apele y en este caso se alarga dos años más. Es preferible acudir a algún organismo de arbitraje. Es más caro, pero más rápido: tarda de media un año y su resolución es inapelable.

Otros temas a tener en cuenta.

Te compro o te vendo.

Es muy importante establecer nuestra estrategia de salida. Si decidimos quedarnos, deberemos comprar a nuestro socio sus participaciones. Si no hemos establecido ningún criterio de valoración en los estatutos, se suele aplicar el valor de mercado.

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Este cliente es mío y me lo llevo.

Determinar quién se queda los clientes es una cuestión peliaguda. Normalmente, al comprar las participaciones se supone que te quedas con todo el fondo de comercio y, por tanto, con los clientes. Si el socio no quiere seguir con la actividad, a los clientes hay que explicarles la situación de la forma más franca posible.

Si es el socio que se va el que se quiere quedar con la cartera de clientes, habrá que llegar a un acuerdo económico sobre este aspecto. Lo normal es valorar esa cartera de negocio al precio del beneficio que pueden generar en un año.

Y qué ocurre con las deudas.

Si se han firmado préstamos a nombre de la sociedad, hay que tenerlos en cuenta a la hora de la partición. Cuando hay deudas, el valor de las acciones puede verse muy menguado. Otro problema que puede haber con las deudas es que, además de estar garantizas por la sociedad, estén avaladas personalmente por bienes de los socios. En este caso, la sociedad debe subrogarse a la garantía personal del socio que se va, lo que evidentemente generará un perjuicio económico para el que se queda.

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