Un relevo generacional sin sobresaltos

Heredar una empresa puede significar seguir con el éxito que llevaba hasta ahora o por el contrario puede llegar a ser un fracaso, por ello os damos cinco pautas fundamentales a tener en cuenta.

Entre los 50 y los 65 años suele ser cuando el fundador de una empresa decide relevar el cargo a sus sucesores, pero heredar una empresa y darla en herencia no suele ser fácil, ya que para el nuevo heredero se abre un proceso de inmersión empresarial que hay que saber gestionar.

Empezar por lo básico

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No es conveniente que el sucesor se convierta en gerente de la empresa de la noche a la mañana, por muy cualificado que esté. Por eso, en el mismo momento en que un familiar joven muestre interés en proseguir la carrera empresarial de sus antecesores, éstos tienen que implicarle en la labor empresarial.

El sucesor tendrá que haber trabajado como mínimo 10 años en la compañía para conocerla a fondo, e incluso llegar a trabajar en cada uno de los departamentos para saber con exactitud como funciona.

Ascender poco a poco

Está claro que la visión global del negocio, el control de todos sus aspectos de funcionamiento y la capacidad de esfuerzo e implicación con el proyecto empresarial son aspectos que difícilmente se pueden aprender si uno no ha ido pasando por todos los peldaños de la empresa. A medida que el joven vaya desarrollando trabajos o adquiriendo una formación complementaria, las tareas que se le han de asignar deben ser más complejas y acorde a su capacidad. Su talento personal y su dedicación habrán de verse recompensados con ascensos coherentes.

Presentarle en sociedad

Ser el hijo del dueño implica conocer a mucha gente, mucha más de la que le corresponde a cualquier otro trabajador. Desde el momento en que el empresario prevea que su descendiente le sucederá, es conveniente que éste le acompañe en visitas y reuniones para presentarle ante proveedores, clientes o trabajadores de otras sucursales de la empresa. Esta se trata de una parte más (e importante) de la labor de todo gestor, que el heredero debe conocer. Resultará también conveniente que, poco a poco, sea él quien explique o exponga asuntos relacionados con las actividades de su puesto.

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Formarle para gestionar

El sucesor debe estar formado para dirigir eficientemente. Si bien su padre seguramente se emprendiera en la aventura empresarial sin una educación específica en la materia, los tiempos han cambiado y hoy cuanto más conocimientos tenga el hereder mejor. Porque si el trabajo diario ayuda a conocer el funcionamiento real del negocio, el aprendizaje académico favorece su perfeccionamiento: tener conocimientos en administración de empresas, dominar idiomas para expandir el negocio, conocer materias relacionadas con el trato humano o adquirir saberes específicos del área de actividad de la empresa

Es imprescindible que se forme en saberes específicos y que también realice prácticas, ya no sólo en la empresa familiar, sino también en otras compañías, donde pueda adquirir una visión menos emocional del trabajo y de la evolución del sector.

Fomentar su capacidad de liderazgo y responsabilidad

Para esta tarea existen cursos específicos sobre liderazgo,en ellos no sólo enseñan directrices para dirigir con eficacia y determinación una empresa, sino también capacidades para relacionarse con clientes, habilidades para tratar con los empleados y el fomento de la autoestima.

Los cursos no son el único instrumento para fomentar el liderazgo. En ocasiones, la cogestión con el fundador ayuda a curtirse para liderar una empresa, siempre y cuando se tenga capacidad.

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