Cómo aprovechar un clúster para hacer crecer tu pyme

Información, colaboración sectorial, visibilidad internacional y formación son algunas de las ventajas destacadas por los empresarios que han apostado por una política  de clúster. Te explicamos cómo sacar partido a las asociaciones más dinámicas.

Cada vez estoy más convencida de que el uno más uno que nos enseñaban de pequeños era un error. Uno más uno son tres, cinco e incluso mucho más”. El comentario de Pilar Rodríguez, consejera delegada de Skylife Engineering, una empresa emergente sevillana del sector aeroespacial, ilustra el principal valor del clúster: “Es mucho más inteligente crecer a base de alianzas que solo. Esto se consigue en el seno de un ecosistema de confianza, un sector con capacidad para ordenarse, establecer prioridades y líneas de actuación”.

Para Antonio Novo, presidente de la Federación Nacional de Agrupaciones Empresariales Innovadoras y Clústeres, nacida en 2009, un clúster es un instrumento de colaboración “orientado en buena medida al desarrollo de la pyme, ofreciendo una visión global de hacia dónde va el negocio en el que conviven diferentes empresas ubicadas en una misma región”.

Lo básico es entender la importancia que para una pyme puede tener la colaboración con uno de estos conglomerados, que, nacidos en los años 90, han ido ganando relevancia por aunar la industria de un sector potente en una región concreta con las diferentes Administraciones Públicas y los centros de formación e innovación, al menos en su estructura más típica denominada de triple hélice. Dos de los arquetipos, para ubicarnos, son Hollywood y Silicon Valley: en ambos casos, la suma de fuerzas de los sectores del cine-contenidos o las TIC han aupado a estas dos regiones californianas como referentes mundiales. Hay muchos ejemplos de pymes que se benefician de los clústeres. Aquí tienes tres buenos ejemplos.

Movimiento heterogéneo

Del mismo modo, la potente industria que convierte a Andalucía en la tercera región aeroespacial de Europa aúna esfuerzos a través del clúster Hélice, o la pujante industria de la biociencia y ciencias de la salud catalana hace lo propio con el audaz Biocat. Dos de los muchos clústeres que funcionan en España, aunque no hay una cifra oficial se habla de cientos de ejemplos. Una buena herramienta para conocer la oferta es dirigirse al portal Ipyme del Ministerio de Industria, Energía y Turismo, donde bajo el epígrafe de Agrupaciones Empresariales Innovadoras se puede consultar un registro con un buen número de iniciativas, si bien no están todas.

Hay que tener en cuenta que el de los clústeres es un movimiento aún incipiente y heterogéneo en España. Destacan ejemplos como el de Gaia, el clúster vasco de tecnologías electrónicas y de la comunicación, con un recorrido muy significativo desde 1983, pero otras iniciativas están en plena gestación, en algunos casos con renovados enfoques. Es el caso de Ecommerce & Tech Barc entre empresas que luego van a competir en el mercado, pero “para generar esas dinámicas de cooperación”, explica Tomás Iriondo director general de Gaia, “hay que creer. Nosotros sólo necesitamos gente colaborativa que esté convencida de que en la medida que da, recibe. De otro modo, no tiene ningún sentido planteárselo”.

Abiertos a cualquier empresa

Las barreras de entrada en los clústeres son casi inexistentes, basta con operar en la región y sector en los que trabajan, incluso en algunos casos no es necesario realizar una aportación económica para empezar a formar parte de su base de datos y participar en sus reuniones.

Más habitual es que se cobre una cuota de muy diferente cuantía, pero que en el caso de la pyme es raro que ascienda a más de 1.000 euros al año. También es habitual que se ofrezca un pago simbólico de pocos euros para las startups. En el caso de la gran empresa, en muchos casos las verdaderas locomotoras del conglomerado, la aportación anual puede ser superior. Aunque es difícil hablar de una cuantía, sirva como ejemplo los 3.000 euros que Gaia pide a estas empresas interesadas en establecer contacto con su base natural de proveedores. Recuerda que precisamente esta conexión privilegiada con las empresas tractoras de tu sector puede justificar por sí sola la implicación en un clúster.


El funcionamiento interno de cada clúster es muy variado. Algunas empresas limitan su participación al mero ingreso en su directorio de empresas sectorial, pero esperar a que alguien te llame no es la mejor manera de acceder al potencial que ofrecen. Como poco es necesario participar en las reuniones que periódicamente se convocan, tres o cuatro al año, pero es habitual que se convoquen otras más informales como desayunos o almuerzos de trabajo en los que, por ejemplo, se recibe a otras empresas o simplemente se habla de la actualidad del sector.

También se trabaja a través de comisiones para abordar proyectos en base a diferentes objetivos como mapas de necesidades o desarrollos concretos de tecnologías o servicios asentados siempre sobre principios de innovación, es ahí donde tu empresa tiene que dar el do de pecho para ser capaz de aportar valor a la iniciativa, por lo que es necesario ofrecer disponibilidad de trabajo y recursos: dar para luego recibir, esa es la consigna.

Otro de los puntos más interesantes es su actividad exterior. Un buen clúster teje una red de contactos internacionales o bien con otras organizaciones similares o a través de su presencia institucional en ferias de prestigio. En algunos casos estas misiones comerciales cuentan con alguna subvención a través de fondos del ICEX o sus homólogos regionales pero, aunque menores que los que implica una participación individual, aquí también hay que habilitar fondos.

Otro eje de actividad reseñable es la formación e innovación. De la colaboración entre las empresas con las universidades y los centros de innovación nacen nuevas soluciones y tecnologías que pasan a dar valor a todos los agentes implicados. Algunas como Biocat cuentan con programas de formación para emprendedores de los que, por ejemplo, nace la empresa usMIMA, un prometedor proyecto que combate el estreñimiento crónico y que es protagonista de este reportaje.

Gana visibilidad y financiación

Y no sólo eso. “El clúster es una herramienta con la que las pequeñas empresas ganan visibilidad”, resume Carlos Lurigados, responsable de Emprendimiento y Crecimiento Empresarial de Biocat: “En nuestro caso, permitimos entrar en la cadena de valor del sector de la biotecnología. Nuestras empresas se ubican en el mapa del sector, y eso es básico para empezar a hacer cosas, incluso para la búsqueda de financiación, cuando vienen pequeñas empresas les ponemos en contacto con estos agentes, ya sean público o privados, porque sabemos quién les puede ayudar”.

Lo cierto es que cada vez más clústeres tienen presente las necesidades de financiación de sus socios. Un tema que no se aborda de forma directa, ya que no suelen entender esta labor como una de sus misiones prioritarias, su principal objetivo es dinamizar el sector para el que trabajan, pero es ese mismo conocimiento el que le pone en contacto con fondos de capital riesgo y otros operadores como business angels o family office, de este modo las empresas que ponen a funcionar el networking al que el clúster les da acceso pueden establecer contactos que por otras vías serían más complejos y lentos.

Los clústeres están ahí como herramienta de crecimiento integral para la pyme, siempre que se asuman como propios sus principios . Algunas empresas consideran peligroso compartir información sensible con la competencia, pero si bien eso tampoco es estrictamente necesario, hay que entender que el clúster asimila principios de economía colaborativa, innovación abierta y transparencia, que en este arranque de siglo están poniendo patas arriba muchos de los principios empresariales más asentados.

Cada empresa debe valorar si está dispuesta a participar o no de estos valores, pero como explica Arturo de Vicente, director gerente de Hélice: “A nivel individual una empresa se representa a sí misma, a nivel de clúster se representa a través de todo el ecosistema que le enriquece”.

MÁS INFORMACIÓN:

Tres ejemplos de pymes que se benefician de un clúster

Seis objetivos básicos para un destino común

1. Desarrollar el negocio de sus socios. El conocimiento del sector permite establecer necesidades y prioridades desde las que definir productos o servicios innovadores que, en ocasiones, se desarrollan a través de programas conjuntos en los que participan diferentes empresas.

2.Desarrollo de mercados internacionales. La presencia institucional del clúster en foros internacionales da visibilidad y oportunidad de negocio a las empresas participantes.

3. Innovación. Sin duda, uno de los objetivos básicos a cualquier clúster es promover la cooperación entre sus socios en desarrollos de nuevas tecnologías, productos y servicios, para lo que es crucial la implicación de la universidad y otros centros de innovación.

4. Identificación de necesidades. Se realizan mapas de necesidades tempranas que se presentan, por ejemplo, a las Administraciones para dinamizar los sectores en base a nuevas soluciones de demandas latentes o futuras.

5. Formación. El clúster genera un ecosistema de talento que contagia a todos sus miembros y en las diferentes capas de responsa­bilidad de sus recursos humanos.

6. Atraer inversiones. No todos los clúster trabajan bajo este parámetro, pero es habitual que faciliten información sobre subvenciones para proyectos de innovación y que establezcan lazos de colaboración con organizaciones de inversión públicas y privadas.

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